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Yo, mi mujer y mi mujer muerta: una road movie que no lleva a ninguna parte 
3 min

 

El cine ha sido consciente del potencial que tienen los viajes para cambiarnos, y lo ha aprovechado a lo largo de su historia. La receta resulta incluso más efectiva si el viaje viene precedido de un hecho traumático. Como, en este caso, la muerte de la mujer de uno. Así empieza Yo, mi mujer y mi mujer muerta. Óscar Martínez es un arisco profesor de arquitectura que, tras enterrar y después desenterrar a su mujer después de que su tumba fuese atacada, cruza el charco desde Argentina hasta la malagueña Costa del Sol, donde su mujer pasaba las vacaciones y quería pasar también la eternidad.

Yo, mi mujer y mi mujer muerta es la nueva película de Santi Amodeo, director integrado en el nuevo cine andaluz en el que destaca principalmente el nombre de Alberto Rodríguez (de hecho, dirigieron juntos El factor Pilgrim, el primer largometraje de ambos), Rafael Cobos o Paco R. Baños. Después de ¿Quién mató a Bambi?, Amodeo vuelve a ponerse tras las cámaras en esta historia de redención. La película, una coproducción con Argentina (de ahí la presencia del Óscar Martínez), cuenta también con la colaboración de Cobos en el guion.

Precisamente por eso sorprende que la película haga aguas precisamente desde el guion. El problema no es que sea una historia que ya hayamos visto antes. En el fondo la inmensa mayoría lo son. El problema es que más allá del gran esqueleto argumental -el viaje de redención y descubrimiento- nada parece tener sentido. Empezando por el propio personaje protagonista, al que no se le acaba de ver ninguna evolución interior, continuando por los personajes y situaciones que encuentra, y finalizando, como no podía ser de otra manera, por un final que se percibe tan previsible como poco efectivo e incluso artificial.

Tampoco funciona el salto de géneros de drama a comedia: si lo agradecemos es solamente porque Carlos Areces es gracioso hasta sin quererlo y porque la parte dramática se pasa de lacrimógena. Sorprende que Amodeo y Cobos, que han escrito películas cuando no frescas y personales por lo menos coherentes, hayan creado una historia tan floja.

Partiendo de esa base es normal que la película no funcione prácticamente en ningún momento. Óscar Martínez es un pedazo de actor, pero su personaje no da para más (y aún así ganó el premio al mejor actor en el pasado Festival de Málaga). Carlos Areces e Ingrid García-Jonsson tienen carisma y regalan algún momento gracioso, pero sus personajes tienen una construcción demasiado pobre y acaban siendo simples resortes para que avance la trama. De todos modos, como decíamos antes, su presencia se agradece mucho porque sirve para restar una carga melodramática excesiva. Por si la música lacrimógena no fuera suficientemente cargante, vemos aparecer a la mujer muerta en forma de fantasma. Demasiado.

En conclusión, Óscar Martínez y alguna escena suelta. La sexualizacion de Ingrid García-Jonsson -desnudo gratuito incluido- ejemplifica bastante el no saber qué hacer que arrastra Yo, mi mujer y mi mujer muerta durante todo el metraje. Nuevamente, sorprende el bajo nivel del guion dados los nombres implicados. A veces ocurre, todo el mundo tiene altibajos. La pena es que esta película tenía ingredientes para ser bastante mejor.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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