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Vitoria, 3 de marzo: impugnar bien el relato
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El cine español se ha acercado poco al proceso histórico de la Transición desde la ficción, y todavía menos de una forma crítica sobre su propio relato. Aparte de alguna excepción de la época, las distintas recreaciones de los sucesos que marcaron esa época se han centrado en episodios dentro de la narración oficial, como pueden ser los acercamientos al 23-F, la muerte de Franco o una serie de efemérides concretas, reunidas, por ejemplo, en la serie Cuéntame cómo pasó. Por eso, una película dedicada a la matanza de cinco obreros durante la tarde del 3 de marzo de 1976 en Vitoria por parte de la Policía Armada es ya una rareza. Y lo es aún más desde una posición política que consigue transmitir los hechos como la de Vitoria, 3 de marzo.

Con un título que conecta con su referente más directo (7 días de enero), la película dirigida por Víctor Cabaco se centra en un hogar burgués para dirigir desde las experiencias concretas lo que ocurrió durante esos días de huelga en la ciudad vasca. En ese núcleo familiar se despliegan las mejores experiencias vitales de un guion del que el público ya conoce el final. Una joven estudiante seducida por los cantos de libertad para nueva generación, una madre dispuesta a todo por sus seres queridos, un periodista resignado y en la encrucijada por lo que pasa -y hay que contar- y una trabajadora del hogar directamente afectada por la represión. Aunque otras tramas entre personajes desentonan claramente, los vínculos familiares sí que funcionan en su cometido de ir cocinando tensión.

Con esa almendra central íntima que se sostiene, Cabaco puede mantener la línea argumental oficial de los hechos históricos y sociales, que van desde las presiones en la aún dominante estructura franquista hasta la organización obrera. Para hacerlo, se apoya también en imágenes documentales reales bien integradas en la ficción; incluso no se distingue exactamente qué es construido y qué es documento real. Aunque transita a veces por el trazo grueso en los diálogos para resolver rápidamente algunas situaciones, la película consigue llegar a matices interesantes sobre qué estaba pasando «entre bambalinas» antes de llegar a la barbarie final, integrando distintos elementos con dinamismo.

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Además de las importantes diferencias internas en el vértice del poder del régimen y su empresariado, resulta interesante lo que se cuece dentro de un movimiento obrero heterogéneo y muy vivo en aquellos tiempos turbulentos. Símbolo de valor es, por ejemplo, dar protagonismo a la importante organización de las mujeres en las fábricas vitorianas, a menudo silenciada. A esto hay que añadirle el decisivo papel de los medios de comunicación, otro apunte explícito sobre la voluntad directa de la película de impugnar la historia oficial sobre la Transición española. Una vez más, la importancia de cómo se ha contado nuestra historia.

Todo este cóctel es una preparación para llegar al momento culmen final. Cabaco se muestra hábil en coreografiar los hechos de esa fatídica tarde, y combina los movimientos de la cámara y el fuera de campo con un montaje ágil muy intencionado para sentir lo que se vivía desde un lado y el otro de la jornada de huelga. Aquí la conexión emocional está también en lo que se puede oír; las grabaciones reales entre la Policía Armada se suman a la fuerza de una música de la época -muy presente a lo largo de la película- terminan de darle el apoyo dramático y de denuncia necesario a las imágenes para acabar en la reivindicación más elevada sobre la memoria de lo que ocurrió durante aquellos años en España.

Vitoria, 3 de marzo es una película que merecería atención ya solo por lo que cuenta y su nítido posicionamiento ante ello, que conecta con un cine político de mucha tradición en Europa, y que ha escaseado en España. Pero se quedaría en algo más estéril si no consiguiese colocar las diferentes piezas del puzzle de forma solvente a nivel cinematográfico. El oficio de Cabaco al filmar y el empaque general del conjunto la hacen una pieza que tiene derecho a su momento tanto en la cartelera como en la filmoteca histórica española.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

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