Estás leyendo:
«Lo del 3 de marzo es tan grave que quería contribuir a que no se olvidara»
7 min

«Lo del 3 de marzo es tan grave que quería contribuir a que no se olvidara»

Victor-Cabaco-cine-con-ñ

 

El 3 de marzo de 1976 tenía lugar uno de los sucesos más oscuros de la Transición. Eran las cinco y diez de la tarde cuando un grupo de policías irrumpía en la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga de la ciudad alavesa, en donde 4.000 trabajadores se hallaban reunidos en asamblea. Los policías lanzaron gases lacrimógenos al interior del edificio, disparando posteriormente con pelotas de goma y fuego real a quienes salían al exterior. Los sucesos de Vitoria, también conocidos como Matanza del 3 de marzo, se saldaron con cinco muertos. Los hechos nunca fueron investigados.

En Cine con Ñ nos hemos sentado con Victor Cábaco (Santander, 3 de agosto de 1967), director de Vitoria, 3 de marzo, que reconstruye los hechos.

 

Ha trabajado mucho en audiovisual, pero es su primera experiencia en largometraje. ¿Cómo ha afrontado esta experiencia, qué le ha aportado con respecto a sus labores anteriores?

Llevo casi 20 años trabajando en el sector de forma más o menos constante, pero es verdad que este paso al largo lo he disfrutado muchísimo. Es diferente porque tienes mucho tiempo para reflexionar y planificar. Puedes trabajar mucho mejor las cosas. En cambio, con otros proyectos en los que he trabajado, especialmente en la publicidad, es todo muchísimo más inmediato.

Aunque esta película se rodó en 5 semanas, que es poco tiempo, tienes más tiempo para prepararte. Para mí, la preparación es lo fundamental para que las cosas luego, a la hora de rodar, vayan bien. Cuánto más preparas los planos y planificas bien el trabajo, más la película va por los caminos que tú quieres.

Y, ¿qué le llamaba de este proyecto en concreto para sumarse a una película de estas características tan especiales?

Una de las razones fue porque los hechos me tocaban de cerca; mi padre vivió en Vitoria en aquella época. Luego, la voluntad que tenía para que esta historia se contase y recordase. Son hechos tan graves que quería contribuir a que no se olvidaran.

Aparte de algunas excepciones, muchos de los acercamientos a la Transición Española en imágenes son más documentales o periodísticos. ¿Qué aporta una trama de ficción al relato sobre esa época?

Pienso que, muchas veces, la ficción acerca mucho más a la gente a los hechos que un documental. Abres más posibilidades de que eso se vea y llegue a alguien. Si se emite en televisión o cine, estás llegando a muchas personas. La empatía con los personajes deja una huella mayor en el espectador. Un documental es más datos, más hechos, y no alcanza tan profundamente en algunas ocasiones. 

El director de ‘Vitoria, 3 de marzo’, Víctor Cabaco. Foto: Filmax

Yendo al contenido de la película, ¿cómo se gestiona a nivel de trama y construcción de intriga que el público ya sepa qué pasa al final?

Esta película es un auténtico spoiler, sí. Hemos intentado llegar a que los personajes te importen, ir llevando su historia, y saber cómo administrarla con el suceso en la cabeza. Van pasando las cosas, y de repente un hecho lo rompe todo. Parece que va a ser normal, pero al final absolutamente traumático. Queríamos ir narrando la historia de esa forma, con la vida de esas personas que se va desarrollando y, de repente, quedan truncadas por un hecho dramático.

La película toca diversos temas. Los matices internos dentro de la lucha obrera de aquella época, por ejemplo. Los trabajadores más de partido y los que, en cambio, se vinculaban más a las asambleas de base. ¿Cómo llegasteis a esos matices?

Las organizaciones sindicales y asamblearias se realizaban desde las fábricas, y ahí se elegían a los distintos representantes, que eran los que iban a las asambleas generales como portavoces de las distintas líneas.  Los partidos tenían su propio sindicato. Era importante para entender algunas cosas recoger también ese conflicto entre los que venían del sindicato vertical y otros desde las propias empresas.

Llama la atención, por invisibilizada durante mucho tiempo, la presencia de las mujeres dentro del propio movimiento obrero.

Es que tenían su papel. Ellas trabajan en sus propias fábricas de mujeres y contaban ahí igual que los hombres como trabajadoras, y por eso tenían que estar. Por otro lado, la manifestación sólo de mujeres que se ve en la película es real; cada miércoles se reunían e iban dando una vuelta por todo Vitoria y acaban en diputación protestando.

La música de la época está también muy presente en la película. ¿Qué papel le quería dar a esa banda sonora tan icónica?

Hemos intentando usarla como otro elemento muy de aquel momento y darle un lugar importante dentro de la historia. Incluso hemos podido contar con una canción tan inmediata y emocional como Campanadas a la mort, de Lluis Llach, que hizo el cantautor la misma noche del 3 de marzo. En ella habla de tres muertos, porque en un principio fueron tres, y luego se sumaron otros dos al día siguiente en el hospital. Es imposible hacer una película sobre esa época y no incuirla; está hecha para transmitir ese trágico suceso.

 

La película tiene un fuerte mensaje político y reivindicativo poco habitual en España. ¿Ha buscado algún referente en el cine político extranjero? Se puede pensar en películas de Pontecorvo o Bellocchio, por citar dos cineastas cercanos

He intentando no contaminarme mucho de referentes. Los conozco y admiro, pero no me he puesto conscientemente a volver a ver películas de referencia más políticas. A nivel de narración, sí que me he fijado en JFK (Oliver Stone, 1991) para ver esa mezcla con esas imágenes de la época en blanco y negro. He visto otras cosas que me pudieran inspirar más a ese nivel.

En la película, se asegura que “sus reivindicaciones son más actuales que nunca”. ¿Por qué está tan reciente todo ello?

El mensaje ahí es que las cosas injustas tienen que juzgarse. Es tan fácil como eso. Si no queremos que se repitan estos hechos nunca más, tenemos que pensarlos y recordarlos. Lo que queríamos era que la persona que viese la película se quedase con una pequeña impronta de lo que pasó.

Se le quiere dar, por tanto, un importante papel a la memoria histórica.

Es un poco irregular el tema de la memoria; parece que para algunas sí que entra, pero para otras, no.  No hay nada muy definido, incluso parece algo arbitrario. No puede ser que lo venga bien sí es memoria, y lo que no, no.

La película señala directamente a algunos responsables políticos.

Se sabe quiénes son, y tienen nombres y apellidos; no nos hemos inventado nada. Son cosas que se quedan en un limbo en el que, por determinadas razones, nadie quiere hacer nada. Desde la Asociación 3 de marzo llevan 43 años luchando constantemente para que no se dejen atrás estos hechos sin tratarlos.

Arturo Tena (@artena_)

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.