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Viaje al cuarto de una madre: decisión y buen gusto
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Una madre y una hija se duermen juntas en un sofá, arropadas por el calor que viene de una mesa camilla, con una serie de fondo. Se quieren, se cuidan y se lo demuestran, pero también se nota que hay cosas que no se dicen. Hay una tristeza instalada en el salón, junto a un acuerdo tácito de no hablar de ello. Vemos cómo quieren salir adelante, aunque el camino no esté muy claro. Acabamos conociendo el porqué de su tristeza, pero no basta solo con esto. Tampoco el amor es suficiente para expulsar el dolor del salón familiar. Pero sí lo único que pueden hacer. Viaje al cuarto de una madre es una película sobre la pérdida y el vacío, pero también, y sobre todo, sobre el amor entre una madre y una hija, un tema que el cine no ha tratado tanto como se podría esperar.

Celia Rico Clavellino nos traslada a este hogar familiar en su película debut. Viaje al cuarto de una madre es desgarradora y real, auténtica como la vida misma, y hecha con un tacto y dominio de los recursos cinematográficos sorprendentes para tratarse de una ópera prima. La directora entiende a la perfección lo que tiene entre manos y juega con inteligencia sus cartas: una puesta en escena sobria que potencie a Lola Dueñas y Anna Castillo, las dos fantásticas actrices que dan vida a la madre y a la hija, respectivamente. Es su excelente trabajo lo que eleva el film, empuja el drama a sus cotas más altas y redondea una película que remueve pero a la vez reconforta. Sin abandonar nunca la contención, y utilizando más las miradas y los gestos que las palabras, Viaje al cuarto de una madre nos muestra cómo el amor consigue hacerse hueco incluso dentro de la tragedia.

Más allá del drama humano laten la crisis y la ausencia de oportunidades, de manera que la emigración se convierta, en un cierto punto, en la solución. El personaje de Anna Castillo tiene mucho que ver, por situación social, que no por la personal, con los que visitamos en Hermosa juventud. Una generación que ha visto sus sueños truncados por la crisis económica, aunque la película tire más por el aspecto personal. Viaje al cuarto de una madre, escrita y dirigida por una mujer y protagonizada también por dos mujeres, respira de forma natural en este 2018 en el que las mujeres han dejado algunas de las noticias más felices para el cine español.

Estamos ante una película honesta y personal que, partiendo desde un anclaje social, explora las emociones humanas, la pérdida, el vacío y, por encima de todo, el poder paliativo del amor. Viaje al cuarto de una madre es una poderosa carta de presentación para Celia Rico, que se alzó con el Premio de la Juventud en el Festival de San Sebastián y bien podría seguir presente cuando cambie el año y empiece la temporada de premios. Pero más allá de reconocimientos, hemos visto a una autora consciente de lo que quiere decir y de cómo hacerlo, lo cual siempre es buena noticia para un inicio de carrera. A Lola Dueñas y Anna Castillo ya las conocíamos y sabíamos de su talento, pero siempre es de agradecer una plataforma diseñada para explotarlo al máximo, y eso es lo que encontramos en Viaje al cuarto de una madre. En conclusión, una película ejecutada con decisión y buen gusto que remueve y emociona, y encierra algunas de las mejores tendencias de este año en el cine español, añadiendo una nueva voz a una cinematografía cada día más rica.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

 

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