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Ventajas de viajar en tren: estimulante y oscuro dinamismo
4 min

Lo remarcaba Borja Cobeaga hace poco en Twitter: los cortos de Aritz Moreno son «maravillosamente» cortos. El director de Ventajas de viajar en tren ha tenido una buena carrera en el formato antes de debutar en largo, y sí, ninguna de sus obras anteriores sobrepasa los diez minutos. Su primera película, llena de cosas que contar, podría haberse estirado perfectamente hasta las dos horas pero no lo hace. Esta planificación milimétrica y capacidad de síntesis dice mucho sobre la forma de dirigir de Moreno, pero sobre todo lo hacen ideal para que Ventajas de viajar en tren sea la película que busca ser.

Estamos ante un filme que fía mucho de su buen funcionamiento al efecto que nos provoca su juego de condensación; a la colocación milimétrica de muchos y distintos elementos que se superponen y que quieren ser coherentes -o parecerlo- entre ellos. Así también lo hace la novela original en la que está basada la cinta. No es casualidad que el libro de Antonio Orejudo sólo tenga 152 páginas, sobre todo teniendo en cuenta que la primera versión era de 400. La historia multinivel que se inicia con una conversación de tren es, por tanto, una bomba que tiene en el dinamismo su mejor baza. Y, desde el guion de Javier Gullón hasta el montaje de Raúl López, la película consigue ponerse al servicio de esa agilidad concentrada y convertirlo en una experiencia cinematográfica de primer nivel.

El punto de extra que tiene esta película es que esta indispensable y bien captada ejecución de ingredientes no se ensimisma demasiado en su atractivo juego de sombras y equívocos. La base es la ambigüedad de su(s) historia(s) y su ritmo endiablado, pero la clave está en cómo se acompasa esta fórmula a la oscuridad y la miseria moral que quiere retratar. En Ventajas de viajar en tren se van planteando, con distintos pinceles, elementos enajenados y febriles que provocan incomodidad real. Todos los relatos que podemos ver, aunque tengan diferencias formales, comparten una sensación malsana que pretende ir más allá de la divertida anécdota individual.

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Con la base de la novela como principal apoyo, Moreno no se mantiene por tanto en un tentador plano distante o sarcástico con lo que está contando (aunque hay muchísimo humor negro) y plantea, tanto a nivel estético como narrativo, perturbaciones más propias de David Lynch que de un dispositivo posmoderno cerrado en el que todo se fía a decidir qué es cierto y qué no. Por su ambigüedad casi inmanente, Ventajas de viajar en tren conecta de forma especialmente efectiva con el tema de la salud mental. Se puede incluso vincular con la película de Hollywood reciente Joker en la voluntad de aportar una lectura política y sociológica del asunto.

El mérito del planteamiento de Ventajas de viajar en tren es innegable. Se podrá discutir su fidelidad como adaptación a la novela o su tendencia literaria, pero hay que celebrar que se haya hecho una película que reivindica un espacio alejado de la aburrida dicotomía cine comercial / de autor en nuestro país. Ritmo y sensación compleja. La película no se conforma con ser un bizarro laberinto del que hay que salir, sino que al hacerlo crea reacciones y pensamientos que molestan detrás de la comedia. Aritz Moreno y su equipo (no hay que olvidarse del trabajo de uno de los mejores directores de fotografía de España, Javier Agirre Eraso) han hecho un trabajo de concisión y detalle que quedará entre lo más estimulante del cine español de este año.

 

Arturo Tena (@artena_)

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