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Uno para todos: la importancia de la empatía
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Si hay un evento que puede insuflar ánimos y esperanza en este atípico y dificultoso inicio de curso escolar 2020-2021 es la llegada a las salas de cine de Uno para todos. Tras varios retrasos en su estreno, el segundo largometraje del pamplonés David Ilundain (director de B, la película, basada en el famoso interrogatorio judicial a Bárcenas) ha buscado intencionadamente coincidir en fechas con la “vuelta al cole”. Tiene todo el sentido, ya que la película es, ante todo, un homenaje a la labor educativa y al papel de la escuela pública.

Un profesor interino (inmenso David Verdaguer) llega a un pueblo perdido de Aragón para hacerse cargo de una clase de sexto de primaria en la que pronto comenzarán los conflictos, en especial tras el regreso de un alumno con cáncer. Si la premisa de Uno para todos es aparentemente sencilla, hay una vuelta de tuerca determinante: el chico que se reincorpora de la convalecencia (teórica parte débil) es quien había acosado anteriormente a varios de sus compañeros.

Uno para todos

A parti de ahí, más allá de la enfermedad y el bullyng nuestro de cada día, el filme recorre los caminos llenos de obstáculos que conducen al perdón y la empatía. Un crecimiento personal y colectivo en el que la educación desempeña un cometido claveSi resulta evidente que la película está enfocada a un público familiar, Ilundain trata esta materia sensible sin condescendencias hacia los niños, con un profundo respeto. Una manera honesta de situar la cámara que, por momentos, recuerda a la rara avis de Quién lo impide, el proyecto experimental de Jonás Trueba con jóvenes.

Por su parte, el guion -mérito de Valentina Viso y Coral Cruz- acompaña este planteamiento desde una sencillez que rehuye las exageraciones dramáticas. A la vista de la temática, el tono y el propósito bien podría tratarse de una producción propia del cine francés (La clase, La profesora de historia), solo de refilón conectada con series españolas recientes (Merlí, Élite) que tocan problemáticas distintas, más ligadas a franjas de edad adolescentes.

Uno para todos

El andamiaje de Uno para todos se sustenta gracias a la soberbia interpretación de David Verdaguer (Salir del ropero, Los días que vendrán, Verano 1993), que confirma su largo estado de gracia y debería ser aval suficiente para su inclusión en la temporada de premios. Asimismo, destaca el talento de los chicos y chicas que componen la clase, cuyo mérito hay que atribuir a un cuidado casting. Valga como ejemplo el último tercio de la película, sostenido por la joven Vega Vallés, quien da la réplica al «profesor» Verdaguer.

En definitiva, Uno para todos es un alegato en defensa de la educación en sentido amplio, como escuela de vida y valores. Más aún en tiempos de pandemia, cuando redescubrimos el rol esencial de la educación y su insustituible dimensión física. Aunque seguramente no entrara entre las intenciones iniciales del proyecto, la cinta de Ilundain nutre de argumentos para redimensionar las promesas de la educación online. Hay dinámicas y matices formativos que solo se pueden abordar cara a cara: esa clase de enseñanzas fuera de currículo que, a la postre, dejan su huella para el resto de nuestras vidas.

 

Fabio Cortese (@fcsanabria)

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