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Universo ‘Patria’: la construcción de una marca
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Universo ‘Patria’: la construcción de una marca

La parafernalia que acompaña a la producción de HBO tiene un propósito tan legítimamente comercial como político que nos habla de la nueva importancia de la ficción seriada en el discurso público

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Patria a todas horas. A la serie de HBO la acompaña un runrún mediático semejante al que en su momento llevó consigo la novela en que se basa. La propia plataforma, los creadores de la serie o Telecinco, que la emite en abierto, lo promueven por motivos comerciales y la acompañan de especiales televisivos y fanfarria variada: podcast, making-of, reportajes, artículos -como este-, bombo y platillo…

 

La construcción del relato

¿Es Patria la primera ficción que habla del conflicto vasco a ras de suelo, que refleja los conflictos familiares, la presión cotidiana que se vivían en cada acera? No. En 2008, con ETA aún activa, lo hizo, por ejemplo, La casa de mi padre, de Gorka Merchán. Y Borja Cobeaga, desde el humor, lo trataba en Negociador y Fe de etarras.

¿Pone el «universo Patria» en igualdad en la balanza el sufrimiento de las víctimas de asesinato y las de tortura? Lo cierto es que Patria, el libro, casi diseñada como producto de marketing para ser El Relato sobre el conflicto vasco, no solo no lo hace sino que trata el terrorismo de Estado del GAL o los suicidios de etarras casi como productos de la paranoia del bando abertzale.

Sin embargo el podcast de Patria se construye sobre la idea de que la serie refleja los miedos de ambas partes, con el productor y creador de la serie, Aitor Gabilondo, contando sus experiencias de adolescente en los que tuvo el alto de la Guardia Civil o similares. Para comentar, de hecho, una escena de registro del coche de Nerea, la no abertzale de los personajes jóvenes, directamente sufre acoso por parte de los agentes -escena que expande otra del libro mucho más seca-.

O el maltrato de Guillermo, el marido «español» de Arantxa, que en la novela existe, si acaso, psicológico, y reflejado más como parte del deterioro de la relación por las secuelas de una depresión por parte de él. El guantazo que se exhibe en todas las promociones tras tener al personaje gritando «aquí hay un español» por la ventana lo expone claramente como un personaje negativo, sobre todo porque está agrediendo a la, hasta ahora, más fácilmente empatizable por cualquier sensibilidad de todas las protagonistas.

Que no es lo que hace el debate que acompaña a la emisión de cada episodio en Telecinco, mucho más «blanco» desde ese punto de vista, aunque incluya al terrorismo de Estado, con invitadas víctimas del GAL. Ni tampoco los extras de la web de HBO, más centrados en el lujoso diseño de producción y en una difusión «blanca» del trabajo de los profesionales implicados. Porque antes de llegar a la marca de HBO en sí, quizás sería necesario hablar de «marcas personales».

 

La construcción del showrunner

Aitor Gabilondo fotografiado por Javier Cortés. Foto: Alea Media.

Aitor Gabilondo no es nuevo por aquí. Como escritor y productor es responsable o ha participado en títulos tan variopintos como los exitazos de El Príncipe o Allí abajo, la magnífica El Caso, el bluff de Vivir sin permiso o la irregular -quizás llegó antes de tiempo- El síndrome de Ulises.

En España ya empezamos a tener eso que los anglosajones llaman showrunners, responsables de series con «sello de autor» a quienes conoce no solo el personal que va de entendido sino también una parte importante del público capaz de engancharse a una producción solo porque está ese nombre tras el  «created by». No tenemos un Aaron Sorkin, ni un David Simon, ni siquiera un Ryan Murphy -pelea a navaja de Bob Pop y Manolo Caro cruzando el charco con los Javis de árbitros por ese nicho por favor- o un Steven Moffat, pero tenemos a Javier Olivares o Álex Pina.

Aunque si usted quiere que alguien identifique a Pina tiene que hablar de “el creador de La casa de papel, provocando en esa conversación que te pregunte si ese no era el que dirigió la serie de Marianico el Corto. Pero bueno, en realidad a Ryan Murphy lo conocemos por algo más que «el de Glee» cuatro frikis. Partiendo lo de friki de la base de estar hablando de Glee.

Gabilondo está a punto de ponerse a nivel que tuviesen en su época Antonio Mercero o Ana Diosdado y ahora Olivares o los directores de cine en el exilio. Es decir, que lo conozca todo el mundo. Gabilondo, «el tío de Patria. Ese que también hizo El Príncipe».

 

La construcción del prestigio

Lo veníamos avisando. Esto no es televisión. Es HBO. En El País ni se han cortado y Telecinco tardó medio segundo en llevárselo a sus promos de la serie. Una serie IMPORTANTE, después de la que emites un debate con gente RELEVANTE. El relato está muy bien, pero ganar dinero está mejor. HBO ya no tiene un Juego de Tronos, es posible que nunca vuelva a haber una serie igual -o sí, a saber- y necesita ser La Plataforma a la que Debes Suscribirte.

Amazon tiene los documentales con deportistas de éxito y las series en coproducción con las privadas del analógico. Netflix su condición de plataforma por defecto y sus grandes éxitos internacionales. HBO quiere estar por encima de esas menudencias y ser Cultura.

Si allí lanzan una serie culebronizando la vida de Amancio Ortega, HBO tiene Escenario 0 o la nueva creación de Álex de la Iglesia, que se lanza en Venecia y Sitges antes de llegar al streamingPatria es crucial en esta estrategia porque es la primera serie original de una plataforma de streaming que ha entrado a formar parte del debate político y social.

No es un tema de conversación banal, no es comentar la última frase chula de Nairobi en La casa de papel o lo que luce el documental de Fernando Torres. Es política y es Historia. Y esa marca, la del producto gourmet, vuelve rentable cualquier esfuerzo.

 

Jose A. Cano (@caniferus)

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