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Techo y comida: profundo compromiso social
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Dentro de unos años se estudiará en los libros de historia la crisis económica actual y sus consecuencias a nivel de paro, desahucios y precarización general del nivel de vida. El cine español, al igual que el internacional, no ha sido ajeno a esta realidad. Desde distintas perspectivas, películas como Hermosa Juventud, El rey tuerto, El olivo o Cinco metros cuadrados han tocado el tema. La crisis también ha sido objeto de documentales o cortometrajes de animación, que suelen oscilar entre la explicación y la denuncia.

Uno de los mejores ejemplos en el campo de la ficción es Techo y Comida. La película narra la historia de Rocío y su hijo, Adrián, que luchan por salir adelante en la ciudad andaluza de Jerez. Rocío no consigue, a pesar de intentarlo, encontrar un trabajo y las facturas se acumulan desde hace meses. El propietario del piso en el que vive la amenaza con expulsarla ante su incapacidad de estar al día con los pagos.

Juan Miguel del Castillo debuta en el largometraje con esta película de profundo compromiso social. Alejándose del sensacionalismo y del morbo, opta por un realismo descarnado para contar la lucha por la supervivencia de esta madre y su hijo. Sin uso alguno de banda sonora y con abundante presencia de planos secuencias, elección que contribuye a dar sensación de realidad, la película apoya su éxito en las grandes actuaciones de la pareja protagonista y en la potencia de lo que está contando. El director no tiene ninguna necesidad de enfatizar o subrayar nada; la realidad ya es lo suficientemente dramática.

Natalia de Molina ganó un merecidísimo premio Goya por su interpretación de Rocío. Su actuación es contenida y, por momentos, desgarradora, alcanzando su cima en la escena donde la cámara permanece fija en ella durante varios minutos mientras un abogado, al que oímos pero no vemos, le explica la sentencia de desahucio. La actriz aprueba con nota la exigente apuesta del director, en una película en la que está presente en todo momento. El pequeño y debutante Jaime López realiza una gran labor en el papel de hijo, lo cual señala un gran trabajo de casting.

Al recoger el premio la actriz habló de la importancia de dar voz a las mujeres en el cine. Techo y comida es un brillante ejemplo de esta práctica, otorgando el protagonismo a una mujer fuerte e independiente, que no necesita un hombre a su lado para llevar adelante su vida. Un hecho, por suerte, cada vez más presente en la realidad pero que por desgracia todavía no abunda en las pantallas de cine y televisión.

Al final de la película la puerta de la casa se cierra y la cámara observa una última vez alejarse a los protagonistas hacia un futuro lleno de dudas e incertezas. No hay felicidad, como no hay alegría en el drama que muchísimas personas están viviendo en nuestro país. Techo y comida es una película valiente y honesta que nos obliga a mirar la realidad que tenemos delante; si al espectador no le gusta lo que ve no es al director a quien hay que protestar.

 

Carlos Pintado (@CarlosPM)

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