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Te quiero, imbécil: los clichés de la comedia romántica
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Cuando el año pasado hablamos de ¿Qué te juegas?, la primera película de Inés de León, celebramos que aportara elementos frescos a un género clásico como es la comedia romántica, en su caso a través de los diálogos y la construcción de personajes. Es lo que precisamente lo que se echa en falta en una película como Te quiero, imbécil. Aquí lo mejor que se puede decir es que decide exprimir las capacidades del reparto, una buena elección de sus responsables: es de largo lo más interesante del conjunto.

La nueva película de Laura Mañá (Palabras encadenadas, La vida empieza hoy) es una comedia romántica típica y predecible que puede llegar a ser eficaz como entretenimiento pero no aporta absolutamente nada al género. Los tópicos y lugares comunes desfilan constantemente -«hola, antigua amiga del instituto que ahora es atractiva, cuánto tiempo», montaje paralelo con guitarra melancólica de fondo- en una película en la que solo funcionan un reparto que achica aguas con mucho oficio y una factura técnica aseada.

Te quiero, imbécil cuenta la historia de un treintañero abandonado por su pareja, despedido de su trabajo y obligado a cambiar su forma de ser para sobrevivir en un mundo que ha cambiado mientras él no lo hacía. La hemos visto muchas veces, tantas que el único motivo para no extender la sinopsis hasta el desenlace de la película es que no hace falta porque ya se sabe. El conjunto habría sido bastante más soportable si las bromas tuvieran gracia y no jugaran con los clásicos clichés sobre cómo ser hombre, que están en progresivo abandono tanto en cine como en el propio mundo real. En la película se utilizan arquetipos barnizados en modernidad sólo aparente. Y no, no es por celebrar la corrección política ni buscar el aplauso fácil: es que simplemente aburre el humor que gira siempre en torno a las mismas cosas.

En medio de esta propuesta tan poco estimulante solo se salva el reparto. Quim Gutiérrez sabe defender con gracia este tipo de papeles de hombre perdido, maduro e inmaduro y consciente e inconsciente a la vez, como viene demostrando desde Primos, una película, sin embargo, escrita con bastante más delicadeza e intención. Natalia Tena tampoco puede hacer mucho con un papel plano que es un mero resorte para hacer avanzar la trama, caso contrario al de Ernesto Alterio, que parece abonado últimamente a los personajes excéntricos. Su terapeuta youtuber argentino, sin ser lo más original del mundo, consigue arrancar alguna carcajada de forma recurrente.

Te quiero, imbécil es una película vista mil veces que acierta en apostar por sus intérpretes como principal baza, pero que resulta muy poco estimulante en el global por lo poco que arriesga. Puede cumplir su función de pasatiempo inofensivo, pero nada más. Un libreto más inspirado y menos rancio en sus ideas podría haber hecho destacar más la correcta realización que aporta Mañá y el buen reparto, pero lo que queda es un flaco favor a un género normalmente mal considerado como es la comedia romántica.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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