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Surcos: neorrealismo a la española
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– ¿Por qué no me llevas al cine? Hacen una psicológica.

– Eso ya está pasado. Ahora lo que se lleva son las neorrealistas.

(…)

– Menudo tostón la película esa. ¿Cómo dices que se llama?

– Neorrealista.

– No sé qué gusto encuentran en sacar a la luz la miseria. Con lo bonita que es la vida de los millonarios.

Y así entró el neorrealismo en España. Bueno, en realidad no. El propio Nieves Conde lo negaba reconociendo su especificidad italiana, y mucha gente conocedora de la materia estaría encantada de añadir argumentos. Lo que sí es cierto es que Surcos introdujo una forma de mirar la realidad que no era nada habitual en el cine español de la época, dominado por comedias escapistas (“la vida de los millonarios”) y monumentales intentos de recuperar el pasado glorioso de España.

La película narra la llegada a la ciudad de una familia de campesinos, animados por la esperanza de mayores posibilidades. Pronto verán que la esperanza es nada más que eso, esperanza. Sus oportunidades vendrán de compañías cuestionables y trabajos al margen de la ley. La familia entrará en una espiral trágica -anticipada por un texto en los créditos iniciales- mientras vamos viendo una imagen desoladora del Madrid de los años 50: pobreza, paro, delincuencia, estraperlo y prostitución. Nada que ver con las esperanzas de la familia, y nada que ver tampoco con el discurso oficial del franquismo.

Surcos es uno de los mejores trabajos de Nieves Conde en la dirección. Muy atento siempre a la planificación de cada escena, consigue explotar dramáticamente cada desafortunado paso de la familia Pérez en suelo madrileño. Vemos las corralas de Lavapiés y otros lugares de Madrid como Atocha o Legazpi de una forma casi documental, pero también vibramos con el nervio de las escenas de acción de la parte final. Su mirada realista incorpora rasgos de costumbrismo y elementos que recuerdan al cine negro, especialmente el fatalismo que atraviesa el film en todo momento.

Como era de esperar, la película tuvo problemas con la censura. Pero, como solía ocurrir, su intervención fue bastante torpe y no afectó demasiado al espíritu de lo que se quería contar. Más allá del final -en el original la hija se tiraba a las vías del tren en el que su familia abandonaba Madrid, prefiriendo la mala vida de la ciudad antes que volver al pueblo, mientras que en el modificado acompañaba a su familia sin más- la censura se escandalizó con una escena aislada en la que vemos caer la ropa de una mujer que se desviste fuera de campo. Pero el retrato de las duras condiciones de vida del Madrid de la posguerra, el estraperlo y la ausencia de moral, lo verdaderamente importante, sobrevivieron en el montaje final.

El que no sobrevivió al lanzamiento de la película fue Pio García Escudero, director general de cinematografía en aquel momento, y que pese a ser un hombre leal al franquismo tenía también unas inquietudes culturales que le hacían buscar un cine de mayor calidad, lo que le acabó costando el puesto. El desencuentro vino a raíz de la categoría de Interés Nacional que se le concedió a Surcos. La otra candidata fuerte era Alba de América, ambiciosa producción de CIFESA dirigida por Juan de Orduña que encajaba a la perfección en la línea de cine monumental que quería el Régimen. García Escudero volvería al cargo años después para ser el principal impulsor del nuevo cine español en los años 60. Pero en el momento del estreno de Surcos las élites franquistas, al igual que los personajes de la película que mantienen el diálogo con el que abríamos este artículo, tampoco encontraban ningún gusto en mostrar la miseria.

Surcos queda en la historia de nuestro cine como un caso excepcional, un ejemplo único totalmente ajeno si no opuesto a las tendencias de la época, una excepción a la norma, y también una muestra de lo que nos perdimos porque no podía ser en aquel momento, un pudo haber sido y no fue del cine español. La película aumenta su valor por su carácter testimonial, tanto de la época como de lo que era hacer cine. Pero no habría que caer en el error de considerarla una pieza de museo. Las grandes películas nos siguen dando claves para el presente porque, aunque cambie el decorado, los temas que plantean son universales. Y la migración del campo a la ciudad, la pobreza y la ausencia de oportunidades siguen siendo una realidad. Una que Nieves Conde nos mostró ya hace prácticamente 70 años.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

 

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