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Sesión salvaje: reformulando la historia oficial del cine español
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Sesión salvaje: reformulando la historia oficial del cine español

El documental recuerda y reivindica con éxito la época dorada del cine de explotación estatal durante dos décadas

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La historia, se dice, la escriben los ganadores. Y la del cine español no siempre ha reconocido a Jess Franco o Mariano Ozores. Con el paso de los años el riesgo del olvido crece, y aunque nunca llegará a ser total, sí que puede privar a las nuevas generaciones de conocer una parte de nuestro cine. Sesión salvaje viene a solucionar ese problema juntando a diferentes figuras de la época así como a jóvenes cineastas que crecieron disfrutando sus películas para poner sobre la mesa este otro cine español.

Sesión salvaje recorre la época dorada -de los 60 a los 80- del cine de explotación español, ese cine que se colocaba en filones de éxito con producciones de bajo presupuesto y que era más libre a la hora de poner en pantalla elementos morbosos y/o violentos. Desde los westerns coproducidos hasta el cine quinqui pasando por el terror y el destape. Una efervescencia que acabó en los 80, entre la ley Miró, una opinión pública que no lo respaldaba y la casuística del cambio de los tiempos (es interesante que los distintos entrevistados propongan argumentos distintos).

Lo más interesante del documental de Paco Limón y Julio Cesar Sánchez, más allá de la útil retrospectiva sobre títulos, autores y géneros, es la reivindicación de una relación primaria y desacomplejada con el cine, gozosa y “disfrutona”. Basada en la diversión y el asombro antes que en el análisis y valoración (sin perder tampoco de vista los elementos de calidad presentes en estas películas).

En Sesión Salvaje hay una reivindicación de lo enérgico y libre que está muy bien que acompañe a todo aquel que se aproxime al cine, desde el espectador al cineasta pasando por la figura del crítico y del analista. El cine de explotación español podría ser mejor o peor según la ocasión pero era en todo momento auténtico, visceral y salvaje.

Esta reflexión nos lleva a preguntarnos por el presente, en el que a pesar de tener más opciones que nunca en la oferta audiovisual la estandarización de gustos amenaza con imponerse. Tiene un punto irónico que el cine de explotación, por definición imitador aunque fuera a su manera, se pueda ver ahora como una solución a la que aferrarnos de cara a una hipotética distopía regida por algoritmos que nos dicen lo que queremos ver. Pero más allá de ironías, las buenas preguntas siempre son necesarias y Sesión salvaje las formula en un efectivo diálogo entre pasado y presente.

El único y tampoco demasiado importante defecto de Sesión salvaje es un frenético montaje que no se justifica para un documental que apenas llega a la hora y media de duración, y que hace complicado seguir el hilo de las reflexiones y las películas que van apareciendo en pantalla. Aunque tiene gracia la idea de emular a lo que se está alabando y construirse a sí mismo como un documental de explotación, unos pocos segundos aquí y allá para respirar se habrían agradecido, y desde luego habrían ayudado a digerir la enorme cantidad de información, especialmente a gente poco familiarizada con el tema.

Pero por encima de este pequeña aunque desagradable falla, Paco Limón y Julio Cesar Sánchez han conseguido con Sesión salvaje un triunfo incontestable. Una apasionada reescritura de la historia del cine español y un toque de atención para no olvidarnos del cine de explotación y de lo que representa. Un efectivo remedio contra el (posible) olvido y una celebración de divertirse en el cine y con el cine, algo que, extrañamente, no siempre tenemos presente.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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