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5 películas para no llamarlo amor cuando quieres decir sexo
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5 películas para no llamarlo amor cuando quieres decir sexo

El cine español lo ha tratado todo, incluido el amor. Pero en esta lista hablaremos de cómo no disfrazarlo de lo que no es

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El Día de San Valentín lo inventó el Corte Inglés, o quizás Amazon. El amor romántico es un constructo destinado a perpetuar el heteropatriarcado como herramienta de imposición del capitalismo sobre nuestros cuerpos, principalmente los de las mujeres. Lo sabes. Lo sabemos. Pero en lugar de analizar eso, vamos a hacer una lista de cinco películas españolas que hablan de amor pero en realidad tratan de personas que están que se suben por las paredes. Y de paso, ya que abarcan un par de décadas, comprobamos como nos hemos enfrentado, como seres humanos que van al cine, a eso de reírnos del picorsito en plano.

 

¿POR QUÉ LO LLAMAN AMOR CUANDO QUIEREN DECIR SEXO? (1993), de Manuel Gómez PereiraSan Valentín

Tal vez ustedes no lo recuerdan porque lo han borrado de su mente o porque nació usted después del estreno de La flor de mi secreto -en esta casa Almodóvar es una medida temporal- pero Jorge Sanz en los 90 era considerado un sex symbol. Aquí se puso a las órdenes de Manuel Gómez Pereira, un picapedrero del cine español que se especializó por aquella época en comedias «picantonas» como esta, Boca a Boca o El amor perjudica seriamente la salud, además de la inmarcesible Todos los hombres sois iguales. Aquí, como una precuela cañí de Bonding de Netflix, nos encontramos con Manu, un joven buscavidas recién llegado a Madrid que encuentra en convertirse en actor de peep-shows su forma de hacer dinero más rápido. Su pareja será Gloria (Verónica Forqué) y empezarán llevándose fatal, con tronchantes consecuencias que llevarán, por supuesto, a todo lo contrario. La moraleja aquí es que el título no es cierto: como muchas comedias «atrevidas» de la época, el final es una reivindicación de un amor romántico que no es «perfecto» pero funciona. No se engañen, hemos venido a lo contrario. Lo que tenían Sanz y la Forqué era furor genital.

 

PAGAFANTAS (2009), de Borja Cobeaga

5 películas para no llamarlo amor cuando quieres decir sexo

Qué mal ha envejecido esto, ¿no? Porque a Gómez Pereira se lo puede ver irónicamente. Pero Pagafantas es otro nivel. Ojo, en ningún momento el guión bendice la actitud vital del protagonista, Chema (Gorka Otxoa), un pagafantas tan de manual, tan perfecto, tan químicamente puro en su presencia, que las ganas de darle dos bofetadas después de su primer diálogo son inevitables. Probablemente a día de hoy el enfoque de esta cinta sería diferente, porque de últimas culpabiliza al personaje de la ‘fanta’, receptora de las atenciones del muy desnortado, tóxico e inseguro Chema. Lo bueno o buenísimo de esta cinta es que de ella nacería Juancarlitos, inmortal personaje de Julián López en la siguiente película de Cobeaga, No controles. El cuál, además, progresivamente, ha ido perdiendo la fe en el amor o teniendo libertad para demostrar lo mucho que le dan igual los pastelazos y ahora, nos atrevemos a especular, si rodase esto Otxoa lo pasaría mucho peor.

 

KIKI, EL AMOR SE HACE (2016), de Paco León5 películas para no llamarlo amor cuando quieres decir sexo

La tercera película como director de Paco León fue una especie de antología plena de ese espíritu de convertir Madrid en Nueva York o París, en el sentido de tener a gente demasiado bien alimentada y sin problemas económicos aparentes hablando mucho de sus vidas. La ventaja es que al ser esto España, y no un país tan retrógrado y reprimido como EEUU o Francia, la mayoría de las tramas giran entorno a parejas que para darle alegría al cuerpo, Macarena, se atreven a realizar las fantasías sexuales o filias de uno o varios de los miembros. En el fondo fue un poco la actualización de las comedias «picantonas» de los 80 y 90 con el giro de que León integra las situaciones en la cotidianidad y tira más por las situaciones surrealistas -eso que los horteras llaman la cringe comedy por influencia del imperio- que por los intentos de provocación barata. La gracia es que, siendo la más reciente, es la que se lleva mejor en el aspecto que inspira el título de este artículo: aquí quererse, al final, se quiere todo el mundo mucho. Pero no es lo mismo una cosa que la otra, y tampoco pasa nada.

 

 

LAS CUATRO BODAS DE MARISOL (1967), de Luis Lucía5 películas para no llamarlo amor cuando quieres decir sexo

Bueno, había que traer alguna previa a la Movida, ¿no? Básicamente aquí Marisol se interpreta más o menos a sí misma. Recuerden que cuál giro de la metaficción y la deconstrucción de la narración y tal, antes que cualquier prestigioso showrunner de HBO o director de prestigio de la Academia las hicieron en los 60 las películas de Marisol y Rocío Durcal, y sin darse tantos aires. En este caso Marisol, con 19 años, se va a casar. Por lo que sea, esto pasaba. Pero al mismo tiempo tres antiguos novios acuden a la boda alegando, básicamente, que ellos iban primero. Cada uno tiene su bloque con su peripecia y su canción, y Marisol da a entender al prometido oficial la cercanía de cada relación más con dobles sentidos que otra cosa. Básicamente, es una venganza porque el dicho futuro esposo es el director de la película e intuye la protagonista que sus intenciones no son del todo puras. Exacto. Mamma mía! fue un remake de este clásico inmarcesible.

 

EL PERRO DEL HORTELANO (1996), de Pilar Miró5 películas para no llamarlo amor cuando quieres decir sexo

Si la literatura española tuvo un genio del doble sentido, ese fue don Félix Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios, por igual representado en nuestra ficción reciente como un brillante jeta que como un pichabrava sin medida. Cuando Pilar Miró lo llevó al cine, ya alejada de puestos oficiales -miren en qué año se estrena, además, y si no estaban ocupados naciendo entenderán a qué me refiero- decidió asumir toda la mala baba que transpiraba el texto original y, sobre todo, entregar el encargo de hacerla explícita para el espectador al reparto. Emma Suárez, Ana Duato y Carmelo Gómez se lo pasan en grande con el «amor», ejem, «tierno y puro» que posee a sus personajes, pero los que ya están de salir a hombros por la puerta grande son los secundarios como Miguel Rellán o el veteranísimo Rafael Alonso en el papel del conde Ludovico. Cuando ustedes piensen que en otros tiempos la gente respetaba más las jerarquías sociales, el recato y demás zarandajas, vengan a esta película o busquen el texto de Lope y disfruten de cómo se cagan en todo, juntos o por separado. Y sobre todo, como no se mienten, ni nos mienten, llamando una cosa a lo que luego es la otra.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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