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La saga ‘[•REC]’: las originales posesiones sangrientas que acabaron mal
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La saga ‘[•REC]’: las originales posesiones sangrientas que acabaron mal

Un repaso crítico a la gran saga del terror español, que renovó el género pero no terminó de la mejor manera

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Netflix ha ampliado su catálogo español con la incorporación de las cuatro películas que conforman la saga de [•REC]. Con la distancia que dan los 13 años que han pasado ya desde la primera entrega, se puede decir tranquilamente que Paco Plaza y Jaume Balagueró redefinieron el terror en España con esta tetralogía (llegaron incluso a EEUU con su remake, -bastante mediocre, todo hay que decirlo-). Los directores crearon una franquicia que terminó a la baja, pero por el camino pusieron patas arriba los estándares del género. Y lo hicieron, además, con un gran éxito de público. Vamos a ir, película a película, desgranando y valorando sus claves.

Ojo, vas a encontrarte con muchos spoilers

[•REC]

Ganadora de dos Goyas y de tres estatuillas en el Festival de Sitges de 2007, [•REC] agitó el panorama del terror y del cine español pre-crisis. Dos amigos que venían de colaborar en OT, la película -también ahora en Netflix- se juntaron para contarnos la historia de dos reporteros que se adentran en un bloque de viviendas en mitad de un virus contagioso similar a la rabia.

Resumiéndolo al máximo, se podría decir que el brutal éxito de [•REC] hace 13 años se debió a dos factores: el atrevimiento innovador del ‘falso documental’ en primera persona para narrar toda la película y la sutil sátira de una comunidad de vecinos española.

Es verdad que ya habíamos visto la técnica del falso “material encontrado” en famosas películas del género como Holocausto caníbal, la gran precursora, o en El proyecto de la bruja de Blair, que es la referencia principal para [REC]. Pero utilizarla a gran escala era algo nuevo en España. Esta apuesta técnica es su gran clave para conseguir su terror immersivo: ves lo que ellos ven, no sabes lo que está sucediendo fuera del encuadre ni por dónde te van a salir los ‘infectados’, consiguiendo una tensión de la que te hacen partícipe.

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Algo que sorprende en el terror es el retrato costumbrista que consigue entre el reparto de personajes secundarios, con personalidades muy pintorescas y distintas entre sí. En este aspecto, nos recuerda a las películas de directores como Berlanga o Jose Luis Cuerda, bebiendo mucho de La comunidad (2000), de Álex de la Iglesia, en la que vemos como unos vecinos aparentemente normales se pueden volver en tu contra. Nos dejan claro cómo las personas, ante una situación de peligro, no tienen reparo en dejar atrás a los rezagados o a culparse los unos a los otros.

Si bien no destaca por sus actuaciones (salvo la de Manuela Veslasco) y peca de algunos screamers de sonido, conseguir que soltemos una carcajada y a los dos minutos nos tapemos con la manta y gritemos de miedo, es un equilibrio muy complejo que ambos directores supieron resolver. Cabe destacar, además, la creación de uno de los monstruos que perdurarán en el terror español, la Niña Medeiros, interpretada por Javier Botet.

 

[•REC] 2

Dos años más tarde se estrenó la segunda entrega de esta saga, codirigida otra vez por Plaza y Balagueró. El gran éxito de taquilla de la primera parte (más de 30 millones de euros recaudados en todo el mundo) puso rápido en marcha la secuela, que contó con bastante más presupuesto que la original -de 2 millones se pasó a 3,5-.

Esta película empieza exactamente donde lo dejó [•REC]: quince minutos después de lo que se ve en el final de la primera, acompañamos a cuatro policías que entran en el edificio infectado. Lo hacen junto a un “doctor”, que tiene la misión de conseguir una muestra de sangre del foco del virus.

Si en [•REC] no se desvelaba casi nada de cómo y por qué se desencadenaba todo, algo fundamental para transmitir la sensación de confusión en el espectador, en [•REC] 2 pasa justo lo contrario. Esta segunda parte se encarga de darnos explicaciones y algo más de contexto a lo que ocurre en esos pisos barceloneses; incluso sabemos cuál es el objetivo final de los protagonistas iniciales.

Aquí el juego formal que habían puesto en marcha Balagueró y Plaza se complica y se vuelve más sofisticado –cuántos más recursos, más cosas puedes hacer–. Volvemos al estilo de falso documental, pero esta vez añadiendo como extra el juego de la multicámara con distintos “directores”. Es una buena estrategia para mantenerse fiel al estilo directo de la original, y a la vez innovar mostrando las situaciones que transcurren en distintos lugares (dentro y fuera del edificio).

 

El resultado convence, y no es fácil. [•REC] 2 es consciente de a qué puede apostar y a qué hay que renunciar dentro de su lógica, y se mantiene fiel a ese plan sin resultar repetitiva. Sin el importante factor sorpresa de la primera entrega, la película sacrifica el efecto cómico de la desconcertada comunidad de vecinos y apuesta por ahondar en el tema de las posesiones demoníacas, dando una capa extra y arriesgada a la dinámica zombie.

Las interpretaciones se resienten en varios momentos demasiado explicativos, pero la película se mantiene fresca durante los 80 minutos que dura. Hay un buen equilibrio entre la fidelidad a la original y la ambición de poner más carne en el asador.

 

[•REC] 3: Génesis

Debido a que Balagueró se encargaba en aquella época únicamente de tareas de producción creativa, en esta ocasión nos encontramos al frente de la dirección solo a Paco Plaza, la primera diferencia de muchas respecto a las anteriores entregas.

Abandonamos el edificio y nos trasladamos a la boda de Koldo (Diego Martín) y Clara (Leticia Dolera), que se dan el sí quiero rodeados de todas sus personas queridas sin saber que uno de sus invitados está infectado por ese “virus demoníaco”. En esta ocasión no vemos a Manuela Velasco, lo que aporta una nueva visión de la historia y un soplo de aire fresco entre las interpretaciones principales.

Rompiendo con lo visto hasta ahora en la saga, [•REC] 3 deja a un lado el género de falso documental ofreciéndonos el estándar de imagen ‘cinematográfica’ actual (pese a que el inicio de la película si juegue con el recurso de plano subjetivo). Además, este gran cambio se acompaña de la incorporación de una banda sonora formada por grandes clásicos de la música española, como No puedo vivir sin ti o Eloise de Tino Casal (inolvidables).

Volvemos a esos toques de humor negro nacional que vimos en la primera entrega, como si leyésemos un guion de Rafael Azcona. Se trata de una historia cercana con personajes de bodas que podrían recordarnos a nuestros familiares y amigos: el primo borracho, la invitada por compromiso o los colegas que aprovechan para ligar. Consigue que nos resulte cercano, poniendo además a dos protagonistas dulces con los que te encariñas, esperando que llegue el ansiado final feliz -que no llega-. Por supuesto, no podemos olvidarnos de destacar la potente actuación de Dolera, una de las patas cojas de las anteriores entregas.

Esta precuela es gamberra, es gore y es hortera. Y funciona. Quizás que rompiera tanto con lo previamente establecido fue el motivo por el que aún hoy recibe duras críticas, pero me atrevo a decir que nos encontramos con la película más redonda de la saga. Ya sabemos qué pasa o de dónde procede el virus, es momento de observar sus consecuencias en el exterior y convertir el día más feliz de una pareja en una auténtica pesadilla. ¿O es que acaso las bodas no dan miedo de por sí?

 

[•REC] 4: Apocalipsis

Ya lo teníamos todo: una historia completamente explicada, diversos puntos de vista, distintos métodos narrativos… Pero a Jaume Balagueró le pareció una buena idea estirar aún más la saga. Error.

Tras un prólogo muy nostálgico, nos encontramos a Ángela Vidal despertándose en un barco en mitad del océano. No recuerda nada de lo ocurrió en el edificio barcelonés, pero poco a poco va recuperando la memoria. ¿Por qué en un barco? Porque era buena idea descubrir que se oculta a bordo un laboratorio secreto para investigar el virus demoníaco. Lo que viene siendo rizar el rizo. Nos resulta curioso que tenga bastantes similitudes con el videojuego Resident Evil: Revelations (2012), pese a que Balagueró afirma que no lo jugó.

El director, que quería que cada película fuera diferente entre sí, se alejó por completo de la tensión o el humor negro de sus predecesoras y se decantó por un estilo más cercano a lo que se podría catalogar como acción y aventuras. Por lo que decimos adiós a una Ángela Vidal vulnerable y asustada, y damos la bienvenida a la nueva Lara Croft española (solo que más gore y sádica).

Si bien técnicamente tiene una fotografía y una calidad notable, ese ritmo frenético de acción satura, llegando incluso a marear con una sucesión de planos con cámara en mano con un montaje de corte al segundo. De hecho, las escenas que mejor funcionan y más tensión aportan son aquellos planos fijos y prolongados de los pasillos del barco (recordando incluso a Alien, el octavo pasajero).

Se complica todo aún más con un guion que navega sin rumbo, creando varios agujeros y dando otro giro innecesario a la saga: pasamos de lo que parecía una infección zombie a una posesión demoníaca, y ahora se convierte en un parásito que salta de huésped en huésped según le place. ¿En qué quedamos?

Titulándose ‘Apocalipsis’, todos esperábamos ver cómo se desataba el fin del mundo por las calles de Barcelona, pero como cierre a una saga memorable nos volvieron a encerrar en un sitio claustrofóbico, con las peores interpretaciones de las cuatro cintas y con un final muy decepcionante que, considerado por muchos, nunca debió haberse filmado.

Sabemos que fue un rodaje muy duro, ya que al grabarse en un barco real contaban con un espacio muy limitado e incluso peligroso. Tampoco podemos quitarle mérito a Manuela Velasco, que en pleno noviembre rodó la escena final del mar, en tirantes, en una piscina con olas de hasta 3 metros. Pero tenemos un final de una muy buena saga que no funciona y que quedará en el olvido de todos los amantes de [•REC].

Guste más o menos, no se puede negar que [•REC] introdujo, a su peculiar manera, el estilo de falso metraje encontrado en España. Plaza y Balagueró se encargaron de reinterpretar un marco muy concreto, que venía de fuera, y lo hicieron nuestro. Con presidentes de la comunidad y con bodas horteras. Y se encargaron de innovar desde la propuesta inicial que marcó la original en 2007. Aunque la película de cierre no esté a la altura, la saga quedará como un hito de culto para los amantes del género.

 

Nana Medina (@KowaiNana)

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