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Que Dios nos perdone: Sorogoyen sube a Primera División
4 min

 

Entre los sudores de un duro verano en la capital y la resaca del 15M, Madrid se prepara para recibir al Papa. Un asesino en serie anda suelto, y dos policías, Roberto Álamo y Antonio de la Torre, con caracteres y formas de trabajar muy distintas, son los encargados de capturarlo. Tras el éxito de la pequeña Stockholm, Rodrigo Sorogoyen saltó a la primera división del cine español con este thriller con aroma a cine negro que consigue atrapar al espectador mientras construye una imagen de una ciudad –y por extensión país e incluso mundo- en clara decadencia moral y social.

El propio contexto en el que sitúa la acción genera una sensación de urgencia y cuenta atrás que, al combinarse con un fatalismo que acompaña a la película en todo momento y al papel más protagonista que de escenario que sume la ciudad de Madrid, remite a las formas tradicionales del cine negro. Sorogoyen combina con buen criterio los elementos noir con los del thriller, conformando una obra vibrante y oscura que consigue mantener enganchado en todo momento al espectador y, además, meterse debajo de su piel provocándole un desasosiego que permanece una vez finalizada la película.

Una efectiva combinación de planos generales y primeros planos, junto a una tenue banda sonora que se acelera o relaja según los momentos de mayor o menor tensión, hacen de Que Dios nos perdone una película opresora y asfixiante. Incómoda y molesta, lo que es una victoria cinematográfica para una película de estas características. El guion, a pesar de alguna subtrama que se puede alargar demasiado para lo que aporta, acierta al arrojar al espectador de lleno a la trama e ir dosificando la acción de manera que se mantenga la tensión.

Y luego está el reparto. Antonio de la Torre y Roberto Álamo lo encabezan dando vida a una pareja de policías que son prácticamente lo opuesto el uno del otro. El personaje de Álamo, con el que ganó el Goya, es hablador y tiene problemas para controlar su carácter, llegando a la violencia en varias ocasiones, mientras que el de Antonio de la Torre es más callado, muchas veces por una tartamudez que le impide expresarse tal como le gustaría, analítico y riguroso a la hora de trabajar. Javier Pereira compone un villano fascinante; su personaje, del que se habla toda la película, solo aparece al final, y el actor es capaz en pocos minutos de encarnar y dotar de personalidad a alguien del que se lleva hablando desde el principio. El actor se sometió a una exhaustiva preparación física para el rodaje, creando un malo tan fascinante que mantiene el tipo interpretativo ante dos titanes de esto como de la Torre y un torrencial Álamo.

Con esta película Rodrigo Sorogoyen se confirma como un director a seguir, aprobando con nota el salto de una película más intimista y con pocos medios a un proyecto más grande con actores famosos y que requiere dominar una mayor variedad de registros (escenas exteriores, con muchos extras, de acción,…) y a la vez combinarlos en el montaje. Que Dios nos perdone se estrenó en unos meses especialmente prolíficos para el thriller español, destacando Tarde para la ira y El hombre de las mil caras, y consiguió tanto ser asociado a ese notable grupo como distinguirse de él. Sorogoyen asciende así a primera división; como muchos de los equipos que han pasado por lo mismo estarán de acuerdo, lo verdaderamente complicado es consolidarse allí.

 

Carlos Pintado (@CarlosPM76)

1 comment

  • Alberto

    Muy buena crítica, comparto la idea de que la película se puede identificar como cine negro, teniendo personajes con una personalidad muy característica y oscura.

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