Estás leyendo:
Por qué es bueno que hablemos mal del cine español
6 min

Por qué es bueno que hablemos mal del cine español

cine-español-mal-cine-con-ñ

Hablar mal en público de alguna película o serie española es injusto y dañino. Igual es admisible que te metas con lo que hacen Atresmedia y Telecinco, pero del resto es mejor no decir nada negativo abiertamente, aunque lo pensemos. Son ideas y actitudes de cierto consenso para opinar en redes sociales, tanto en el sector audiovisual español como en parte de nuestra prensa cinematográfica. Pero es hora de discutirlas. Hablar abiertamente mal del cine español -sobre lo que vemos en pantalla, no de sus subvenciones- puede acabar siendo más positivo para todos que no hacerlo.

Hay varias razones para tomar este camino públicamente acrítico con el cine español en medios y en el sector. La más humana -y, por tanto, más éticamente ambigua- es que casi todos nos conocemos. No somos tantos si juntas a la gente que trabaja activamente en la industria con los que se (nos) dedican (mos) a informar y/o a hablar de ella. Parecer ser casi de mal gusto criticar lo que ha hecho una persona que es amiga/o, que conoces, con la que trabajas o con la que potencialmente puedes trabajar en algún momento, ya sea en un rodaje o haciendo un reportaje.

Si sólo te expresas en términos positivos hacia las películas que sí te gustan consigues más atención y visibilidad de los responsables y sus seguidores

En mercados laborales tan competitivos y precarios como el audiovisual y el mediático es casi cuestión de supervivencia no perder opciones por un comentario negativo. Por eso se toman precauciones a la hora de exponerse y pesa en la cabeza darle al botón de publicar, sobre todo si tienes la posibilidad de comentarlo en un corrillo en vez de en un tweet, Si sólo te expresas en términos positivos hacia las películas que sí te gustan, además de no contribuir al habitual clima de crispación en redes, consigues más atención y visibilidad de los responsables y sus seguidores. Eso que te ahorras y ganas, piensan.

Otra razón para autocensurarse rima con esta última. Hacer una película -especialmente- o una serie hoy en España es una empresa muy difícil. Escribir el guion, reunir los recursos económicos, encajar y hacer realidad el rodaje o hacer toda la pre y posproducción son trabajos que pueden llevar años el poder completarlos. Unos esfuerzos enormes, con muchas trabas, para que finalmente el resultado sea tangible y que alguien la pueda ver en el cine o en su casa. Nos dicen que estas dificultades tan grandes, si acaban recompensadas en algo que podamos ver, merecen un respeto que no se puede destruir con una opinión.

Pero estos motivos, aunque puedan ser de alguna manera legítimos a la interna del sector, no son suficientes y pueden resultar hasta contraproducentes. Siempre que sea en términos respetuosos -algo que no es característico de la opinión en redes, es cierto-, tenemos que poder decir en los medios y en el sector si una película española no nos ha gustado nada abiertamente. No hacerlo, aunque nos quite de problemas, contribuye a cierta sensación generalizada de condescendencia y conformismo con nuestro cine que acaba siendo perjudicial. Callarse implica aceptar, a veces, que no podemos hacer las cosas mejor.

Si nos decimos que el cine español no es un género no podemos tratarlo de forma diferente al resto

Decir abiertamente que consideras que una película está mal hecha o que hay cosas que no te gustan de ella aporta también valor a nuestra cultura. Contribuir a la salud de una parte de la cultura española no es sólo aplaudir, valorar y señalar lo que merece atención. Es también decir sin miedo y con respeto que algo no merece una palmadita en la espalda. Las opiniones negativas no sólo destruyen: pueden crear valor crítico a las que las lee/ve y, por tanto, pueden contribuir a que se hagan mejores películas. Si todos sentimos que la exigencia es alta, los creadores también la sentirán -sí, están entre nosotros- e intentarán hacer mejor su trabajo. Vale para todos, y el audiovisual no puede ser una excepción sólo por el hecho de estar expuesto a alguien que mira.

goya-2-cine-con-ñRecepción a los nominados de los Premios Goya 2018. Foto: Wikimedia

Si nos decimos que el cine español no es un género no podemos tratarlo de forma diferente al resto. Es importante tener en cuenta que no es lo mismo meterse con la última de Marvel que con lo que ha hecho una pequeña productora extremeña, pero sería saludable que todos fuéramos capaces de proporcionar y absorber un grado de crítica sobre lo que hacemos en nuestro país. Es eso lo que da a todos los profesionales el grado necesario de credibilidad y peso ante el público, libre de ataduras con respecto al cine español y que a veces se aleja ante ciertas dinámicas vacías de una cierta dosis de conflicto.

La valoración de una película no se puede entender sólo en términos de marketing. Salgamos un poco de la lógica, algo antigua, de que una crítica positiva o negativa de una película se cuenta en más o menos entradas. Hace tiempo que la crítica o una valoración en redes sociales ha dejado de tener el efecto de arriba hacia abajo. Lo importante es hablar de las películas y las series que se hacen aquí, y no cortar dinámicas para crear conversación online, que es una de las claves para que lleguen a la gente. Fue lo que sucedió, por ejemplo, con la serie documental El caso Alcàsser. Salieron tanto artículos como valoraciones en redes a favor o en contra del tratamiento de la serie, y se mantuvo dentro del ágora durante bastante tiempo con el preciado estatus digital de «algo de lo que todo el mundo habla».

Aprendamos a construir sin ocultar diferencias o elementos problemáticos

Si aseguramos que necesitamos educación audiovisual en los colegios no podemos pretender que sirva sólo para conocer y apreciar grandes películas. También tiene que dar herramientas de análisis profundas sobre el cine que nos rodea y para ponerlo en discusión constantemente. Las opiniones y los juicios subjetivos están influenciadas por cientos de factores, pero una sociedad madura audiovisualmente es también aquella en la que ningún objeto cultural es sagrado y todo es susceptible de ser debatido. Es un paso en la buena dirección asumir el juicio negativo con normalidad en un ecosistema más horizontal y diverso como es el de Internet. Todos estamos expuestos en un entorno digital en el que también somos algo analfabetos. Aprendamos a construir sin ocultar diferencias o elementos problemáticos.

 

Arturo Tena (@artena_)

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.