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Polémica con ‘Antidisturbios’: El madero de Schrödinger
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Polémica con ‘Antidisturbios’: El madero de Schrödinger

Activistas y sindicatos policíales rugen en redes y medios de comunicación con la serie de Sorogoyen, ¿blanquea a la Policía o la denigra?

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Para algunos sindicatos policiales «mancha» a las UIP -Unidades de Intervención Policial, el nombre oficial de los antidisturbios-. Para activistas y medios más a la izquierda «blanquea» la violencia policial y la justifica. ¿Es posible que una misma serie pueda hacer las dos cosas a la vez? Al parecer, si hay alguna, esa es Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen.

Tanto Movistar+ como la productora Caballo Films o el mismo Sorogoyen y sus coguionistas Isabel Peña y Eduardo Villanueva están guardando un escrupuloso silencio sobre el tema mientras se suceden las críticas en medios o los comunicados de prensa y exabruptos varios en redes sociales de rigor. Además de artículos como este, claro, sabiendo que cualquier polémica con antidisturbios por medio puede ser una fuente de visitas.

Pocos opinadores parecen haber consultado las entrevistas en las que el director y su coescritora han explicado el proceso de documentación y las decisiones de realización tomadas para reflejar el mundo de las UIP. Sorogoyen y su equipo sabían que el espectador podía partir de un prejuicio muy grande -en contra- y querían un producto que no juzgase a sus protagonistas. No un panfleto como El rey tuerto, ni tampoco propaganda. Un thriller sobre corrupción que incomode a un público al que jamás se infantiliza.

 

Estrategia de campaña sindical

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Las reacciones de los sindicatos policiales comenzaron a raíz de un tweet de uno de ellos, relativamente minoritario, JUPOL. Automáticamente JUSAPOL, organización prima-hermana, respondía sumándose a esta censura.

Pero la clave la daba el segundo tweet, en el que se mostraba una captura de pantalla de los agradecimientos al final de los créditos de la serie. En los mismos se menciona a varios sindicatos policiales, entre los que no figura ninguno de los dos anteriores, además de la Dirección General de la Policía (DGP).

Este tweet y las reacciones subsiguientes y habituales en redes sociales provocaron la publicación de una nota de prensa por parte del Sindicato Unificado de la Policía (SUP), precisamente uno de los que recibía agradecimientos de la de Dirección de Arte de la serie.



Parece, entonces, que está polémica con Antidisturbios se deba más a una competición electoral entre diferentes sindicatos dentro del cuerpo por presumir de quién «defiende» más al Cuerpo, en el que JUPOL y JUSAPOL han decidido tomar la vía de la victimización frente a sus rivales.

Cabe preguntarse, desde el respeto a las posturas políticas de cada sindicato, qué «mancha» puede haber en representar a los agentes de la Policía Nacional como humanos con sus fallos y aciertos, siendo algunos honrados y otros no tanto. De hecho, si en la serie se desvela una trama de corrupción es precisamente porque existen agentes, de la UIP y de Asuntos Internos, honrados y comprometidos con la limpieza de su labor.

 

Explicar no es justificar

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La acusación desde el otro lado del espectro, la otra esquina del ring o, simplemente, desde quiénes consideran que nunca jamás se debe hablar «bien» de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado viene a argumentar que no se refleja la violencia policial en toda su crudeza y que al presentar a los agentes como personas con familia, conciencia y preocupaciones se está «blanqueando» a los mismos.

Esto no deja de ser paradójico, puesto que, como comentábamos al inicio, parece bastante difícil que una serie criminalice a un colectivo y al mismo tiempo lo blanquee presentándolo como ejemplar. Las críticas parecen referirse a dos secuencias concretas, que muestran a los protagonistas actuando en un desahucio y en una manifestación antirracista, observando toda la operación desde su punto de vista.

¿Tan «blanqueante» puede ser la certeza de que los policías en general y los de las UIP en particular son personas con miedos, flaquezas y preocupaciones propias, y que en una carga no actúan por maldad pura sino por una serie de circunstancias muy complejas que en ocasiones escapan a su control?

¿Una opinión presuntamente progresista puede estar tan asustada de la existencia de matices que cualquier insinuación de que los colectivos que para ella son un lugar común criminalizar están compuestos con seres humanos la indigna?

Si una lección se puede extraer de esta polémica, bastante absurda pero que probablemente ayude a la promoción más que merecida de la serie, una de las mejores producidas en nuestro país, es que muchas veces se adoptan posiciones no valorando lo que un tema es, sino lo que cada cuál necesita para definirse a sí mismo.

 

La serie que es y la que quieres que sea

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Parece como si en esta polémica con Antidisturbios a los analistas culturales de una esquina y los sindicatos policiales del otro les diese igual el contenido de la obra de Sorogoyen y compañía, y simplemente deseen utilizar un producto exitoso para amplificar mensajes que ya tenían preparados desde antes.

No es nuevo ni culpa de las redes sociales, Donald Trump o el partido político que a usted le caiga peor. En realidad siempre se ha opinado así, juzgando las productos culturales por lo que nuestros intereses necesitan que sean y no por lo que nos proponen realmente. Para presentarse al diálogo no deseando escuchar ni construir, sino definir una identidad que pretendemos levantar y proteger a cualquier precio.

Para combatir eso es precisamente para lo que sirven la cultura y las ficciones valientes: para recordarnos que el mundo es un lugar complejo en el que no existen la pureza ni los compartimentos estancos, y que a veces defender lo correcto implica admitir que ni tú eres tan bueno ni quienes crees tus contrarios tan malos. Y que siempre hay alguien que se aprovecha de esa división y la fomenta para seguir ocultando los verdaderos problemas de una sociedad.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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