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Para toda la muerte: Los Compadres se hacen mayores
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Referentes de la comedia andaluza reciente, Los Compadres (Alfonso Sánchez y Alberto López) llevan más de diez años haciéndose hueco en la ficción española. Sus famosos arquetipos del Cabesa y el Culebra / Rafi y Fali pasaron de cortos virales en Youtube a ser los protagonistas de El mundo es suyo, una película de Atresmedia y distribuida por Warner. Desde abajo hasta lo más alto. Su mezcla de humor popular local con una acertada crítica social daba con la tecla de la España de la crisis y se convirtió en un fenómeno. Tras el pinchazo en taquilla de esa última película, ahora la pareja deja de lado a los personajes que les dieron la fama en Para toda la muerte. Un proyecto pequeño, bastante menos divertido, pero más maduro.

Esta nueva película nos presenta a José Vicente (Alberto López), un hombre que aprueba por fin la oposición para ser funcionario. Pero hay un error administrativo: en realidad es el primer suplente, otro se ha quedado con la plaza. Desesperado y culpable, el opositor decide acabar con la persona que le ha quitado el puesto. En un mercado laboral cada vez más precario e inseguro seríamos capaces de matar por un trabajo fijo que nos permita hacer planes de futuro (una casa, casarnos, hijos…). Hasta ese punto hemos llegado, nos dicen en Para toda la muerte.

Pese a los prólogos y epílogos explicativos, la historia, escrita esta vez por Ana Graciani, incorpora con originalidad un tema que encaja en la idiosincrasia de los guiones anteriores de Alfonso Sánchez. Con ese planteamiento general en la cabeza se va desplegando una historia que va paulatinamente quitándose de encima esas lecturas sociales para jugar en el terreno de la pura comedia negra. Aunque las líneas de diálogo se queden bastante lejos de la frescura andaluza de los anteriores trabajos de Los Compadres, Para toda la muerte defiende una función coral entretenida y solvente.

Alfonso Sánchez demuestra que ha crecido como director: sin los clásicos diálogos de Los Compadres como ancla -algo que quizá habría necesitado esta película-, construye comedia física resultona con una buena puesta en escena, ritmo alto y convincente dirección de actores. Es suyo mucho del mérito de que la película no caiga presa de un guion sin mucho brillo y poco verosímil. Incluso en las situaciones más teatrales se maneja para no perder el pulso de la narración y resolver sus variados homenajes berlanguianos. El cineasta sevillano está listo para ponerse detrás de la cámara en cualquier proyecto que se le ponga por delante.

Sánchez le entrega inteligentemente la función a su compadre, Alberto López, que está en casi todo momento en plano. Las caras de sufrimiento y desconcierto del actor son sobre lo que pivota Para toda la muerte para mantenerse a flote, y López da siempre la talla como hombre que se ha autoimpuesto un camino de progreso con el que no sabe ser feliz. Junto a él, y más allá de la ya clásica troupe de El mundo es nuestro, destaca Estefanía de los Santos en un papel visceral al que sabe cogerle el punto sin caerse del alambre.

Los Compadres se han hecho mayores. El talento para la dirección (Sánchez) y la interpretación (López) ha ido puliéndose, y ahora lo pueden usar en propuestas que se salgan de la línea que los hizo triunfar. Para toda la muerte es una película que se queda lejos del atrevimiento y el desparpajo de su cima (El mundo es nuestro), pero que se eleva lo suficiente por el alto nivel de estos dos profesionales. Y eso es así.

 

Arturo Tena (@artena_)

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