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Padre no hay más que uno 2: multiplicar sin números
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Padre no hay más que uno 2: multiplicar sin números

La acumulación de algunos aciertos de la primera parte no consigue tapar el hecho de que esta secuela se queda sin ningún tema de fondo que satirizar

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Nadie tiene más experiencia en España que Santiago Segura en esto de estirar el chicle. El director y actor ha dominado las continuaciones -una estrategia comercial poco valorada en Europa pero sin complejos fuera- a base de éxitos, demostrando que podía hacer hasta cinco películas sobre un personaje como Torrente y que se perciba como natural que pueda haber una sexta. Ahora vuelve a probar en la secuela con Padre no hay más que uno 2, que repite en versión familiar la fórmula que ya puso en práctica en Torrente 2: Misión en Marbella: si os gustó algo de la anterior, os lo voy a dar multiplicado por tres sin darle muchas vueltas. Y el resultado se resiente.

La trama de Padre no hay más que uno, reciclada de una película argentina, era bastante sencilla. La madre de una familia numerosa se va de vacaciones sola y el padre se mete en muchos líos tratando de gestionar a sus hijos hasta su vuelta. Del punto A al punto B. En Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra la estructura pretende ser algo más compleja y diversificada, pero eso complica también que salga bien. Aunque hay dos novedades principales que vehiculan la película (un nuevo hijo y la suegra), Segura se esfuerza por introducir novedades y pequeñas subtramas dentro de la historia, sobre todo centradas en los pequeños.

El principal problema de esta secuela en realidad es que todos esos esfuerzos argumentales buscan compensar el hecho de que no tiene nada concreto que satirizar. El trasfondo crítico que había en torno al personaje de Javier (Segura) -el rol ausente de los hombres en las labores de cuidados- está prácticamente desactivado en esta segunda parte con él ya «rehabilitado». Sí, Javier sigue siendo un poco obsesivo, torticero y mentiroso porque si no no habría película, pero ya no existe un juego con un gran tema social de fondo, que es una de las características clásicas del cine cómico de Segura. Pese a los esfuerzos de introducir referencias a problemas de nuestra época como el del cuidado del medioambiente, ninguna referencia es orgánica a la historia.

Esta carencia se suple sobre todo haciendo muy protagonistas a los hijos de la familia, con aún más presencia y chistes que en la primera parte. Las secuencias y gags sólo con «mayores» en Padre no hay más que uno 2 están reducidas al mínimo, mientras que se les da un rol casi omnipresente a las ocurrencias de los más pequeños. Lo que en la original era la frescura clave para que funcionara el conjunto y una forma de explotar la vis cómica de Segura como réplica en apuros de los niños, aquí sus chistes y secuencias se suceden uno detrás de otro. Una acumulación que puede hacer las delicias del público infantil, pero resta algo más de lo que suma a nivel humorístico.

Es verdad también que lo que hace de esta película una secuela sin tema, dispersa y algo excesiva en su búsqueda del abrazo familiar, no la hacen desastrosa si se la ve como comedia por separado. Segura sostiene la nada con ritmo risueño y oficio hasta la mitad de la película, y cuando la dinámica de los niños va decayendo aparece el personaje de Loles León para salvarlo todo: una suegra perfecta que le da a todas las secuencias una energía extra que te acaban llevando hasta un final digno y con un simpático giro de guion de guinda.

La valentía de estrenar una película tan grande en cines con la que está cayendo, que es enorme, no debería distraernos del producto final que se va a ver en el cine. Padre no hay más que uno 2 lo fía todo a multiplicar algunos de los aciertos de la primera parte, pero esta vez no tiene números reales con los que hacer la cuenta. Segura pierde una de sus señas de identidad (la crítica social de fondo) y la suple con un oficio cómico que será suficiente para que la película funcione en taquilla -especialmente entre el público más pequeño-, pero que deja sabor a poco.

 

Arturo Tena (@artena_)

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