Estás leyendo:
Ola de crímenes: había mimbres para algo más
3 min

 

Había ganas de ver Ola de crímenes. Un reparto de mucho calibre a las órdenes de Gracia Querejeta en una comedia negra. Suena bien. Y sin duda proporciona una ración suficiente de risas y entretenimiento. Pero había mimbres para algo más. Al final estamos ante una película que no consigue nunca ir más allá del carisma y el buen hacer de sus intérpretes, lo cual no es necesariamente malo, pero sí, para entendernos, poquita cosa.

El punto de partida (Maribel Verdú se encuentra en el medio de una serie de sucesos y tendrá que ir improvisando para evitar salir mal parada del asunto) tenía varios temas que podían haber sido explotados. La situación de la mujer, la corrupción, especialmente relacionada con las grandes constructoras, y una precariedad de fondo que hace a los personajes buscar formas de prosperar en la vida fuera de la legalidad, la moralidad, o ambas. Pero el guion no los desarrolla. Estos temas ejercen de paisaje (como mucho), de manera similar a lo que comentábamos hace una semana en la introducción a nuestra crítica de El reino. Un mayor desarrollo de estas cuestiones no habría hecho automáticamente a Ola de crímenes una mejor película, signifique esto lo que signifique, pero sí que habría aportado más capas y riqueza al conjunto del film, que termina siendo tan fácil de consumir como de olvidar.

Esta incapacidad de la película de ofrecer algo más hace que con el paso de los minutos vaya perdiendo fuelle, culminando en un final sin chispa que por otra parte era el necesario –y el anticipado- dada la estructura narrativa elegida. A los personajes se les van viendo las costuras según avanza el metraje, por eso al final dejan mejor sabor de boca las tres o cuatro escenas de Raúl Arévalo o Nora Navas que el trabajo de Juana Acosta y Paula Echeverría, que tienen más protagonismo y lo hacen bien, pero tienen unos personajes tan planos que te dejan de importar a mitad de la película.

Lo más interesante seguramente sea el cambio de roles hombre mujer que se ve en algunos momentos del film. No son los hombres quienes llenan los oídos de las mujeres con palabras bonitas para usarlas en su beneficio, sino al contrario. Tampoco hay una gran reflexión al respecto, pero ya la propia representación normalizada de algo así tiene su puntito transgresor y diferente. Seguramente el único de una película que tiene grandes dificultades para conseguir ser algo más que la suma de sus partes, cosa que de hecho no consigue.

En definitiva, había ingredientes para algo más, a pesar del innegable buen rato que hace pasar. Ya sabemos de sobra que actores y actrices de la talla de Maribel Verdú, Juana Acosta, Paula Echevarría, Antonio Resines, Javier Cámara o Raul Arévalo son capaces de llenar la pantalla y de resultar muy efectivos en la comedia (de Miguel Bernardeau igual no, por una cuestión de edad, pero es sin duda un grato descubrimiento, casi incluso lo mejor de la película). Pero, nuevamente, Ola de crímenes no consigue ir más allá. Sin duda a Gracia Querejeta le sientan mucho mejor sus propios proyectos.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.