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No matarás: una bendita locura, una fiesta terrorífica
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No matarás: una bendita locura, una fiesta terrorífica

Un destacable Mario Casas protagoniza este drama familiar convertido en pesadilla terrorífica. Un entretenimiento estimulante

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En este año 2020, aciago para casi todos, Mario Casas ha presentado tres películas y en todas ellas su trabajo actoral es destacable. Tras las producciones de Netflix Hogar (Alex Pastor & David Pastor) y El practicante (Carles Torras); estrena No matarás, segundo largometraje del director David Victori tras El pacto, donde da vida a Dani, un joven apocado y tímido que tiene que sobrellevar la pérdida de su padre.

El cineasta nos presenta al personaje de espaldas, con un seguimiento en plano secuencia (pretexto de lo que el espectador tendrá que hacer durante toda la película; ir detrás de los pasos de Dani) abstraído siempre en la música de sus cascos, fuera del mundo que le rodea. En estos primeros compases, la película posee tintes amables, su composición visual es clásica para adentrarnos en la vida anodina, cotidiana y vacía de Dani; y la relación afectiva con su hermana (Elisabeth Larena), la cual se establece como su única conexión con el mundo real.

Debido a esa puesta en escena y al planteamiento de las situaciones se intuye que estamos ante un drama familiar; pero la catarsis emocional del protagonista, junto a los cambios de tono y de propuesta narrativa llegarán al caer la noche. Porque en la oscuridad todo se transforma, el poder hipnótico de la noche convierte el drama familiar amable en una pesadilla con tintes terroríficos.

Los planos contra planos de No matarás se tornan en cámaras en mano girando alrededor del protagonista, los tonos pasteles de la fotografía dan paso a tonos rosas, violetas y morados; y toda esta transición se presenta por un único motivo: la presencia de Mila (magistral debut de Milena Smit), una especie de femme fatale de barrio, tan inestable como sensual, capaz de cautivar y manipular con la misma mirada.

Así, Dani entra de lleno en ese ambiente de perversión al que Mila le arrastra y donde no habrá marcha atrás, porque cada decisión que toma le encierra más en la cueva a la que no sabe ni cómo ni porque ha llegado. Dani vivirá su particular “¡Jo, qué Noche!” en la ciudad de Barcelona, pero de una manera mucho más visceral, salvaje y sangrienta que la que pasó Griffin Dunne en la película de Martin Scorsese.

El enfoque de la cámara se distorsiona, al igual que la visión del protagonista ante el torbellino de alcohol, gritos y problemas. Aún así, es en esta atmósfera de música electrónica y luces de neón donde los intérpretes se encuentran más cómodos, mostrando su cara más frenética, el cineasta rompe con los códigos narrativos y se desenvuelve dentro de una noche de desenfreno, ofreciendo un entretenimiento estimulante sobre cómo puede complicarse la vida en un instante por una cascada de malas decisiones.

Cada obstáculo para salir de la profunda boca del lobo en la que se encuentra son cada vez más rocambolescos, y se puede considerar que a Victori se le va la mano en los últimos giros de guion, pero el tratamiento formal y estilístico de la propuesta demanda eso mismo. No matarás es una bendita locura, con un ritmo en constante aceleración, una fiesta terrorífica a la que el protagonista es invitado y accede sin saberlo.

 

Pablo Vergara (@BonaseraPablo)

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