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Moira: errado intento de reparación
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Al escribir sobre la reciente Vitoria, 3 de marzo, de Marcos Cabaco, hablábamos de cómo el cine podía servir para cuestionar el relato oficial y sacar a la luz hechos que habían quedado relegados a un lugar profundo y poco accesible del cajón de la historia. En la más reciente aún Longa noite, el gallego Eloy Enciso combina textos literarios con cartas de presos para componer una imagen de la posguerra civil. Dos ejemplos entre los muchos posibles sobre cómo integrar hechos históricos en una película de ficción.

Moira también utiliza como base hechos históricos, en este caso la dictadura militar argentina de los 70 con sus eufemísticas desapariciones. Partiendo de las vivencias del propio director, Daniel Lovecchio, aborda los hechos desde el ángulo de un joven opositor de la época que se ve obligado a exiliarse a España, donde 30 años después recibe una noticia que lo vuelve a conectar con un pasado que por otra parte nunca fue capaz de enterrar. Un diálogo entre el pasado y el presente a partir de flashbacks hasta que en un momento ambas líneas temporales se encuentran para intentar cerrar cuestiones que no quedaron resueltas.

El planteamiento de Moira está claro y podría ser una interesante película sobre el peso del pasado y cómo hay hechos que no puedan superarse pase el tiempo que pase –por seguir con las comparaciones recientes aunque cambiando de registro, lo que plantea Rodrigo Sorogoyen en Madre-. Pero eso no es lo que acaba ocurriendo con esta película. Ni el guion ni la puesta en escena consiguen construir situaciones que resulten cinematográficamente potentes y que tengan trascendencia más allá de por los hechos que cuentan.

Todo en Moira –personajes, situaciones, tramas secundarias- se siente artificialmente creado para llegar a un final que redondee el arco dramático de los personajes. Es posible que a Daniel y Nerea Lovecchio, director y guionista, padre e hija en la vida real y en la película, les haya faltado perspectiva ante unos hechos tan dolorosos que han vivido tan de cerca. Pero lo cierto es que la película no consigue nunca ir más allá de la crónica particular de cómo unos terribles sucesos históricos afectaron a unas personas determinadas. Cine reparador en sus intenciones, pero pobre en sus resultados.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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