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Mira lo que has hecho: Es que lo bueno no lo contamos
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Mira lo que has hecho: Es que lo bueno no lo contamos

Termina tras tres temporadas la serie de Berto Romero, que nos dice que lo mejor es lo de siempre pero dándole menos drama

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Mira lo que has hecho, la serie de Berto Romero para Movistar ficcionaliza -no sabemos hasta qué punto- la vida del cómico para presentarnos la aventura de la paternidad y el paso definitivo a la edad madura del propio Berto y su pareja en la ficción, Sandra. En tres temporadas de 6 capítulos los vemos pasar de embarazados primeros a veteranos de Vietnam con tres fieras incontrolables mientras las circunstancias de su vida evolucionan en consecuencia. 

Bueno, es difícil hacer spoilers. Berto es Berto, pero a veces un poco descafeinado y recordándonos que no es él, que es su personaje. Y al final todo acaba bien, porque se quieren mucho, y ser mamá y papá, aunque se sufra, es muy bonito. A veces los mayores se van, y eso es muy duro. Y siendo el personaje y actor protagonista también el productor y jefe de guión de la serie, se juega a la metaficción y existe una serie dentro de la serie. Y pasan cosas mazo graciosas. 

 

Humor para lechones. Lechón 1

 

Hace la pila de años, allá por 2007, fíjense que España todavía ni había ganado el Mundial y solo los militantes de las Juventudes Comunistas normalizaban el insulto a Pablo Iglesias, Berto Romero debutó en la televisión nacional en Buenafuente, el programa de Andreu Buenafuente en La Sexta, interpretando el papel del sobrino del susodicho. Era Berto, como ahora, más o menos el mismo personaje, pero más joven. Saludaba a Buenafuente con dos besos al entrar en plató, lo llamaba ‘tito’ y le daba recados en directo. Que dice la mama que si vienes mañana a cenar o no. Y si te traes a la novia esa que dicen que te has echado. Tata Golosa. 

De esto a veces tampoco nos acordamos porque nuestros cerebros están lleno de información sobre Bad Bunny, la unidad de España y focas haciendo la croqueta, pero más o menos la percepción fue que Berto, que hacía el papel de cómico más joven y cafre (el mismo rol que luego han heredado David Broncano o ahora Miguel Maldonado), le estaba tomando el relevo a El Follonero. Porque aunque se independizó en 2008 durante varios años, Jordi Évole siguió siendo El Follonero y nos pasamos unas pocas temporadas llamando a Salvados “el programa del Follonero”. A ver si nos creemos que Buenafuente le puso Buenafuente al primer programa porque no se le ocurría otra cosa. Si a Late Motiv lo seguimos llamando “lo de Buenafuente”. Y La Resistencia es “lo de Broncano pero sin los otros dos”. 

Constatar que, 15 años después del salto “a Madrid”, Buenafuente es historia de la televisión y de la comedia española con una influencia que se expande más y más me hace recordar a aquel conocido oriundo del Condado de Barcelona que me dijo, circa 2005, que creía que se la iba a pegar. Que el humor “del Andreu” (sic) era “muy de la tierra, muy irónico” y no se iba a entender “en España” (sic). Le mando desde aquí un afectuoso saludo, el mismo que reservo para todos los periodistas que llevan años criticando a Gerard Piqué por cualquier chorrada y dentro de poco trabajarán para él. 

Como muchos otros cómicos de su generación, Berto se dedica a interpretar una especie de versión exagerada de sí mismo. Mira lo que has hecho está directamente emparentada con otras series recientes del acervo patrio, como la -en su momento- pionera ¿Qué fue de Jorge Sanz?, El fin de la comedia -la serie que llevó a Ignatius Farray a los Emmy, por el amor de Chicho- y El último show. La diferencia estriba en que aquí el protagonista que se autoparodia es también el productor y guionista principal del sarao. Es decir, estamos ante “la serie de Berto”, y de hecho dos de las tres escasas temporadas que finalmente ha tenido juegan con la idea de parodiar eso. De recordarnos que “no soy yo, que es mi personaje”. 

En Algo muy gordo, de Carlos Padial, también producida por él mismo, ya jugaba a interpretar a ‘Berto’, igual que en la mucho más despendolada El pregón junto a Buenafuente y con otros personaje parodiaban su estatus de dúo cómico. Sobre su participación en Ocho apellidos catalanes no vamos a comentar nada, tan solo desear que fuese a cambio de una morterada de pasta tan indecente que el hecho en sí de mencionar la cifra resulta vergonzoso. Otra explicación lógica no hay.

 

Lechón 2: lechones youtubers, lechones de Ozores

El Berto de Mira lo que has hecho es el mismo de siempre, pero un poco menos cafre que en su consultorio o en Algo muy gordo. Tiene momentos en los que sí, pero fundamentalmente es una serie tierna que se permite quiebros de metaficción como el cierre del capítulo 2×06, con el protagonista en el plató de la serie dentro de la serie, exactamente el mismo decorado que vemos cuando está “en casa”, y la cámara abriendo y cerrando ángulos para jugar con “dónde” estamos en cada momento. 

Romero se permite, en pleno desenfreno de autoparodia, hasta explicarse a sí mismo un poco, cuando nos muestra la fallida actuación en un teatrillo en la que conoce a Sandra que cierra con petardos y fuegos artificiales, algo “rompedor y naïf a la vez”. Una broma que provoca el parto adelantado de la amiga de Sandra, en paralelo a la complicada adolescencia del bebé en la actualidad, convertido en un youtuber que le pega bocinazos a las abuelas de sus rivales. “No lo podemos entender porque es otra generación. No hay fórmulas magistrales para la comedia”.

El padre de ‘Berto’, alcohólico, pasota y más políticamente incorrecto que José Antonio Camacho comentando la marcha del Orgullo en Río de Janeiro, frente al sobrino postizo youtuber, encajan muy bien, generacionalmente, el discurso de la serie. Ese nicho de edad en que reposan los suscriptores de Movistar actuales y prescriptores culturales tipo Vallín o los Todopoderosos. Los X a los que pertenece Berto y los millennials tempraneros donde estaría Eva Ugarte, que interpreta a su mujer. Los que, se supone, en algún momento vamos a tomar el mando del cortijo, dejar de ser los adláteres de Buenafuente hasta en nuestras propias autoficciones, y no sentirnos más como Berto en la serie. Eterno hijo cuando ya es padre de tres y hasta lo llama Fiscalía a declarar.

Quizás por eso está aquí la cringe comedy, el humor incómodo que se ha convertido en el modo institucionalizado de representación de nuestra generación, por ese punto a medias entre la identificación -todos hemos dado Vergüenza alguna vez, a todos nos la ha dado alguien en algún momento- y la distancia irónica que permite. Al final Romero actualiza el argumento de comedia familiar mil veces sobado de una pareja que se inicia en la crianza y a la que todo el mundo critica y pone palitos en las ruedas pero que acaba saliendo adelante con paciencia y sali… mucho amor. 

Emparenta igualmente con estas comedias del paso a adulto para trentolescentes que, muy sanamente al menos en concepto, deciden defecar en Cómo conocí a vuestra madre -la serie que usted odia amar- proponiendo un paso a la madurez mental -porque física se suele haber alcanzado- que no esté basado en amargarse, tipo Mal ejemplo -hacerse adulto es jugar al rol en vivo haciendo trampas, escuchar a Kiss y ser Paul Rudd, así en general-.

En España tuvimos Primos, que incluía a Raúl Arévalo presumiendo de tener el teléfono de Guti. Maravilla. O “qué fantasía”, como se dice ahora. Que cuando empiezas a escribir “como se dice ahora” ya eres Berto enfrentándose al hijo youtuber de su amiga. También hay gags más bestias, que se disfrutan mucho porque surgen como una propuesta de izquierdas en un discurso de Errejón: siendo lo que a uno le han dicho que espere, pero que ha tardado tanto en llegar que sorprende y agrada aunque ahora no pegue nada con el conjunto de lo visto anteriormente. 

Así que llegamos a tener la misma coña de cuarentones yendo a ligar a una discoteca de abuelas para sentirse atractivos que en Dos hombres y medio, pero bien hecha y encima titulándola “la noche de la Iguana”. O a un Berto acusado de filonazi por un chiste descontextualizado que sufre una encerrona en un programa de televisión e incapaz de controlar los nervios acaba vomitando en los baños del set sobre un tertuliano que se estaba atizando dos rallas. Igualmente en la segunda temporada vimos a dos médicas embarazadas calculando la dósis justa de marihuana que tenían que ponerle a unos brownies para pillar el puntito sin perjudicar a los fetos. 

Al César lo que es del César, esto con Ozores no pasaba

 

Lechón 3: como Kubrick pero en grachocho

Tiene mucho que ver, probablemente, con que el final sea ese, la frase que da título a este artículo. La cuñada de Berto les hace saber que todo lo que cuentan sobre ser padres le quita las ganas de traer descendencia a este mundo. Ese sentimiento que conocemos todos de ver a gente de nuestra edad o menor lidiando con tres bestias salvajes en un restaurante y que una conocida me resumió una vez con la muy ilustrativa frase “cada vez que tengo un niño detrás en un bar puedo sentir mis ovarios colapsar sobre sí mismos”. En un momento tierno, pero tierno de verdad, Berto y Sandra confiesan que es que las cosas buenas no las cuentan. Por lo mismo que no están en la serie. Porque se las guarda para uno.

Dentro de unos años el sobrino youtuber de la amiga de Berto y Sandra que le pega bocinazos a viejas crecerá, será padre -qué le vamos a hacer, no se pide un psicotécnico- y hará también una serie o lo que se consuma en ese momento, y lo hará con otros códigos. Pero el mensaje, probablemente, sea parecido. Que es uno que no está tan mal: vas a seguir siendo un poco Peter Pan aunque la vida te madure a hostias, pero no te amargues

De últimas, la moraleja de Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, que es una referencia para traer a cuento tan buena como un discurso de Errejón: todo esto que te he enseñado tan presuntamente provocador, en el fondo es para decirte que lo mejor es lo de siempre pero dándole menos drama del que percibíamos en la generación anterior.

Algo que probablemente sea lo menos malo que se puede decir, porque la vida adulta al final consiste en seguir pedaleando sin tener ni puta idea de lo que estás haciendo, exactamente igual que como cuando eras joven, pero sin ruedines en la parte de atrás de la bici. Pero al menos se ha dicho con vomitonas sobre tertulianos flipaos.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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