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Mientras dure la guerra: el patinazo de Amenábar
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Se ha hablado mucho de Mientras dure la guerra. Sobre todo, y como ya es costumbre, por nadie que haya visto la película. Su argumento -Unamuno en la Guerra Civil- ha generado amenazas de la Plataforma Millán Astray, tweets en contra de diputados y llamadas al boicot. Todo, por supuesto, antes de que se estrenase en cines. El viernes pasado llegó el día, y por fin se puede hablar de la obra en sí, que es de lo que debería de ir esto. Y hay motivos para ponerse en contra de ella, aunque sea por unos muy diferentes a los de Juan Carlos Girauta.

Lo último de Alejandro Amenábar no se puede descartar simplemente por tratar la Guerra Civil o por sus fallos históricos, pero tampoco por ser equidistante en sí misma como se le ha achacado también. No es verdad que trate a los dos bandos por igual. Lo que se cuenta en Mientras dure la guerra es la represión de los golpistas en Salamanca, cada vez más dura a medida que se asentaba el conflicto. No aparece ni un soldado republicano en todo el filme, pese a que el guion se empeñe -una y otra vez- en poner en boca de algún personaje que los republicanos están cometiendo los mismos crímenes que los nacionales. La violencia que vemos en pantalla es franquista, y darle una representación, recrearla, es ya una toma de posición. La imagen, elegir qué está en plano, nunca es neutral.

En lo que el director de Tesis patina para caer de culo es en su manera de proponer una «tercera vía» alternativa e inofensiva a las dos Españas. Sin entrar a valorar la legitimidad ideológica de defender un camino alejado de unos y otros para llevar la reflexión hasta nuestros días, Amenábar se equivoca en la forma de expresar ese mensaje a nivel cinematográfico. Aunque pueda parecer valiente el ponerlo sobre la mesa a través de las contradicciones y vivencias de un pensador como Unamuno, lo que hace Amenábar es más bien cobarde. Primero, por intelectualizar su posición con muchas palabras y no a través de las imágenes (por ejemplo, con las conversaciones que mantiene el escritor y su amigo Salvador Vila, el alma republicana de la película) y, segundo, por dramatizarla a medida que Unamuno «despierta» y hay que llegar al clímax del famoso episodio en el paraninfo de la Universidad.

El resultado es que la teoría se queda a un nivel superficial como acercamiento a la filosofía de Unamuno y la parte dramática del Miguel persona no conecta porque no se ha creado la intimidad necesaria a lo largo del metraje (unos cuantos sueños-flashbacks tampoco lo arreglan). Amenábar lleva su inocente tercera vía incluso a su forma de hacer cine, y toma la inútil carretera del medio. Es cierto que era complicado hacerlo bien porque hay distintas explicaciones a lo que hizo Unamuno en aquellos turbulentos meses del 36, pero la forma de expresarlo de Mientras dure la guerra es estéril en las dos lecturas.

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Donde Amenábar no tiene por qué elaborar ninguna teoría y se guía por lo que intuitivamente le interesa, la película crece. Eso pasa en las partes en las que vemos los entresijos del bando nacional y la paulatina escalada de Franco para hacerse con todo el poder al inicio de la guerra. Además de que se cuentan unos meses que en cine de ficción nunca se han contado (la previa del golpe la encontramos en Dragon Rapide), lo más interesante y con matices de la película es el retrato que se hace de Franco. Bastante más parecido al de Dragon Rapide que al de otras ficciones donde el retrato psicológico del dictador es casi inexistente, aquí vemos a un Franco dubitativo, cauteloso -o cobarde, según se mire- y calculador. Incluso a un protodictador muy influenciado por su mujer.

Los tramos donde aparecen los golpistas son los más sutiles, simbólicos y potentes de toda la película, aupados por las buenas interpretaciones de Eduard Fernández (Millán Astray) y Santi Prego (Franco). La sensación que queda es que a Amenábar, en realidad, lo que le interesaba era contar esa parte de la historia. De hecho, el título elegido para la producción de Movistar + da esa idea: el nombramiento de Franco como Jefe del Estado por parte de la Junta de Defensa Nacional incluía ese «mientras dure la guerra». Un día más tarde, en el decreto final, esa parte fue suprimida. Franco se aseguraba el poder más allá del conflicto bélico.

Unamuno parece entonces el pretexto para contar una trama político-militar mucho más estimulante. La mala noticia para la película es que Unamuno es el protagonista y sobre el que pivota toda la trama principal de Mientras dure la guerra. Ni la pericia técnica, ni el dominio formal del que hace gala un talento como Amenábar tapan el hecho de que estamos ante una película que apunta muy alto, y luego no dispara en el blanco. Es más que legítima la crítica política o histórica, pero hay razones cinematográficas suficientes para criticarla sin recurrir a ellas.

 

Arturo Tena (@artena_)

12 comments

  • Que edad tienes????? Realmente estabas ahí????

    • Arturo Tena

      ¡Hola! No estaba allí, claro. Como tampoco estaba Amenábar. No creo que estar o no estar valide más o menos para hablar de cine. ¡Gracias por comentar!

  • Creo que no juzgas la película, juzgas el bando.

    • ¡Hola, Nico!

      Igual ves algo que yo no veo, pero diría que no juzgo el bando en ninguna parte del texto. No opino sobre la posición política o ideológica de ‘Mientras dure la guerra’, discuto la forma de convertirla en cine. Pienso que ahí es donde la película falla. Encantado de leer tu opinión, si quieres profundizar.

      ¡Saludos!

  • Francamente, una película por completo decepcionante. Carente de rigor histórico alguno respecto a los hechos y las motivaciones. Un cocktail de tópicos y lugares comunes sobre la guerra agitados y arrojados a un público que tiene que hacer un acto de fe para creerse el film. Lo dicho, muy precindible.

  • Pues para mí, ha sido una obra de arte, no por el rigor histórico, ya que soy estudiante de historia y resalto muchos fallos sin ser ningún experto, y mucho menos por la calidad del guión, en lo que tampoco lo soy. Para mí, la idea principal que me ha llegado, es la del propio Unamuno en su discurso al final de la película. La derrota de todos los españoles frente al fanatismo de ambos bandos, donde la cultura y la inteligencia mueren, derrotados por las ideologías que conquistan masas analfabetas. Y repito, de ambos bandos, porque se muestren más, o se muestren menos, Unamuno critica ferozmente a ambos bandos, representado en la discusión con su hija en la que grita esas palabras. Por último, para mí, lo más destacado de la película, es la conversación con Salvador Vila, donde le comenta dos ideas que en realidad son una crítica directa a toda la sociedad de nuestro país en la actualidad. Unamuno fue de izquierdas, de derechas, monárquico, republicano, franquista, y después nada… Es ver cómo una persona evoluciona a lo largo de su vida, sin escoger un bando de manera ciega. Y lo segundo, cuando le señala a Vila que su bando también tiene fallos, igual que el bando al que critica, y que ninguno de los dos es capaz de reconocer sus fallos, esos errores que se siguen cometiendo. En la actualidad, todos creen que su ideología es la adecuada, y los que piensan diferente, son necios, para qué escucharlos.
    Eso es lo que yo resalto de la película, y creo que esas ideas están muy bien representadas, que debemos mirar nuestros errores y someterlos a crítica, así como darnos cuenta que hay que formarse cultural y cívicamente para evolucionar.

    • ¡Hola, Fran!

      Entiendo el valor de esas ideas de los que hablas. Las comparta o no a nivel personal, son legítimas. Nada que decir ahí. Mi crítica negativa va hacia la opinión de que estén bien representadas en clave cinematográfica: aunque esos conceptos que maneja Amenábar sobre España estén ahí, los vemos plasmadas en palabras, muy pocas veces en imágenes. En ese sentido digo que hay una descompensación con las partes de los entresijos del bando nacional. Ahí encontramos símbolos, sutilezas y valores de mayor fuerza para entender qué está ocurriendo en España en 1936. Diría que incluso a Amenábar le interesaba más esa parte que la de la crónica de los últimos meses de vida de Unamuno (hasta el título de la película parece indicarnos eso mismo). Las partes de pensamiento de Unamuno las vemos resueltas en discursos, palabras, que, en mi opinión, se intelectualizan demasiado sin representarlas en acciones, gestos o imágenes. Ejemplo: cuando se llega al momento del discurso en el Paraninfo, que es el momento clave y el que más fuerza debería tener en la película, no se han establecido del todo las bases para que tenga la fuerza dramática que se le presupone. En mi opinión, ni la interpretación de Elejalde ni la gran puesta en escena sustituye un momento que no se ha trabajado en imágenes.

      Muchas gracias por comentar.

  • […] Reseña de la peli en Cine con eñe […]

  • No he visto la película y leyendo tu crítica no la vería pero si hay algo que tengo muy claro en la vida en general.
    Mientras que el ser humano no sea capaz de reconocer que no hay confrontamientos o guerras que den la razón a una de las dos partes, que ninguna situación de esas lleva a solucionar los problemas, que en cualquier guerra todos pierden, todos, hasta el que se erige como vencedor…. Esta sociedad no se podrá definir como avanzada, evolucionada…. Es una pena pero a lo largo de toda la historia del mundo esto ha existido, existe y me temo (aunque no viviré para verlo) que seguirá existiendo a lo largo de los siglos.

  • Joaquín

    Vamos a ver…yo no soy experto en cine..pero si soy historiador en la universidad Carlos III , y duela a quien duela el relato es muy fiel a la realidad . ..bajo mi entender.. querer poner a unos con con caras de malos y semblante maléfico y a otros con caras de modelos y guapisimos, pues ya lo invento el cine americano de los años de la postguerra de la segunda guerra mundial en la que todos los alemanes eran feos y con cara de malos y semblante maléfico y los japoneses igual. Y todos los americanos eran rubios con ojos azules (negros no por supuesto), y además eran un ejemplo de heroísmo y ética…pero que clase de crítico pone pegas a un film en el que millán astral queda retratado. A franco se le presenta como lo que fue..un dictador . Pero inteligente. Y a los de el bando contrario como lo que fueron unos políticos desastrosos que mataron tanto como los de franco y además perdieron…no es cuestión de bandos ya es hora de decir la verdad ..ni unos ni otros todos mataron , todos fueron malos …pero un bando gano. Un bando de malos como lo eran los de el otro bando . En el contexto de la época todo el mundo sabe que si hubiera ganado el otro mando hubiera sido un satélite de la URSS y por lo tanto una dictadura comunista…que además no tienen tanta diferencia una y otra..las dictaduras son eso dictaduras

    • Arturo Tena

      ¡Hola, Joaquín!

      No estoy muy de acuerdo en tu análisis ideológico o de supuestos históricos (en el «qué habría pasado si no hubiera habido ganado el otro bando»), pero, en cualquier caso, el texto no pretende ir por ahí. No argumento que la representación tenga que ser una u otra. De hecho, si te fijas el bando republicano no aparece directa o físicamente en la película, algo que considero una toma de posición.

      ¡Muchas gracias por tu comentario!

  • Buenas, estoy totalmente de acuerdo con la crítica, Amenábar no destaca sino por su fanatismo republicanista que no hace sino degradar al bando rival y por tanto ciega su juicio de valor y hace estas aberraciones.

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