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Merlí y la Filosofía: Diógenes el Cínico en el siglo XXI
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Merlí y la Filosofía: Diógenes el Cínico en el siglo XXI

El protagonista de la serie catalana tiene la misma finalidad en la vida que el filósofo griego Diógenes de Sinope: ir a contracorriente

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A Merlí le debemos algo muy importante: el haber dado visibilidad (sobre todo entre los más jóvenes) a la Filosofía, una disciplina vapuleada en las últimas décadas por los diferentes planes de estudios que se han ido implantando y denostada a nivel social al ser vista como un tipo de saber reflexivo superado por el conocimiento empírico de la ciencia.



A través de las peripecias de un profesor tan poco convencional como Merlí (Francesc Orella), la serie catalana hace un entretenido recorrido por la Historia de la Filosofía, al tiempo que nos muestra el día a día del Instituto Ángel Guimerá y las convulsas relaciones personales de sus alumnos y profesores. Una serie con un grado más de profundidad que las series tradicionales sobre adolescentes hechas en nuestro país.

 

Merlí y la filosofía de Diógenes el Cínico

A la hora de construir un personaje como Merlí, cuyo fin principal es que sus alumnos “se empalmen con la Filosofía”, los guionistas se inspiraron evidentemente en una de las grandes personalidades de la Historia del pensamiento: Diógenes el Cínico. Muchos son los rasgos que asimilan a ambos, aunque el principal es, sin duda, el ser personas cuya finalidad en la vida es la de ir a contracorriente.

Cuenta una de las tantas anécdotas que se conservan del filósofo griego que “Diógenes solía entrar al teatro cuando la función había terminado, topándose así con la gente que salía. Cuando le preguntaban por qué entraba a contracorriente, él respondía: «Para que entendáis lo que he intentado hacer toda mi vida»”. Esta fina ironía que demuestra la anécdota recuperada por Pedro González Calero en su obra, Filosofía para bufones, es la que pone en juego continuamente Merlí capítulo a capítulo.

Amante de la provocación, desde el primer día que entra en la sala de profesores del instituto observamos cómo no se muerde la lengua haciendo todo tipo de comentarios cínicos sobre Eugeni Bosc (Pere Ponce), profesor de Lengua y Literatura Catalana y Jefe de Estudios, que se encuentra en las antípodas con respecto a su concepción de la enseñanza. Mientras este último se ajusta a un modo de pedagogía clásico, magistral, Merlí decide salirse de la norma, optando por un modo de impartir Filosofía que va a la esencia de la propia disciplina: hacer de la Filosofía un modo de vida, más que una búsqueda de la mera erudición. En todo momento el profesor intentará que sus alumnos integren las teorías filosóficas de los pensadores dados en clase con sus vidas personales. 

Alejándose conscientemente de lo que marca el Currículo (la ley, el nomos), Merlí se guía, al igual que hiciera Diógenes muchos siglos antes, por aquello que los impulsos le demandan en cada momento. La improvisación es una de sus mayores cualidades. Sus decisiones vienen marcadas por el deseo de ir en contra de lo establecido, como hemos visto, y por la necesidad de satisfacer sus necesidades más primarias.  

Precisamente, la palabra “cínico” viene del griego y significa “perruno”. El nombre hace referencia al modo de vida que tenían sus seguidores, basada en la libre satisfacción de los instintos, más parecida a la del mundo animal que la vida basada en las convenciones sociales. Al respecto, recordemos que la serie se inicia con el primer plano de un perro lamiendo los zapatos de Merlí. Al mismo tiempo, en este primer capítulo, al sentirse atraído por Laia (Mar del Hoyo), profesora de Inglés del centro, hará todo lo posible por conquistarla. Para ello utiliza como estratagema -no casualmente- a un perro, que le servirá como un medio para acercarse a ella, ya que esta es una gran amante de los animales, y lograr su objetivo.

A Merlí le da igual romper una relación, una convención social como tantas otras, algo que esclaviza y coarta la libertad. Un ideal, este último, que es el que persigue en todo momento el protagonista dando rienda suelta a sus impulsos. Lo mismo que le sucedía a Diógenes, que fue capaz de rechazar el generoso ofrecimiento de Alejandro Magno, para pedirle que se apartara porque le estaba quitando el sol. Lo paradójico en la serie es que Merlí odia a los canes. 

 

La vida feliz del cínico

Para los cínicos la vida feliz es aquella que se basa en la armonía con la naturaleza. Critican las convecciones sociales ya que lo  que hacen es crear necesidades innecesarias para el hombre, que lo único que aportan es la infelicidad y falta de libertad. La persona virtuosa, por tanto, es aquella que sabe encontrar la felicidad en la vida sencilla, austera y no se deja influir por las necesidades absurdas que la sociedad le impone. En Merlí eso se observa en su forma de vestir, en la falta de necesidad de tener un móvil de última generación, en la carencia de grandes pretensiones sociales y vitales, en aceptar estoicamente que debe vivir de nuevo con su madre habiendo pasado la cincuentena, en saltarse las normas cuando lo crea conveniente. 

Ese romper con lo establecido viene representado también por la figura de Friedrich Nietzsche, cuyo retrato cuelga primero en su habitación y más tarde traslada al despacho improvisado que le montan en el instituto para recibir a los alumnos. El filósofo alemán comparte con Diógenes esa rebeldía contra la norma, eso de lo que tanto sabe Merlí. Ambos utilizan la ironía, en sentido socrático, como un arte en busca continua del enfrentamiento directo.

De ahí que sea recurrente la utilización de El vuelo del moscardón de Nikolái Rimski-Kórsakov en los títulos de crédito (y que el propio Merlí tiene puesto como politono del móvil), una metáfora perfecta de lo que representa el profesor catalán en el instituto: un molesto incordio para los demás. Como afirma François Aubral en su obra Los filósofos, en referencia a Diógenes: Su arte de vivir consiste en el libre ejercicio de su razón humorística. Su genio filosófico: haber ridiculizado las vanidades, convirtiéndose en conciencia crítica del mundo”. Una afirmación que podríamos extrapolar perfectamente a Merlí, ese Diógenes del siglo XXI.

 

Adolfo Monje Justo (@adolfo_monje)

Puedes ver las tres temporadas de ‘Merlí’ online en Netflix o su spin-off, ‘Merlí Sapere Aude’, en Movistar +.

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