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Mariano Ozores explicado a los millennials en 4 películas
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Mariano Ozores explicado a los millennials en 4 películas

Asociado al Destape y a los tópicos más rancios del cine patrio, el mediano de los Ozores es uno de los directores más exitosos de la historia de España y su obra el testimonio de una época

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Es machista. Es rijoso. Es racista. Es clasista. Es chusco.

Y lo sabe.

Es Mariano Ozores.

Fue uno de los profetas del Landismo, el director que unió a Pajares y Esteso como breve pero mítico equipo profesional y uno de los narradores de la Transición española desde el cine. De hecho su etapa de gloria como director, en la que era capaz de parir cinco películas al año y todas eran éxitos, va de 1974 a 1983.

No su hermano Antonio, no. Él no hacía lo de trabarse al hablar.

En toda su carrera dirigió un total de 96 largometrajes que suman 87 millones de espectadores en 33 años en activo. Saquen la media. En 2016 recibió el Goya de Honor por sí mismo y sus hermanos. La verdad, me estoy sintiendo hasta poco original, porque reivindicarlo se ha convertido casi en un cliché.

Este aura de creador de éxitos en la época considerada más chusca de la Historia del Cine español, el llamado Destape, le ha valido una mala fama retrospectiva que lo asocia a los peores tópicos que el españolito medio tiene de sí mismo. No a él personalmente, aunque siempre ha sido un señor que no se corta al hablar, sino el tipo de humor con el que llenó los cines y acumuló gente delante de las televisiones durante décadas.

Pero echemos un ojo…

¡QUÉ VIENEN LOS SOCIALISTAS! (1982)

Cuando hace un par de años en Cuéntame alcanzaron la noche electoral de 1982 en la que Felipe González logró su primera mayoría absoluta se acusó a la serie de intentar ocultar o minimizar el momento para no «politizarlo», ya que en ese momento gobernaba y controlaba TVE el PP y no se quiso reflejar la ilusión con que se recibió el primer gobierno del PSOE.

Llama la atención, precisamente, porque en la época ni el cine más populachero y desideologizado, es decir, el de Ozores, evitaba el tema. En ¡Qué viene los socialistas! (1982), tan magna obra que la reseñan MARCA, La Marea y esta santa casa, las fuerzas vivas de un pueblito perdido de las Españas temen quedarse sin chiringuito ante la inminente victoria sociata. Se rodó a toda prisa para estrenarla antes de las elecciones y tenía a José Sacristán, ya asociado a la izquierda entonces, autoparodiándose como el secretario municipal del PSOE.

Los testimonios de una época no tienen por qué ser solo los de Juan Antonio Bardem o Eloy de la Iglesia -cada cual tiene sus debilidades, prima-. También pueden aparecer como una parodia disparatada en la que señores franquistas y/o de la UCD intentan hacerse amigos del matao del personaje de Sacristán y en la que en el casino del pueblo escuchan frases como «Lo lógico es dos grandes opciones. La izquierda y la derecha. Y alternarnos en el poder. Es decir, unas veces mandamos nosotros y otras veces obedecen ellos«.

En un lugar de la Manga (1970), Venta por pisos (1971), ¡Qué gozada de divorcio! (1981) o El hijo del cura (1982) serían solo algunos ejemplos de las decenas de comedias «de actualidad» que Ozores fabricaba como churros sin más propósito que llenar el cine pero dispuesto a reírse hasta de su sombra. Incluso tuvieron las narices de titular una película de atracos como ¡Todos al suelo! en 1982, apenas un año después del golpe de Tejero. Hasta Los bingueros viene a reflejar la legalización, ay, del juego en España.

ALCALDE POR ELECCIÓN (1976)

Mariano Ozores

¿Qué es el Landismo? Me preguntas, mientras clavas en mi pupila tu último análisis en YouTube de las referencias culteranas y ecofascistas de TenetEl Landismo… El Landismo eres tú… No solo porque lo diga Azcona en el guión de Los europeos, sino porque es donde venimos y, quizás, hacia donde vamos. Al final Los Serrano acabó siendo el regreso del macho ibérico. Y nunca acabará la eterna discusión de si Torrente es, desde la parodia, una excusa para no abandonar ciertos comportamientos.

En Alcalde por elección, Alfredo Landa es un candidato que hace campaña centrándose en la moral y la decencia hasta que la retransmisión de un partido de fútbol en directo lo pilla asistiendo al evento acompañado de una señora que no es su mujer y se descubre que lleva una doble vida. En el pueblo es un político conservador y recatado de misa de ocho y los fines de semana se marcha a Madrid y se saca un sobresueldo haciendo de fotógrafos de modelos.

La repanocha.

Mariano Ozores fue el Landismo haciendo la Transición y tomándosela a cachondeo, que es una forma tan sana como cualquier otra de pasar las resacas. No tomarse nada excesivamente en serio, incluso o más que nada lo que más nos emocione o duela, es una característica de la cultura española, no tanto por resabiada como por fatalista. Y aún así es una cualidad no necesariamente nihilista –todo es tan ridículo que me río de ello porque nada tiene sentido, que de vuelta de todo estoy, lo voy a tuitear– sino más bien hedonista –sí, bueno, a veces se pasa mal, pero me río de ello porque así me siento mejor que llorando, ¿sabe usted?, y lo subo a mi Instagram–.

A mí las mujeres, ni fu ni fa (1970) –Peret va al psicólogo aquejado de inapetencia sexual–, La graduada (1971) –Lina Morgan llega del campo a la ciudad… otra vez–, Dormir y ligar: todo es empezar (1974), Nosotros, los decentes (1975), El liguero mágico (1980), La Lola nos lleva al huerto (1983)… Si, en casi ninguna aparece Landa, pero es que el Landismo siempre fue más allá de don Alfredo Landa. Porque sin Alfredo Landa, querido lector, querida lectora, usted y yo no seríamos nada.

YO HICE A ROQUE III (1980)

Según Ortega y Gasset en Meditaciones sobre el Quijote, y parafraseado por Ignatius Farray, la comedia es la distancia que hay entre lo sublime y lo absurdo. El humor popular de la España de Franco y la Transición, el de la Escuela Bruguera, el Landismo y el Destape, es un humor basado en la parodia de la cursilería del propio Franquismo. La cursilería, al fin y al cabo, es la categoría del nacionalismo exacerbado que lo delata como ridículo.

Piense, estimado lector, estimada lectora, cuántos álbumes de Mortadelo funcionan con planteamientos parecidos y cómo el humor de los Ozores, y en general de las comedias de la época, juega con la misma premisa, con Cristóbal Colón, de oficio… descubridor, del propio don Mariano y con Pajares pero sin Esteso, o El Cid Cabreador de Angelino Fons, una de las primeras películas de Carmen Maura.

Yo hice a Roque III es, claro, una parodia, en este caso del éxito aún reciente de la serie Rocky y de la mano de Pajares y Esteso, pareja profesional, que no artística. En la primera secuencia, sin venir a cuento, ya se ve la primera teta. Federico, el personaje de Esteso, engaña a su amigo Roque, Pajares, para que se enfrente al campeón de peso welter de España, que necesita ganar otro combate para aspirar al título de Europa. Una excusa como cualquier otra para un festival de malentendidos, chascarrillos y chistes de culos.

Bueno, pues El Imperio Contraataca, sí, El Imperio Contraataca, retrasó su estreno en España para no competir con esta película, la tercera colaboración entre el director y los dos actores. Porque si coincidían, la arrasaba. Cada una de sus 9 películas hizo más de un millón de espectadores.

Pajares y Esteso, Esteso y Pajares, eran dos cómicos que llenaban los teatros de Madrid y provincias con lo que entonces se llamaba espectáculo de variedades y a los que unieron el propio Mariano Ozores y el productor José María Reyzabal, el cual, como era dueño de salas de fiestas en las que habían actuado ambos actores, tuvo la feliz idea de unirlos.

Reyzabal había heredado de su padre la productora Izaro Films -y la torre Windsor de Madrid-, además de un imperio inmobiliario desperdigado por media España. Lo aprovechó para reformar las salas de cine del país y empezó a llenarlas de lo más rentable que tenía a mano: comedias que se viesen en los pueblos.

Para muestra de cómo se trabajaba, unas declaraciones de Esteso en El País hace un par de años: «Teníamos cuatro semanas para rodar. Íbamos tan rápido que a veces movíamos la boca sin decir nada y luego ya meteríamos algún chiste en el estudio de doblaje. Ensayábamos primero para reírnos a gusto, porque los negativos costaban un dineral».

LA HORA INCÓGNITA (1963)

Mariano Ozores

Una de sus primeras películas, en 1964, hoy casi olvidada, es La hora incógnita, drama con elementos de western y ciencia-ficción en el que un error en un misil nuclear hace que se desvíe hacia un pequeño pueblo español, en el que parte de sus habitantes quedan atrapados y condenados. La cinta, cargada de pesimismo, fue un fracaso en taquilla que hizo a afirmar a su director que nunca volvería a grabar la película que le gustase a él, sino la que quisiese el público.

El mediano de los hermanos Ozores se crió en una familia actores de teatro en la que no era precisamente el más dotado para la interpretación, por lo que cuando sus hermanos empezaron en el cine él se puso detrás de las cámaras. Su formación es la del gusto del público español de los 50, filtrado por una censura pacata y ridícula que intentaba meter en vereda a un país empobrecido material y educativamente.

La idea del cine de Mariano Ozores se resume en esta explicación que dio en una entrevista a Mucho Cine hace unos años:

«No se si os acordáis de una escena de ‘Quo Vadis’? entre Peter Ustinov y Soafer. Los dos en una especie de sofás con un cacharro de uvas ahí. Empieza en un plano general y dura unos siete minutos. Los dos hijos de puta, que son dos actores cojonudos, hablando, mientras la cámara se va acercando mientras ellos hablan y comen uvas. Hasta que llegan a un plano corto de los dos. Eso es un plano. No hay más, ni grúas, ni filigranas ni pollas en café. No hay más que dos tíos cojonudos contándote un trozo de la historia, fenomenalmente interpretado con una naturalidad y una soltura. ¿Y que vas a hacer con eso? Pues ponerlo para verlo y se acabó. Si no hay más».

 

Jose A. Cano (@caniferus)

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