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‘Maragall i la Lluna’: cuando el alcalde se quedó a dormir
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‘Maragall i la Lluna’: cuando el alcalde se quedó a dormir

El documental 'Maragall i la Lluna' repasa la trayectoria personal y política del alcalde de la Barcelona olímpica y expresident de la Generalitat

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Lluna Pindado tenía tan solo 8 años cuando prestó su cama a Pasqual Maragall, el flamante alcalde de una Barcelona donde acababan de celebrarse los Juegos Olímpicos de 1992. Recuerda que al inicio sus amigos no la creían, pero le terminaron por dar la razón cuando la vieron descender del coche oficial del alcalde a la entrada del colegio. Efectivamente, Maragall se instaló durante unas semanas en la humilde casa familiar de los Pindado, en el barrio de Roquetes (Nou Barris). Como repitió en alrededor de veinte ocasiones en otras zonas de la ciudad, el político barcelonés pretendía así entrar en contacto directo con las vecinas y vecinos del barrio, para conocer sus problemáticas cotidianas y planificar mejor las medidas del Ayuntamiento.

Con esta singular anécdota arranca el documental Maragall i la Lluna, cuyo estreno ha tenido lugar en el marco del BCN Film Fest, primer festival de cine presencial post cuarentena. La historia de Lluna se convierte en el hilo conductor de toda la película: veinticinco años después será precisamente ella quien recorra en moto Barcelona para recabar testimonios de familiares, amigos y adversarios políticos. Si en el conmovedor Bicicleta, cuchara, manzana de Carles Bosch (Premio Goya al mejor documental en 2011) se relataba la lucha cotidiana de Maragall contra el alzhéimer, en Maragall i la Lluna se repasa la trayectoria personal y política del exalcalde y expresident de la Generalitat.

El codirector de ‘Maragall i la Lluna’, Josep Maria Mañé. Fuente: Tontacos Nueróticos

«Pasqual Maragall quería ver en directo qué pasaba en los sitios, no se conformaba con la versión oficial de una ciudad tan grande como Barcelona», explica a Cine con Ñ el codirector de la película Josep Maria Mañé. A lo largo del metraje sobresale esa personalidad culta y cercana, con una permanente voluntad de innovación y, por ello, alejada de la figura gris del político de partido.

No es de extrañar que algunas de sus ideas más osadas y comportamientos más libres recibieran el malintencionado calificativo de “maragalladas. «Maragall no tenía ningún pudor en hacer o en decir las cosas» explica Mané, que también filmó al político en su etapa como alcalde. Con el paso del tiempo, esas supuestas “maragalladas” han terminado por revelarse como planteamientos acertados y visionarios, adelantados a su tiempo. La película nos ofrece varios ejemplos.

 

Los años de la alcaldía de Barcelona

La vida política de Pasqual Maragall se cruza con los momentos más relevantes de la  historia de Cataluña del último medio siglo. De ahí que el relato del film, estructurado de forma cronológica, deviene en una extraordinaria lección de historia contemporánea. Junto a lo rodado ad hoc para el documental, se recupera material televisivo de archivo y los valiosos testimonios grabados durante la última década por parte de la Fundació Catalunya Europa, que gestiona el legado de Maragall.

Al principio, la infancia. Maragall i la Lluna (Maragall y Luna en castellano) parte de la reconstrucción del ambiente en el que crece y va forjando su carácter el nieto del poeta catalán Joan Maragall. La casa familiar era por entonces lugar de paso habitual de políticos e intelectuales opuestos a la dictadura franquista y el joven Pasqual interviene en las tertulias. Ya durante su etapa universitaria, destaca como dirigente del Frente Obrero de Cataluña (FOC), organización antifranquista de inspiración socialista y antiimperialista. Tras la disolución del FOC en 1970, Maragall proseguirá un camino que le llevará a participar en la creación del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), vinculado al PSOE.

«La etapa en la alcaldía de Barcelona es la más icónica del político barcelonés y por la que recibe los elogios unánimes de los entrevistados en la película»

«Maragall es una figura representativa de las luchas antifranquistas y de los primeros ayuntamientos democráticos gobernados por la izquierda» destaca Josep Maria Mañé. En efecto, en las elecciones municipales de abril del 79, los pactos entre el PSOE y el PCE facilitan la llegada de alcaldes de izquierdas a las principales ciudades españolas. Barcelona no sería una excepción, y tras tres años como teniente de alcalde, Pasqual Maragall se convierte en alcalde de Barcelona, responsabilidad que ocupará nada menos que 15 años (1982-1997).

Es, sin lugar a dudas, la etapa más icónica del político barcelonés y por la que recibe los elogios unánimes de los entrevistados en la película. Maragall está indisociablemente ligado a la celebración de los exitosos Juegos Olímpicos de 1992, que marcaron un antes y un después para la ciudad. El alcalde parecía saberlo cuando Barcelona se alzó con la candidatura olímpica. Quedan para el recuerdo las imágenes de sus saltos de júbilo -señas de victoria incluidas- frente a la compostura del resto de autoridades.

Con las Olimpiadas, Barcelona se puso guapa, tal y como decía la campaña promocional del ayuntamiento. El alcalde impulsó la transformación urbana de una metrópolis que hasta entonces había vivido de espaldas al mar. Una renovación que si proyectó hacia el exterior la idea de una ciudad cosmopolita, no se olvidó de sus propios habitantes. Las intervenciones de mejora y los planes de barrio también llegaron a las zonas periféricas. “La ciudad es la gente” es la máxima que le gustaba repetir a Pasqual Maragall.

 

El duelo electoral con Pujol 

A pesar del coro de alabanzas, la pujanza de Barcelona también desató hostilidades. Un murmullo recorre la sala de cine cuando aparece en pantalla Jordi Pujol, el sempiterno president de la Generalitat, hoy desterrado social y sentimentalmente debido a las tramas de corrupción desveladas. A Pujol no le tembló la mano a la hora de reducir la influencia de Barcelona y su cinturón rojo en el conjunto de Cataluña. En 1987 disolvió la Corporación Metropolitana de Barcelona, presidida por Maragall, e instituyó las comarcas como forma organización territorial. “Un país es más que una ciudad” sentenciaba Pujol.

La rivalidad entre Pujol y Maragall vivió su momento álgido en las elecciones al Parlamento de Cataluña de 1999. Dos años antes Maragall se había apartado de la alcaldía de Barcelona para transcurrir un periodo en Roma alejado de la política. Sin embargo, las presiones para que regresara pronto se multiplicaron: era la única figura que, por su popularidad, podía acabar con 20 años de hegemonía pujolista en la Generalitat.

En una muestra más de su carácter innovador, la candidatura de Pasqual Maragall impulsada por el PSC se acompañó de un amplio movimiento cívico, Ciutadans pel Canvi (sin ningún parentesco con el actual Ciudadanos). El ex alcalde de Barcelona era consciente que para deshacer la madeja de poder de Convergencia i Unió había que darle protagonismo a la sociedad civil. Finalmente, Maragall ganó en votos, pero no en diputados. Y es que la ley electoral favorecía la Cataluña interior en perjuicio de la más densamente poblada área metropolitana de Barcelona. El eterno retorno de una de las fallas tectónicas de la política catalana.

 

Tensión y soledad tras el Estatut

En la siguientes elecciones al Parlament (2003), Maragall accedió a la presidencia de la Generalitat gracias al tripartit con ERC e ICV-EUiA. Maragall i la Lluna opta por condensar esta legislatura entorno a un tema: la elaboración y aprobación del nuevo Estatut. Resulta una elección coherente, aunque se dejen de lado otros temas sociales y tampoco se muestre la mítica denuncia de la corrupción -el famoso 3%- que realizó Maragall. «El momento del 3% necesitaba un recorrido más largo. Si lo sacaba quedaba como una anécdota sin contexto» confiesa Josep María Mañé.

El último tercio de la película se dedica al áspero debate que envuelve la aprobación de un nuevo Estatut para Cataluña. Los numerosos testimonios, desde Artur Mas hasta José Bono, no escatiman críticas y dan buena cuenta del fuego cruzado al que se vio sometido el President. Maragall estaba sinceramente convencido de que había que llevar a buen puerto la iniciativa y asumió todas las consecuencias.

El documental coincide con el 10º aniversario de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de 2006

Justo cuando se cumple el décimo aniversario de la polémica sentencia del Tribunal Constitucional que recortó partes del Estatut, Maragall i la Lluna reivindica aquel «intento de integrar Cataluña con España, de hacer una España plurinacional, que puede que fuera el último intento» según sostiene el codirector del documental. En este sentido, se echa en falta el testimonio del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien rechazó ser entrevistado para la cinta. Justamente Maragall había depositado en Zapatero buena parte de sus esperanzas para adoptar una reforma constitucional de orientación federalizante.

Tras la aprobación del Estatut, se evidencia la soledad personal de Pasqual Maragall. Incomprendido, atacado por muchos frentes y abandonado por el propio PSOE. «Un final triste y trágico para toda una trayectoria» en palabras de Josep Maria Mañé y, a la postre, el verdadero desencadenante de su renuncia como Presidente de la Generalitat. Se ha especulado mucho sobre si el alzhéimer motivó su retirada de la política, pero la película deja claro que ya había arrojado la toalla con anterioridad.

 

Todo tiempo pasado fue mejor

Una sensación de nostalgia invade al espectador tras el visionado de Maragall i la Lluna. El recorrido por la vida de Pasqual Maragall se convierte en un canto a un pasado irrepetible. El documental rehuye las comparaciones con la Barcelona actual, en la que su figura fue reivindicada por la mayoría de candidatos a las últimas elecciones municipales. Desde Ada Colau a Manuel Valls, pasando evidentemente por su hermano Ernest Maragall, todos reclamaron el legado político del ex alcalde.

Si todo tiempo pasado fue mejor, en el presente cabría preguntarse también por los efectos colaterales del modelo de ciudad maragallista. ¿Hasta qué punto la Barcelona global ha traído consigo un aumento de turistas que la hace invivible? ¿Se podría tomado medidas preventivas contra los procesos de gentrificación? Son preguntas que sobrepasan con mucho el objetivo del documental, pero sobre las que sería interesante indagar.

La película sí que nos transporta al presente para la guinda final. Lluna, la narradora de la historia, acude a visitar a Pasqual Maragall en compañía de Diana Garrigosa, la recientemente fallecida mujer del político, a la que se dedica el documental. Aprovechando que Maragall aún conserva buena parte de su memoria musical, con Lluna al piano y la participación de excepción de una Silvia Pérez Cruz que saca a bailar al ex alcalde, se construye una bella escena que pone un emotivo punto final al filme.

 

Fabio Cortese (@fcsanabria)

 

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