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Madre: Sorogoyen se lo pone difícil y aún así convence
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Rodrigo Sorogoyen, siempre formando pareja en el guion con Isabel Peña, ha quemado etapas a un ritmo vertiginoso. Ganó el Festival de Málaga con Stockholm, saltó a la primera línea con Que Dios nos perdone y completó una de las propuestas más potentes de la década con El reino. La expectación con Madre es por lo tanto más que lógica, más teniendo en cuenta que el largometraje se trata de la continuación del corto que fue nominado al Oscar en la última edición de los premios norteamericanos.

Madre es una película de difícil digestión. Lo apabullante de las dos anteriores películas de Sorogoyen no juega a su favor. Deja sensaciones más confusas. Sería fácil caer en la tentación de decir que no se entiende qué quiere la película, e incluso avanzar la hipótesis de que el corto funcionaba bien en sí mismo y no había realmente ninguna necesidad de continuar la historia. Pero dejando de lado las hipótesis y suponiendo que Sorogoyen y Peña han querido mostrar la deriva de una vida ya inevitablemente marcada para siempre por el dolor por la pérdida de un hijo, una suposición poco arriesgada, tenemos que dar por efectiva la propuesta.

La incomodidad constante que percibimos mientras vemos a Marta Nieto entrar en una espiral de imposible final feliz es la misma que tiene que sentir su personaje. Sorogoyen rechaza el drama más convencional en favor del thriller psicológico –con el joven francés de la misma edad que tendría el hijo perdido como McGuffin- y esto provoca alguna vacilación en el tramo final que se resuelve en subrayados evitables, pero no se puede decir el virtuosismo formal que despliega no esté al servicio de la historia. El gran trabajo de Álex de Pablo en la fotografía consigue captar, de forma especialmente eficaz en las escenas de exteriores, el aislamiento de la protagonista respecto a un mundo que sigue su marcha.

Si la propuesta general de Madre puede no llegar a convencer del todo, no hay ninguna duda sobre el excelente trabajo de Marta Nieto. Su interpretación es desgarradora y carga con el peso de la película de la misma manera que su personaje soporta un dolor que no desaparecerá nunca. Su premio en Venecia es solo el anticipo de lo que llegará en los próximos meses y sitúan a la actriz murciana, que hasta el momento habíamos visto en papeles secundarios, en la primera línea de jóvenes actrices españolas. También es destacable el buen trabajo del joven actor francés Jules Porier, así como la solidez de las intervenciones de Àlex Brendemühl.

Es inevitable pensar que el tándem Sorogoyen-Peña tiene dentro de sí una historia que sirva de forma más natural como plataforma al talento del director, de la misma manera que Madre ha servido a su actriz principal, pero eso no hace de esta un experimento fallido. Madre es eficaz en su intención de mostrar un dolor profundo y siempre presente. Cuenta con una de las actuaciones del año y con un director que, sin hacer mucho ruido en esta ocasión, sigue conquistando cimas cada vez más altas en cada nueva película. Si es incomoda y confusa es porque no puede ser de otra manera. Hay que atreverse a hacerlo y Sorogoyen lo ha hecho. Ya vendrán otras películas más arrolladoras.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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