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Loving Pablo: Aranoa, entre la sociología y la publicidad
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La carrera de Fernando León de Aranoa se ha caracterizado por su constante atención a la realidad social. Si tuviéramos que presentárselo a alguien que nunca ha oído hablar de él podríamos decir, en una generalización tan injusta –siempre lo son- como, en primer término, efectiva, que es el Ken Loach español. Pablo Escobar fue un narcotraficante colombiano de sobra conocido. De hecho, en los últimos años su figura ha sido un auténtico filón para el medio audiovisual, lo que por otra parte seguramente le haya jugado una mala pasada a la película del director madrileño.

Loving Pablo está narrada desde el punto de vista de Virginia Vallejo, una periodista, interpretada por Penélope Cruz, que fue amante de Escobar y acabó delatándolo a los servicios antidroga de Estados Unidos y teniendo que ingresar en su programa de protección de testigos por miedo a que su vida corriera peligro. En 2007 publicó Amando a Pablo, odiando a Escobar, autobiografía en la que está basada la película. La apuesta por adoptar su punto de vista es uno de los aciertos de la película, saliéndose de otras opciones más convencionales.

Pero, pese al interesante punto de partida y los buenos recursos que tuvo a su disposición, el resultado no deja de ser irregular. Loving Pablo alcanza buenos momentos y Aranoa se muestra muy capaz en las escenas de acción y secuencias a lo Scorsese, en las que imagen, música y montaje se ponen al servicio de una cierta fascinación por el modo de vida mafioso. Pero esto no deja de ser algo ya visto muchas veces antes y, sobre todo, que no encaja armoniosamente con la observación de la realidad social en la que tuvo lugar la vida del narco. Es en estos momentos en los que el director se encuentra consigo mismo y la película alcanza sus mejores cotas. Parece como si Aranoa no se hubiese terminado de decidir entre la sociología y la publicidad. Entre The Wire y el final de Breaking Bad.

Es muy posible que Loving Pablo no cumpla las expectativas ni de los admiradores del cine social del director ni de los interesados en la figura de Escobar, que tienen a su disposición variados y más extensos acercamientos a la vida y obra del colombiano. Puede que la obra más ambiciosa de León de Aranoa haya acabado haciendo aguas precisamente por sus elevados objetivos. Intentando gustar a variados sectores del público, el director se ha dejado su personalidad por el camino. Un ejemplo claro de esto es el hecho de rodar en inglés; como apuesta comercial puede ser buena, pero no le hace ningún favor a la película desde el punto de vista artístico, resultando extraño e incluso un poco ridículo.

Pese a los defectos, no habría que descartar Loving Pablo sin darle siquiera una oportunidad. Aunque el resultado esté muy lejos de ser redondo, hay momentos, aquellos que tienen una mirada más social, y decisiones (adoptar el punto de vista de la amante) que resultan refrescantes para un género como el cine de gángsters, en el que muchas veces se va a lo fácil. Hay ocasiones en las que una película no termina de funcionar bien por motivos externos a ella. En este caso, pese a los defectos señalados, el hecho de que en los últimos años hayan proliferado series y documentales sobre Escobar empuja a Loving Pablo hacia la irrelevancia. Y aunque esté lejos de ser una gran película, no se merece ese destino.

 

Carlos Pintado (CarlosPM76)

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