Estás leyendo:
Los sin nombre: Los límites del mal
6 min

Los sin nombre: Los límites del mal

El descenso a los infiernos en busca de una verdad aterradora, que Jaume Balagueró realizó con mucha destreza

Los sin nombre cine con ñ

Los sin nombre (Jaume Balagueró, 1999) supuso la ópera prima de uno de los directores españoles más relevantes dentro de un género, el terror, que ha dado grandes títulos en la historia de nuestro cine pero que no se convirtió en asiduo de las carteleras españolas hasta los años 90 del siglo pasado.

Bajo la estela que dejó Tesis (Alejandro Amenábar, 1996), jóvenes cineastas como Jaume Balagueró y Paco Plaza sintieron la valentía de explotar un tipo de cine tan atractivo para el espectador como abierto en cuanto a sus posibilidades.  Muestra de ello lo encontramos en el debut en el largometraje del futuro realizador de Darkness (2002), Frágiles (2005) o la saga de [REC], una película arriesgada y, hasta cierto punto, incómoda que ya muestra todo el potencial que se escondía en un cineasta que quiso darle un nuevo enfoque al terror, en su concepción más amplia.

Basada en la novela homónima del escritor británico Ramsey Campbell, Los sin nombre mezcla con acierto el drama, el thriller psicológico y el horror en una historia que intenta indagar en los límites de la maldad humana. Su protagonista, Claudia (Emma Vilarasau), es una mujer que perdió a su hija cinco años antes cruelmente asesinada, sin que se resolviera judicialmente el caso ni se descubriera al asesino.

Un día, inesperadamente, recibe una llamada que la desconcierta. Supuestamente, es su hija que le informa de que está viva y que le pide que haga todo lo posible por encontrarla. Desconcertada intenta averiguar qué hay de cierto en ello. Para eso se pone en contacto con el inspector Massera (Karra Elejalde), que fue el policía que llevó su caso y que ya está retirado. Junto a ambos, aparece la figura de Quiroga (Tristán Ulloa), un periodista experto en asuntos paranormales, que se involucrará en la investigación interesado por el caso.

los-sin-nombre

Bajo esta premisa, la película supone un descenso a los infiernos en busca de una verdad tan cruel como aterradora. Claudia, guiada por los impulsos de una madre desesperada irá penetrando en un mundo siniestro, caracterizado por personajes enigmáticos y edificios abandonados.

Con una fotografía en tonos fríos y grises, la protagonista recorre esos lugares tan sucios como el alma de aquellos que la empujan a la perdición. Claudia irán cayendo en una trampa perpetrada por una macabra sociedad secreta, Los sin nombre, liderada por Santini (Carlos Lasarte), un misterioso superviviente de los campos de exterminios nazis (encarcelado por asesinar y violar a dos menores), que tiene una finalidad clara: investigar la síntesis del mal y el dolor humano. Para ello intentan perpetrar el acto de maldad total con el que alcanzar, según ellos, un grado de conciencia absoluto de la realidad.

El trío protagonista no se da cuenta de que están siendo arrastrados hacia una trampa mortal. Los sin nombre han tejido una tela de araña perfecta en donde van a caer Claudia y sus acompañantes, que serán testigos de ese acto de maldad último e insuperable. En uno de los finales más impactantes de la historia del cine español se cierra una historia sorprendente y bien construida que nos advierte, al igual que hiciera más adelante Mientras duermes (2011), que el horror pueda encontrarse en el entorno más cercano.

 

En Los sin nombres ya encontramos algunas de las características definitorias del cine de un director que cuentan cada vez con más fieles y adeptos: la inclusión del horror en lo cotidiano, el juego entre lo sugerido y lo explícito, el gusto por lo grotesco, la oscuridad como metáfora del alma humana y el uso recurrente del denominado «efecto Balagueró», un mecanismo destinado a provocar tensión en el espectador.

A partir de imágenes distorsionadas y descontextualizadas (monjas, niña vestida de comunión, la frase “no muerta” o la araña formando su tela) se pone en alerta sobre lo que vendrá, penetrando a través de una suerte imágenes oníricas en la pesadilla vital que viven sus protagonistas. Una técnica alternativa al clásico y manido “cine de sustos” con que muchas veces asociamos al género. Con este interesante recurso, al igual que con el contraste reiterado entre la inocencia del pasado (representado por el video en el que Claudia juega con su hija en la playa) y la sordidez del presente (la snuff movie que le mandan a la redacción a Quiroga), Balagueró consigue sublimar una historia tan siniestra como difícil de digerir debido a la dureza de su discurso.

En Los sin nombre, como en la mayoría de los filmes de debut, se intuyen claras referencias a grandes clásicos del género, siempre salvando las distancias. Guiños, todos ellos, a obras referenciales en las que se basa el director catalán para dar forma a este cóctel tan complejo. El juego de pistas que siguen y el ambiente sórdido en el que se mueven los protagonistas recuerdan a Seven (David Fincher, 1995); el descenso por los anillo infernales y sus extraños moradores es similar al de Jacob Singer en La escalera de Jacob (Adrian Lyne, 1990); el personaje de Santini tiene ciertas similitudes con el Dr. Hannibal Lecter de El silencio de los corderos (Jonathan Damme, 1991); ese entramado sectario que llega a penetrar en lo más íntimo del hogar remite a La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) y los pasillos del hotel del final de la película se parecen a los del Overlook de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980).

Los sin nombre se alzó en el año de su estreno con los premios a mejor actriz, por la encomiable labor de Emma Vilarasau, y mejor fotografía en la 32 edición del Festival de Sitges, además de obtener otros premios internacionales en festivales dedicados al género de fantasía y terror. 21 años después se ha conocido la noticia de que Jaume Balagueró, junto a Pau Freixas (Pulseras verdes y Sé quién eres), convertirán esta atractiva historia en una serie de televisión. Con un formato más extenso y flexible que el cinematográfico, en esta nueva versión de Los sin nombre se podrá profundizar más en la psicología de esos personajes atormentados y en los orígenes de la secta liderada por Santini, atractivo personaje que en la película solo aparece esquematizado.

 

Adolfo Monje Justo (@adolfo_monje)

 

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.