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Lo que no sabías de ‘Klaus’
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Lo que no sabías de ‘Klaus’

Puede que Klaus no se llevara el Oscar, pero lo que sí se llevó seguro la película de animación española fue el corazón de muchos espectadores por todo el mundo. Con 7 Premios Annie y el BAFTA a Mejor película de animación, la cinta del director Sergio Pablos ha supuesto un antes y un después en el cine de animación de nuestro país, sin nada que envidiarle a grandes estudios como Pixar o Dreamworks.

Son muchos los años en los que el equipo de SPA Studios trabajó en esta película, y hemos querido contarte una serie de curiosidades sobre la cinta a lo largo de ese tiempo que seguro te harán apreciarla aún más.

 

¿Cómo se formó Klaus?

La película navideña nació en 2010, cuando Sergio Pablos buscaba un personaje que ya estuviera establecido pero no tuviera una historia de origen como tal. Hizo un listado de personajes históricos y ficticios como Drácula o Juana de Arco. En esa primera lista apareció el nombre de Santa Claus y, tras pensarlo unos minutos, lo descartó. No le convencía tratar esa historia; en su cabeza sólo la vinculaba con la palabra “ñoño”, pero finalmente la posibilidad de hacer con ella algo diferente y no tan infantil le motivó para llevarla a cabo. Le atraía la idea de coger un personaje que, por desgracia, ya estaba desfasado y traerlo a la actualidad.

Sergio Pablos en el estudio (Fuente: Youtube)

A muchas productoras no les convencía la idea; ¿otra película infantil sobre la Navidad? Fue entonces cuando llamaron a la puerta de Netflix. Sus primeras respuestas fueron contundentes: “No hacemos cine de animación”. Pero esas respuestas no fueron suficientes para seguir insistiendo y, como se dice, a la tercera va la vencida: “Seguimos igual, pero estamos buscando películas navideñas, igual hacemos una excepción y producimos vuestra película”. Y así, gracias a esta confianza e insistencia, Klaus se convirtió en el primer largometraje de animación original de la plataforma.

 

Su peculiar animación 2D

El equipo de Spa Studios retomó la animación clásica, hecha a mano, que se abandonó hace algo más de una década. Tuvieron dos retos que cumplir según lo que Pablos había ideado:

1. El director quería que el look final fuera lo más cercano posible al arte conceptual. Le fascinaba el trabajo de la preproducción y deseaba que cada frame de la película pareciera una ilustración.

2. Los personajes tenían que estar integrados al fondo. Al español le molesta que en la mayoría de películas de animación los personajes parezcan pegatinas pegadas encima de una pintura.En Klaus las dimensiones debían ir en armonía.

Y aunque parezca mentira, encontrar un equipo con conocimiento 2D para llevar a cabo estas exigencias era todo un desafío. Hoy día es muy complicado encontrar artistas de estilo tradicional de animación, por lo que finalmente Pablo contrató diseñadores conceptuales para desarrollarlos después en las habilidades necesarias. En su equipo había o gente muy joven (entre 20 y 27 años) que iba a aprender ese estilo o gente ya entre los 45 y los 60 años con experiencia en él.

«Teníamos que encontrar el talento donde sea que estuviera. Muchas veces, se trataba de apostar por muchachos que no tenían mucha experiencia»

Otro desafío era la iluminación: tenían que hacer un filme donde los personajes y los fondos parecieran hechos por la misma mano. Y claro, para ello la luz es esencial. Pensaron en una solución tecnológica junto con los desarrolladores, y Szymon Biernacki (uno de los diseñadores de producción) presentó un test que se parecía mucho a la iluminación en 3D pero que ellos pintaban mediante capas. 

El sistema de capas de la herramienta KLAS

Era una buena solución, pero llevaría mucho tiempo hacerla: es una técnica muy laboriosa. Finalmente se pusieron en contacto con Les Films du Poisson Rouge, de Angouleme, que ya habían trabajado con un sistema de rastreo, y crearon en colaboración una herramienta a la que bautizaron: KLAS, “Klaus Light and Shadow”.  

Más de un millón de dibujos dieron lugar a 1.530 tomas divididas en 5 rollos que se realizaron al más puro estilo de las películas clásicas animadas con las que muchos crecimos. De hecho, para hacer la cinta convivieron personas de 27 países (Alemania, Chile, Turquía, Venezuela, Rumanía, Estados Unidos, Portugal, Tailandia, Italia…) que hablaban 15 idiomas diferentes. ¿Os imagináis cuánto café podía beber un equipo tan grande? Os lo contamos: 150 tazas de café al día.

 

 

El personaje de Jesper

Siempre tuvieron en mente cómo tenía que ser Jesper, el cartero protagonista de la película. Alguien egocéntrico para que Klaus pudiera ser el catalizador de su transformación. Necesitaban un personaje al que de darle una lección de humildad. Pero tenían miedo de que ese personaje cayera realmente mal al espectador y no conectara con él. Si traspasaba la fina línea para convertirse en un personaje desagradable, la audiencia abandonaría gran parte de la película. 

“¿Qué pasaría si todo lo bueno de ese personaje surgiera a partir de las acciones egoístas del tío más bajo que te puedas imaginar?”

Pablos tuvo tanto miedo de esa posibilidad que originalmente escribió una versión diferente en la que no sería un cartero, sino un deshollinador, para que el espectador sentir un cierto grado de lástima por él. Pero claro, el director tenía sentimientos encontrados porque no buscaban esa reacción a medias, sino aportar una importante lección de vida. Y después de mucho reescribir y pensar, surgió esta nueva idea del cartero.

El actor Jason Schwartzman (izquierda) y el personaje al que pone voz, Jesper (derecha)

Fue entonces cuando empezaron a hablar del reparto que iba a poner voz a los personajes y surgió el nombre del actor norteamericano Jason Schwartzman. Era un actor idóneo para darle vida al personaje según Pablos porque «incluso cuando hace cosas horribles cae bien”. A Schwartzman, actor principalmente cómico, le encantaba improvisar en las sesiones de grabación e interpretó muchas líneas que no estaban en el guion que hicieron partirse de risa a todo el equipo. Finalmente las incluyeron y el personaje tuvo su forma final que vemos hoy todos en Netflix.

 

Smeerensburg y los sami: las localizaciones reales de Klaus

Dentro de la leyenda de Papá Noel, hay distintas versiones sobre dónde vivía el mágico personaje. Casi todas sitúan su hogar en un lugar lejano, cerca del Polo Norte. Pablos siempre intentó que hubiera algo de verdad y realismo detrás de esta película fantasiosa, y sacó un listado de asentamientos reales que estuvieran lo más al norte posible.

De ese listado salió el nombre de Smeerenburg, un pueblo real y abandonado que existió en Noruega. Situado en un archipiélago (Svalbard) en la Isla de Ámsterdam, Smeerenburg -que significa literalmente Pueblo de la Grasa de Ballena- fue una localidad fundada por neerlandeses a principios del siglo XVII. 

Cuadro del pintor neerlandés Cornelis de Man que retrata la refinería de aceite de ballena de Smeerenburg

Fue un asentamiento para la caza de ballenas que se hacía en las costas cercanas. Distintos exploradores relataron que era un lugar tremendamente próspero y visitado en la época, donde podían acudir hasta 10.000 personas en la temporada alta del verano y donde había tiendas, iglesias y distintos edificios. Pero parece que, como la de Santa Claus, aquello era solo una leyenda: estudios más recientes han constatado que, en sus años más populares, Smeerenburg no recibía más de 400 trabajadores y jamás hubo tiendas o iglesias

Cuando los animales marinos empezaron a escasear por esa caza intensiva, los habitantes de Smeerenburg, estacionales y dependientes de ese trabajo, se marcharon después de menos de 50 años desde su fundación. Hoy forma parte de un parque nacional noruego lleno de glaciares y osos polares, y se pueden ver todavía algunas ruinas del antiguo pueblo. Pablos y su equipo le añadieron intencionalmente una “s” a su localización, y así es como se creó el nombre original de Smeerensburg que vemos en la película. Un lugar de muchas pendientes que únicamente mantiene el puerto como herencia del pueblo original.

Otro sitio en Noruega vinculado a Klaus es la provincia de Troms y su capital, Tromsø. Además de ser uno de los accesos al Ártico, esta zona es conocida por ser uno de los principales asentamientos del pueblo sami, más conocidos como los lapones. Los sami son la población indígena más antigua de Europa: de origen cazador y pescador, actualmente se calculan que son 80.000 personas con una cultura y tradiciones propias. Ellos también están vinculados a Papá Noel, que es identificado en muchas versiones de la leyenda como originario de Laponia. Hay incluso una curiosa versión sami del origen del mito de Joulupukki (el nombre finés de Santa Claus). 

localizaciones-klaus-cine-con-ñLocalizaciones reales en Tromsø (arriba) y el asentamiento sami en ‘Klaus’ (abajo)

Según iban desarrollando la historia, los responsables de Klaus decidieron incluir a los sami en su historia. Vestidos de azul y rojo en la película, hay una sami que destaca por encima del resto: la pequeña niña Margu. Para conocer a los sami y buscar a la pequeña, Pablos se desplazó a Tromsø. Allí convivió con ellos, descubrió sus costumbres y encontró a la niña sami (Neda Margrethe) que puso la voz a la adorable Margu, que habla en su lengua y que no ha sido doblada en ninguna versión de la película.

 

Nana Medina (@KowaiNana)

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