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Lo que no sabías de… Amanece, que no es poco
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Lo que no sabías de… Amanece, que no es poco

 

El pasado día 17 de enero una de las películas más conocida y queridas del director José Luis Cuerda cumplió 30 años: Amanece, que no es poco. Protagonizada por Antonio Resines, Luis Ciges, Chus Lampreave y Miguel Rellán, entre otros, la película se ha convertido en un clásico: es capaz de hacer reír sin faltarle el respeto a nadie, pero riéndose a la vez de todo y de todos.

Coincide además con el reciente estreno de lo que el propio Cuerda ha denominado como “su secuela espiritual”, Tiempo Después. Manteniendo ese mismo aroma, humor corrosivo y sendero estilístico, el director afirma que es la mejor película que ha hecho en su vida y que incluye esa esencia de Amanece, que no es poco que salió de su “cabecita loca”.

Pero centrándonos en la primera, y como homenaje a una de las películas españolas más queridas, citadas e imitadas por los “amanecistas”, os contamos algunas anécdotas y datos curiosos sobre todo el universo que la rodea:

 

¿Cómo surgió la idea?

Surgió un poco del concepto de su predecesora Total, un mediometraje para televisión de 1983, con el que inició el “sur-ruralismo”. En un inicio, Amanece, que no es poco iba a ser una serie para televisión llamada ‘Ab urbe condita’. Escribió un total de 5 horas de metraje, y el primer capítulo empezaba con la frase: Amanece, que no es poco. Al poco, Televisión Española rechazó el proyecto por ser imposible de producir, demasiado cara y demasiado disparatada.

“El encargo, que me había hecho TVE, era que hiciese una serie al estilo de ‘Crónicas de un pueblo’, con ese tipo de humor. Y yo le presenté esto del mundo platónico y claro, era imposible. Por el tema presupuestario, pero también porque era un disparate”, dice Cuerda.

Cuando llegó el momento en el que le propusieron producir una película para la gran pantalla, tres productores formaron la Compañía de Aventuras Comerciales. Para hacer el guion, cogió todo lo que había escrito de ‘Ab urbe condita’ y condensó esas cinco horas de metraje en dos. Tan sólo tardó un mes y medio en terminarlo, aunque asegura que le echó muchas horas al día (unas 12 de media).

Evidentemente, no todo lo que salía en la serie sale en la película y no todo lo que sale en la película salía en la serie. Para aquellos que tengan curiosidad por leer el guión de la serie, pueden encontrarlo en el libro Amanece, que no es poco (La Serie).

Una secuencia de ‘Total’, predecesora de ‘Amanece, que no es poco’

 

El rodaje

Cuerda define el rodar la película con una sola palabra: “Horrible”.
Por una parte decidieron rodar en pleno mes de julio, con temperaturas que superaban los 40º de día y que al caer la noche descendían en picado alcanzando los 0º. Además, los figurantes y actores iban vestidos con ropa de invierno (pantalones largos, camisas gruesas, boinas…), requisito que empeoraba aún más la situación.

Fue un rodaje muy corto que finalizaron a las 6 semanas debido al poco presupuesto con el que se contaba, pero como tenían que rodar a toda prisa llegaron a filmar 28 planos al día -una barbaridad-.El equipo era bastante reducido con, por ejemplo, tan sólo una persona de producción encargándose de las idas y venidas de todos los actores, al igual que había una única persona al mando de todo el extenso atrezzo.

“Fue un rodaje tan infernal que aprendí a levitar, a desdoblarme”

Algo que todos los miembros del equipo artístico y técnico destacan, es la participación activa de todos los ciudadanos de Sierra de Segura, una de las localizaciones en las que grabaron. Coinciden en que la frescura que transmite la película se debe en parte a ellos, puesto que menos los actores principales todos eran personas del pueblo con muchas ganas de participar y aportar en la cinta.

Les ayudaron en todo lo que pudieron y se volcaron con el proyecto, menos a la hora del Rosario. Al parecer el cura de uno de los pueblos no estaba muy contento con ellos, por lo que ponía los altavoces con mucho volumen para que no pudieran seguir rodando. Cuerda no sabe si ponía los altavoces por fastidiar o por costumbre, pero siempre tenían que hacer un parón en esos momentos.

Además al no haber hoteles cercanos en la zona, mucha parte del equipo se hospedaba en las propias casas de los habitantes. Nunca les pusieron ninguna pega y les trataron como si estuvieran en sus casas.

Vista del pueblo de Lietor, Albacete, uno de los pueblos donde se rodó la película

 

Cabras descongelándose

Es mítica la escena en la que Ngé Ndomo prepara su estampa viviente entre los riscos como todas las noches. Coloca una a una a sus cabras entre las peñas a distintas alturas para crear una composición artística.

Durante el rodaje había un veterinario del pueblo que se encargaba de cuidar a los animales que aparecían. Se decidió que en lugar de poner animales reales, este veterinario determinase cuántas cabras iban a fallecer pronto (por enfermedad) para sacrificarlas y disecarlas. Finalmente las mataron, pero no las disecaron. Por temas de presupuesto, producción determinó que salía mucho más barato congelarlas. Y así se hizo.

El problema es que no contaron con que el rodaje duraría toda la noche, y en plena grabación comenzaron a descongelarse, apreciándose en el metraje final como una de ellas empezó a descomponerse hasta que su barriga tocaba el suelo. Cuerda se ríe ahora de esta anécdota, pero en el momento le cabreó mucho que no se le hiciera caso.

 

Poca acogida en el estreno

El estreno de Amanece, que no es poco tuvo lugar en el cine Gran Hotel de Albacete en 1988 y no pudieron contar con Cuerda porque contrajo una hepatitis tras comer almejas crudas en Salamanca. Suena a chiste, pero estuvo dos meses bastante fastidiado por el tema.

“Muchos de mi generación me dijeron que menuda chorrada que había rodado”

Posteriormente llegó al cine Proyecciones de Madrid, y tan sólo estuvo un mes en cartel. Esto se debió a que las películas de ese cine tenían que recaudar un millón y medio de pesetas a la semana, y al ver que a la tercera semana sólo llevaban recaudado un millón doscientas mil la quitaron para poner otra en su lugar (Presidente por accidente). Su taquilla fue discreta y pasó desapercibida los primeros años.

Además el público no la entendía, empezando por los vecinos del pueblo que actuaban en ella. “Muchos de mi generación me dijeron que menuda chorrada que había rodado. Recuerdo incluso a una señora en la cola del cine diciéndole a la gente que no se metiera a ver aquella tontería”, recuerda Cuerda.

Algunos habitantes de Ayna, Liétor y Molinicos salieron de la proyección enfadados y llegando a pensar que se les había tomado el pelo. Incluso a día de hoy algunos lugareños siguen sin entenderla, decepcionados.

“La he visto dos veces y no me gusta nada. Es que es muy difícil entenderla. La gente que salíamos en la película buscamos un sentido, un argumento… Pero nada”. Ante todo esto el director sólo podía decir que hizo lo que mejor creyó y como mejor sabía hacerlo, y que su intención no era rodar algo falso, blando o indiferente.

Fue años más tarde cuando se empezó a valorar esta obra, estableciéndose una base de fans de todas partes de España que sólo ha ido creciendo con el paso del tiempo. De ahí también la razón de ser de Tiempo después: la admiración por el humor tan peculiar de Cuerda, que fue poco a poco convenciendo a las nuevas generaciones de crítica y público de que nos encontrábamos con algo totalmente personal y diferente. Una de las mejores películas que nos ha dado el cine español en los últimos 50 años.

 

Nana Medina (@KowaiNana)

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