Estás leyendo:
Lo nunca visto: comedia rural rutinaria
4 min

 

La vida en los pueblos siempre ha sido parte orgullosa del imaginario colectivo de España y, por extensión, del cine español. Era lo que había: el 49% de los españoles vivía en zonas rurales en 1950, y eso se acababa reflejando en las películas que hacíamos. La comedia ha sido desde entonces la forma más popular de retratar qué significa «ser de pueblo«; algunos de nuestros mejores directores y guionistas han buscado hacer reír -o dejarnos con la sonrisa helada- con sus costumbres, tradiciones y particularidades. Tensiones con la modernidad y el supuesto progreso incluidas.

Hoy, con el 80% de la gente viviendo en áreas urbanas, «ser de pueblo» empieza a ser una triste rareza sobre la que mirar desde tu apartamento. De este problema de la ‘España vaciada’ parte Lo nunca visto, una nueva apuesta humorística que busca, sin demasiada suerte, moverse en los códigos de esa tradición cómica rural española. La directora y guionista Marina Seresesky se lanza así por primera vez a la comedia más pura después de su primera película (La puerta abierta), que recogía tonos más dramáticos. A la cineasta argentina el experimento le sale sin sal: esboza con gracia algunas características clásicas de la comedia coral berlanguiana para luego desactivarlas introduciéndolas en las dinámicas más flojas de la comedia regionalista de fórmula.

La trama cómica principal parte de los habitantes del pueblo ficticio de Fuentejuela de Arriba, donde no llegan al mínimo de residentes necesario para no quedarse sin servicios y ser anexionados por el pueblo vecino. Desde ahí se compone el ecosistema de sus vecinos, que, aún deteniéndose poco en él, es de lo mejor de Lo nunca visto gracias a su bien seleccionado grupo de actores. Se le notan las tablas -viene del mundo de la interpretación- a Seresesky, que destaca en la dirección de sus intérpretes que hacen de Fuentejuela una tierna comunidad. Comandados por una poderosa Carmen Machi, se aprecia un buen trabajo también en la caracterízación de los personajes secundarios de Pepón Nieto Kiti Mánver.

nunca-visto-cine-con-ñ

El patetismo y las curiosas escenas revueltas con varios personajes se quedan en destellos ensombrecidos por el tratamiento que se hace del conflicto cómico principal: llegan cuatro personas de origen africano que podrían solucionar el problema del pueblo. Si la despoblación es el tema de situación general, para hacer verdadera comedia entra el racismo. Aunque algún gag en este contexto no desentona por irreverente, la película cae sin innovar en el humor sobre contrastes, estereotipos y diferencias culturales que tanto ha calado en España desde Ocho apellidos vascos. Las bromas desaparecen en el desagüe de lo rutinario y sólo queda una gran Machi llevando la narración principal.

Todo el embrollo de la película, además, termina resolviéndose en unos cinco minutos finales que estructuralmente se notan demasiado apresurados y que evidencian la artificialidad de la apuesta. Lo nunca visto acaba siendo, por tanto, algo que hemos visto muchas otras veces y sin especial inspiración. Aunque Seresesky crea un contexto rural hecho con el cariño que se nota que le tiene a sus personajes, queda la sensación de haberlo desaprovechado por situarse en un tipo de humor mecánico sin el ingenio de la tradición cómica en la que se inspira. El pretendido buen rollo de comedia ligera se desdibuja por agotamiento, por no salir de la línea predibujada.

 

Arturo Tena (@artena_)

 

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.