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Litus: exitosa repetición de un modelo probado
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Después de trabajar en la comedia de factura televisiva en El pregón y El mejor verano de mi vida, Dani de la Orden vuelve a un cine más similar al de sus dos primeras películasBarcelona, noche de verano y Barcelona, noche de invierno– con Litus. A partir de la obra de teatro de Marta Buchaca, que también participa en el guion de la película, y con Los amigos de Peter como referencia cinematográfica explícita, Litus narra el reencuentro de un grupo de amigos meses después del suicidio de uno de estos.

Como comentamos en su momento con Perfectos desconocidos, encerrar a los personajes en un espacio cerrado siempre ha sido un fértil punto de partida para el cine. Si le añadimos los elementos de drama generacional y personaje recientemente fallecido, tenemos una receta para una película que, si bien ya hemos visto en bastantes ocasiones, podemos volver a ver con gusto siempre que esté bien planteada y bien ejecutada. Y Litus lo está. Sus temas de fondo (la dificultad, no ya solo de decir adiós, si no de saber a quién se lo decimos, la incomunicación o el componente generacional de “crisis de los 30”) forman parte de esas preguntas que el ser humano nunca dejará de hacerse.

Dani de la Orden sabe cómo aprovechar cinematográficamente estos elementos. Sabe dónde colocar a sus personajes, como marionetas dentro del espacio cerrado de un piso, y elige bien cuando usar los primeros planos para resaltar el dramatismo de la situación. Algo a lo que ayuda el buen trabajo de un reparto de primer nivel formado por Álex García, Adrián Lastra, Belén Cuesta, Miguel Fernández, Quim Gutiérrez y Marta Nieto. Aunque se habría agradecido menos música para ampliar el impacto de los silencios, en general el conjunto sobrevive sin problemas a sus puntuales excesos melodramáticos.

Después de un tramo inicial más cómico, en el que destaca Adrián Lastra, el drama se adueña de la segunda parte, en la que sobresalen Quim Gutiérrez y su impactante monólogo, que seguramente tuvo mucho que ver con su premio a Mejor Actor Secundario de la Sección Oficial del pasado Festival de Málaga. Tras explotar la comedia surgida de la incomodidad de las situaciones durante la primera mitad, la película se pone seria, y enfrenta a sus personajes con problemas nunca afrontados y verdades nunca dichas. Al final, se llega a un clímax final en el que estos abrazan su dolor con la alegría de quien ha entendido que es parte inseparable de la propia vida.

Litus es la reproducción exitosa de un modelo ya probado. Una película que aprovecha un buen texto inicial y las buenas capacidades de Dani de la Orden en la dirección y un carismático reparto. El resultado final no descubre nada nuevo pero sí plantea cuestiones relevantes para una generación que vive un mundo menos atractivo del que esperaba encontrarse. Una generación que además va encontrando su hueco en nuestro cine, lo que hace que cada vez veamos más retratos generacionales de este estilo.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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