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Querido Paul Morrissey: cartas para un cine sin normas
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Querido Paul Morrissey: cartas para un cine sin normas

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A diferencia de lo que ocurría en la cinefilia de los 70 y 80, los amantes del cine formados en los 90 en España tuvieron, por primera vez, alguna facilidad para llegar al cine internacional más alternativo. Muchos recordarán a la mítica distribuidora española Manga Films  -hoy diluida en Vértice Cine- como una de las responsables de que llegasen a las casas españolas, primero en VHS y luego en DVD, esas películas que se salían de los circuitos comerciales clásicos y eran tan complicadas de ver.

Fue precisamente Manga, con el cofundador de Filmin Jaume Ripoll a la cabeza, la que puso en cinta varias de las películas del cineasta norteamericano Paul Morrissey, uno de los referentes del underground de los 60 y 70 principalmente por su trabajo en la famosa Factory de Andy Warhol. Una de esos VHS (el de Trash, más concretamente) le cambió la vida a un adolescente barcelonés: descubrió con Morrissey un cine diferente, «directo y realista», que acabó siendo el motor que le llevó a estudiar cine y dedicarse a ello. Más de 20 años después, ese adolescente convertido en cineasta, Armand Rovira, estrena Letters to Paul Morrisey, una película que rinde tributo a la energía y al espíritu libre de hacer cine del neoyorquino.

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Este filme español, que llega este viernes 29 de noviembre a las salas, está compuesto por cinco historias diferentes, por cinco cartas que distintos personajes escriben a Morrissey sin esperar respuesta. «Me planteé al principio (2013) un proyecto al estilo Correspondencias filmícas -un trabajo en el que varios cineastas se intercambiaban cartas visuales entre ellos-. Me puse en contacto con el propio Morrissey, que me dio las gracias y su disponibilidad para lo que quisiera, pero me explicó que estaba muy mayor y que no estaba en condiciones de corresponderme», explica Rovira a Cine con Ñ. El catalán, que ya había rodado uno de sus capítulos en ese formato de correspondencia más documental (el protagonizado por la voz del actor fetiche de Morrissey, Joe Dalessandro), cambió el planteamiento y lo convirtió en un proyecto 100% de ficción que ha ido mutando hasta convertirse en la película que es hoy seis años después.

La película pasa de forma epistolar por un hombre en busca de su identidad, un relato de adicción a las drogas, una actriz obsesionada con su brillante pasado, un amor frustrado por un bucle de separación y una enfermedad de oído en busca de alivio. Introspección, drama, comedia y ciencia-ficción se mezclan en esta obra inclasificable que ha sido rodada en paralelo y sobre la marcha a lo largo de seis años sin guion, sin producción previa, sin normas prefijadas y con unas viejas cámaras de 16mm. «Ni siquiera sabíamos qué iba a acabar siendo este proyecto exactamente al principio. Esto empezó con la idea de hacer el cine que queríamos, entrase o no en la industria», explica Saida Benzal, guionista y directora de uno de los episodios de Letters to Paul Morrissey.

Sus responsables relatan que todas las etapas (rodaje, búsqueda de fuentes de financiación, montaje, escritura de guion, casting…) se fueron haciendo de forma paralela a lo largo de varios años, algo que ha ido en consonancia con esa forma de hacer cine fuera de los ciclos habituales que marca el sector. «Si hubiésemos tenido que esperar al guion, a una productora, esperar a una subvención…esta película no hubiese sido posible», asegura Rovira. El director piensa que eso se refleja en el resultado final de Letters to Paul Morrissey: «Pensábamos que si nos saltábamos todos las reglas, que para eso están, podíamos hacer un cine realmente libre y encapsularlo en la película. Esto solo pasa si realmente te revolucionas de forma continúa con la propia industria».

El director y coguionista de ‘Letters to Paul Morrissey’, Armand Rovira

En blanco y negro, con múltiples reflexiones sobre la soledad, la búsqueda de fe o la incomunicación entre pantallas partidas, Letters to Paul Morrissey acaba formando un todo sugestivo que se independiza de la referencia del cineasta norteamericano para construir su propio lenguaje. Para Benzal, sobre Morrissey «no hay tanto un homenaje por una similitud de forma, que la hay, sino un tributo a una figura que abrió la puerta y le dio valor a otro tipo de cine, mucho más libre, también precisamente en temas de producción». Es ahí, en la manera de hacer cine, en su «espíritu protopunk», donde realmente esta película conecta en su esencia con el alma del cine de Morrissey.

Una forma de rodaje y de enfrentarse al cine que también se puede enmarcar hoy en España dentro de lo que se denomina como ‘el otro cine español’, el audiovisual de bajo presupuesto y que accede a las ayudas selectivas (que se colocan por debajo de los 300.000 euros de presupuesto). «Ahí también hay una similitud: jornadas maratonianas de trabajo, híbridos de documental y ficción, rodadas muy rápido, actores no profesionales o amateurs…», asegura Rovira. En ese sentido, los autores destacan una figura como un posible «Morrissey español» por su manera de trabajar: Antoni Padrós.

Letters to Paul Morrissey es una película especial y una nueva rara avis de nuestro cine, pero llega a las salas con ganas de acercarse al espectador de forma abierta, incluso desmárcandose de su referencia primigenia. Más allá de temáticas y elementos formales, Rovira asegura que no es necesario conocer la filmografía del director de Flesh para apreciar su película: «Que se olviden de la figura de Paul Morrissey. Es un viaje onírico con temas universales y una experiencia universal en diferentes idiomas; que disfruten de ese viaje».

 

Arturo Tena (@artena_)

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