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Las distancias (2018)
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Dice el refrán que los amigos se eligen mientras que la familia te toca. Podrá ser verdad, pero la cosa no acaba ahí. Y si no que se lo digan a Comas (Miki Esparbé), cuyos amigos se plantan por sorpresa en su casa de Berlín para reunirse y celebrar su cumpleaños. Pero más que para eso vemos que es un intento desesperado de aferrarse un mundo que ya no existe y a una vida que ya no viven. Las alegrías dejaron paso a otra cosa, y los amigos, que pudieron elegirse en su momento pero ya lo son simplemente por inercia, son ese clavo al que aferrarse. Pero en la fría Berlín, irónicamente, el clavo se revela como ardiente.

Las distancias (Les distàncies en su original catalán) es un drama sobre el paso del tiempo y la dificultad de crecer, de encontrar la alegría y la ilusión en las etapas ya inequívocamente -por edad- adultas de la vida. En su segundo largometraje tras la aclamada Blog (2010), Elena Trapé se confirma como una de las miradas y voces a seguir en el cine español, capaz de medirse con la actualidad y entregarnos una bonita película sobre el desencanto y la frustración de un grupo de amigos que bien pueden representar a toda una generación.

Trapé se decide por la austeridad en la puesta en escena, reduciendo sus herramientas narrativas a lo esencial. La distancia, más emocional que geográfica, se hace presente en las conversaciones a medio acabar y las miradas que no se acaban de encontrar. Es el retrato de una generación que ha visto incumplidas sus expectativas y que no sabe muy bien qué vendrá en el futuro. La directora acierta en dejar hablar más a los gestos y a los detalles que a las propias palabras, tan fáciles de manipular. El gran trabajo del reparto hace el resto. Bruno Sevilla y María Ribera nos alegran y relajan con su simpatía, Isak Férriz y Miki Esparbé nos tensan e irritan, pero es Alexandra Jiménez quien roba la función. Su personaje es el centro de la película y ella responde con contundencia al envite con una actuación contenida, poderosa y llena de matices.

Se podría decir que los personajes están poco desarrollados, porque sí que es cierto que apenas sabemos nada de su vida anterior. Pero seguramente tenga más que ver con un intento de representar la angustia de quien no termina de encontrarse que con un fallo de guion. La catarsis final, donde por fin se dicen con palabras lo que gestos y actitudes ya habían dejado claro mucho antes, resulta tan poco catártica como el final en sí, donde los problemas, lejos de ser resueltos, simplemente se exteriorizan. Son los detalles y las miradas no encontradas quienes revelan el paso de un tiempo que parece no haber traído la felicidad que prometía. No hay final ni solución, simplemente una vida que seguir viviendo y una constatación definitiva de que el pasado no volverá.

Las distancias llega a las salas tras hacerse con los premios a mejor película española y dirección del Festival de Málaga, así como con el de mejor actriz para Alexandra Jiménez. Su reflexión sobre la amistad y el paso del tiempo, pero también sobre la crisis económica que ha, como mínimo, transformado las expectativas de una generación, consigue remover y dejar un poso amargo, mientras que el gran trabajo de su reparto hace buena la apuesta por una narrativa minimalista de su directora. Elena Trapé ha levantado una película honesta y de calidad con la que asienta su figura entre las más importantes del panorama cinematográfico español para los próximos años. Ahora solo toca desear que no haya que esperar ocho años para ver su próximo trabajo.

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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