Estás leyendo:
Las amigas de Ágata: cuando vida y cine se funden
4 min

 

Finalizar el instituto y dar el salto a la universidad: una etapa vital de transformación, cambios y descubrimientos. Toca tomar decisiones y escoger preferencias, especialmente en el terreno de los vínculos afectivos. Algunas amistades -de esas que algún día juraste que serían para siempre- se van disipando, a la par que irrumpen en la vida personas con inquietudes e intereses semejantes a los tuyos. El mapa de los afectos se reordena, no sin dejar cicatrices. Las amigas de Ágata retrata ese momento emocionalmente convulso a través de un grupo de cuatro amigas de Barcelona. Amigas de siempre, “del cole”, de las que Ágata se comenzará a distanciar a medida que comience a salir con sus nuevos compañeros “de la uni”.

Las amigas de Ágata es ante todo una película generacional, no solo por el tema que aborda, sino a partir de su propia concepción y producción. En efecto, la cinta surge como trabajo de fin de grado en Comunicación Audiovisual de cuatro jóvenes estudiantes y realizadoras (Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius, Marta Verheyen) de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. El proyecto cuenta con la supervisión de cineastas de la talla de Isaki Lacuesta y León Siminiani y consigue su financiación, de apenas 3000€, a través de un crowdfunding. Obtiene un reseñable impacto en la escena alternativa y es nominada como mejor película en lengua catalana en los Premios Gaudí 2016.

Como decíamos, la película presenta una trama sencilla que, no obstante, se despliega con trazo fino, prestando atención a una multitud de matices en la evolución de la protagonista. Esta delicadeza narrativa está escoltada por lo que verdaderamente impacta en un primer visionado de Las amigas de Ágata: la frescura de la factura técnica y del reparto.

La primera está construida a base de una intencionada imperfección en la imagen, con primerísimos planos que no se detienen en quien está hablando, sino que prefieren prestar atención a la progresiva desfamiliarización que experimenta Ágata con respecto de sus amigas; en la misma línea, en el ámbito sonoro la atmósfera se impone -a veces excesivamente- a las conversaciones. En esta experimentalidad se integran sin chirriar metáforas visuales académicas pero efectivas: el ascensor que eleva a Ágata a la fiesta con sus nuevos amigos o el cielo borrascoso que anuncia el conflicto con sus amigas de siempre. Por su parte, las interpretaciones rezuman autenticidad y juventud. Destaca Elena Martín (Ágata), que más recientemente ha confirmado su potencial dirigiendo y protagonizando su ópera prima, Julia Ist.

Algún crítico ha escrito irritado que Las amigas de Ágata no cumple con los mínimos para pagar una entrada de cine para verla. Desconocemos si se pueda referir a su corta duración (70 minutos) o a su modesta producción de película indie consecuente, pero no podemos por más que estar en desacuerdo con esta valoración. Se trata de una película atractiva y sin pretensiones, con una espontaneidad lograda y una sensibilidad especial que comparte con otras producciones de realizadores catalanes (Cesc Gay, Carla Simón, Elena Trapé).

Todo ello encuentra su mejor síntesis en una escena final en la que el conflicto entre Ágata y sus amigas del colegio, que se viene gestando durante todo el metraje, estalla. Una discusión que remueve por su verosimilitud, que se acerca a la plasticidad de lo teatral para mostrar la apertura de una grieta de la que no conoceremos el desenlace. Uno de esos instantes en los que vida y cine, cine y vida se funden.

Fabio Cortese Sanabria (@fcsanabria)

‘Las amigas de Ágata’ está disponible en Filmin.

Dejar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Input your search keywords and press Enter.