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La voz humana: una pequeña gran exquisitez
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La voz humana: una pequeña gran exquisitez

Un cortometraje que encapsula el estilo y los personajes del cine de Almodóvar y una alegría para el cine español en estos difíciles momentos

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Antes incluso de que se apaguen las luces y empiece la proyección, La voz humana es ya un triunfo para Pedro Almodóvar. Después de la redonda y unánimemente reconocida Dolor y gloria, personalísima y con mucho de testamento cinematográfico, vuelve con un proyecto más pequeño, adaptando un texto ajeno, rodando en inglés por primera vez y dándose el gusto de trabajar con una de las mejores actrices del panorama internacional como es Tilda Swinton.

El regreso es importante, porque no tenía ninguna necesidad de hacerlo, o por lo menos tan pronto; el cambio de registro es estimulante y una muy buena manera de dar a su nueva obra una entidad propia y que no sea solamente “la que viene después de”; menos aún de estrenarlo en las renqueantes y abandonadas por muchos salas de cine; que el resultado encima sea excelente es solamente la guinda.

Partiendo de la obra de Jean Cocteau, que ya estaba, de distintas maneras, en las imprescindibles La ley del deseo y Mujeres al borde de un ataque de nervios, el director manchego nos muestra a una mujer que espera a que su ya examante vuelva a la casa que compartían a recoger sus cosas. Aunque La voz humana de Almodóvar actualiza y trae al presente el original de Jean Cocteau, en lo esencial repite el esquema de conversación de despedida por teléfono, empezando con un tono ligero que progresivamente se va volviendo más doloroso.

La voz humana es una píldora concentrada de melodrama almodovariano. Tras unos preciosos títulos de crédito a cargo de Juan Gatti aparece música de Alberto Iglesias que se mantendrá prácticamente en todo momento y aparece ella, Tilda Swinton. Su monólogo es desgarrador, atravesando el espectro de emociones de una punta a otra en apenas segundos. El idioma no ha sido ni mucho menos una barrera infranqueable y la actriz londinense ha bordado un personaje muy reconocible en la filmografía del manchego, el de mujer dolida por el abandono amoroso y a la vez con carácter y fuerza para salir adelante.

Almodóvar se ha dejado ser muy libre en su regreso al corto, dejando a la vista en ocasiones el propio decorado de la casa, y a la vez se nota una planificación meticulosa y perfeccionista. El arte es un última instancia artificio pero la belleza y el dolor son muy reales. Y el director no puede alejarse más que momentáneamente de lo que está mostrando. Puede elegir mirar desde arriba en algún momento, pero una vez que nos ponemos al nivel de la narración las emociones se acaban adueñando del plano.



La voz humana es una gran noticia para el cine español en un momento en el que no abundan. El experimento de proyectarlo en salas muestra un compromiso que hay que aplaudir, diametralmente opuesto al que estamos viendo en las majors estadounidenses (además, si la situación sanitaria no fuera tan grave no parece arriesgado pensar que el corto habría llegado dentro de un programa más amplio). Pero más allá del contexto del presente, que eventualmente terminará por cambiar, lo que queda es una pequeña pieza de cine de primer nivel. Una exquisitez que deja con ganas de más.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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