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La virgen de agosto: un poético ejercicio de inmersión
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El verano suele ser un momento de desconexión. De pararse a hacer aquellas cosas que hemos ido posponiendo, de atacar lecturas que se nos han ido acumulando o de empezar proyectos que nos ilusionan pero el ritmo del día a día nos impide atender. También es una ocasión para lanzarnos a una vida más atractiva y entregarnos a nuestras actividades preferidas. Es una época del año que muchas veces se asocia a viajar y poner tierra de por medio respecto al sitio en el que vivimos.

Aunque también puede ser lo contrario. Es lo que le ocurre a Eva (Itsaso Arana), la protagonista de La virgen de agosto. Eva decide quedarse a pasar agosto en Madrid como una ocasión para pararse a reflexionar, sobre su vida y sobre sí misma. Decide darse una pausa en una ciudad que se ha vaciado por las vacaciones y en la que solo las verbenas y fiestas de barrio consiguen congregar multitudes. Eva decidirá dedicar su tiempo a reflexionar y a pasear, reencontrado amistades que tenía desatendidas y encontrando otras nuevas. Un ejercicio de pausa e introspección que contrasta con el ritmo de vida cada vez más frenético que suelen imponer las ciudades.

Así se plantea La virgen de agosto, el quinto largometraje de Jonás Trueba. La película está escrita a cuatro manos entre el director y la actriz protagonista, lo que enriquece el texto y amplía la mirada. Trueba ha compuesto un film bello y delicado que es valiente a la hora de plantearse preguntas y coherente a la hora de traducirlas a imágenes. Su dirección elimina cualquier tipo de artificio para quedarse solo con lo esencial. La cámara deja tiempo y espacio a las conversaciones para que se desarrollen, y sigue los paseos silenciosos de la protagonista con la actitud de quien está presente pero no quiere que se le note. Tampoco hay más sonido que el de la propia ciudad. La virgen de agosto es un proceso de respetuosa inmersión. En unos días de la vida de la protagonista, en un proceso de búsqueda, en su «acto de fe» de elegir quedarse en agosto en Madrid.

Itsaso Arana está magnífica en su interpretación de Eva y su trabajo en el guion aporta una capa de autenticidad al proyecto que eleva el resultado final. La virgen de agosto plantea cuestiones específicamente femeninas -principalmente la maternidad, pero no solo- que el ingenio y la imaginación de Trueba difícilmente habrían conseguido abordar con la misma credibilidad. La película es en cierto sentido atemporal, ya que el contexto social del momento no tiene ningún protagonismo, y a la vez tiene mucho de generacional al ser la historia de una mujer de en la treintena que busca quién es y quién quiere ser. Algo contradictorio sobre el papel pero insignificante cuando se abraza la vida en toda su extensión.

Trueba consigue hacer poesía deteniéndose en medio del movimiento, y La virgen de agosto bien podría convertirse en la peli del verano siendo en muchos aspectos la anti película del verano. La magia del cine, que a veces puede ser también la de la vida. Una forma diferente de entender el cine –y también la existencia- que atrapa y estimula. Y un trabajo magnífico de Itsaso Arana en su doble papel de escritora y actriz protagonista.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

 

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