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La suite nupcial: Carlos Iglesias no da con la tecla cómica
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Carlos Iglesias inauguró hace algo más de una década (Un franco, 14 pesetas) una poco habitual carrera de hombre orquesta en el cine español. Actor principalmente cómico en los 90 –para siempre Benito-, Iglesias se convirtió en feliz director, guionista y protagonista de sus películas en los 2000. Al principio de su primer proyecto, lo de dirigir no estaba en sus planes: fue la productora que se decidió a hacer la película la que le dijo que tenía que ser él el que la dirigiera. Fue así como se dio cuenta, que era la forma de «contar exactamente lo que quieres contar». Viendo el maltrecho resultado de La suite nupcial, su cuarta obra tocando todos estos instrumentos, cuesta pensar que lo que quería contar Iglesias era esto, o al menos, que saliera así.

El director se desmarca de su precedente trilogía sobre la emigración española durante el franquismo (Los dos francos e Ispansi) con una humilde comedia de enredo toledana. La premisa, que viene de su propia obra de teatro, es sencilla: un hombre se cita en la suite nupcial de un hotel para pasar un fin de semana con su joven amante, pero las cosas se empiezan a torcer. Un legítimo punto de partida humorístico que La suite nupcial no consigue aprovechar casi en ningún momento, dando vueltas en círculos sobre la situación inicial durante demasiados minutos.

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Ya sea por falta de presupuesto o de distancia de Iglesias con un material tan suyo, la película se abandona a una puesta en escena y una fórmula cómica que se quedan estancadas de la peor forma en su origen teatral. No hay ritmo ni situaciones físicas para hacer reír. Únicamente al principio hay una cierta tensión con el entorno que puede resultar divertida. El resto se fía todo a unos diálogos y a unas largas secuencias que giran, entre situaciones cómicas sin casi punch, por las diferencias entre hombres y mujeres, las dificultades de las pareja, el paso de la edad o la importancia del deseo. Pese a un tímido intento de ofrecer alguna perspectiva diferente sobre esos temas, todo se diluye en un discurrir monótono con pocos destellos de brillantez entre digresiones demasiado antiguas.

El desenlace de La suite nupcial se resuelve de forma brusca y sin mucho sentido tras tantos minutos desaprovechados. Pese a que los personajes secundarios parecen estar vivos (el trío femenino y José Mota funcionan) y tienen cierta personalidad gracias a las interpretaciones, están atrapados en escenas que los dejan sin aprovechar. Iglesias se queda con un personaje principal timorato y defensor de los mayores -que recuerda al que interpretó hace poco en @buelos-, pero sin la ternura, gracia o carisma suficientes como para cargar con tanto volumen de diálogo.

Estamos ante un filme con el que Carlos Iglesias no da con la tecla que pretendía, y sólo puede navegar entre conversaciones que no compensan el artificio anodino de sus situaciones cómicas. La evidente y limitadora falta de dinero para levantar este proyecto no es excusa suficiente como para no haber sacado algo más de este material. Quizá si el hombre orquesta hubiese dado un par de pasos hacia atrás habría visto que no podía fiarlo todo a un contenido que pide más recursos de los que dan los diálogos de su guion.

 

Arturo Tena (@artena_)

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