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La ofrenda: la necesidad de saber qué se está contando
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La ofrenda: la necesidad de saber qué se está contando

Una historia con un punto de partida interesante y con un plantel de intérpretes de primer nivel, pero cuyo desarrollo parece contradecir su idea inicial

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Atrapado por su pasado. Además del título de la película de Brian de Palma bien podría servir de descripción de esta encrucijada amorosa que supone la segunda incursión en el largo de Ventura Durall tras varias experiencias en el documental. El filme comienza en el momento en el que los personajes de Àlex Brendemühl y Verónica Echegui se conocen, al mismo tiempo que se nos presenta el “mecanismo” que da sentido final a la narración y que sirve de título a la película: la ofrenda.

El personaje de Brendemühl, Jan, gestiona una empresa llamada Ulises -metáfora poco sutil del “retorno a casa”- a través de la que se hace llegar a un destinatario la última voluntad del cliente que lo solicite antes de fallecer. Gracias a este servicio, el citado Jan cruza su camino con el de Rita (Verónica Echegui) y, a través de una acertada elipsis, plantea la primera relación de pareja que se nos da a conocer en la trama: un hombre con un pasado “oscuro” une sus fuerzas con una mujer dependiente del apoyo de otra persona. En apenas unos minutos de metraje, ambos personajes quedan definidos de una forma “lógica”.

Sin embargo, la verdadera historia que Durall quiere contar no se asienta en lo que vemos al inicio, sino que se descubre a través del punto de giro que nos adentra en el segundo acto. El personaje de Anna Alarcón (Violeta) es realmente el que se apodera del punto de vista de la película, quien vive el conflicto principal de la trama y con quien se cierra un arco dramático que comienza durante la juventud del personaje.

Como si de una matrioska se tratara, La ofrenda va “abriendo” diferentes cajas -como las de la empresa Ulises- para ir mostrándonos una información que los tres personajes principales ya conocen. Es decir, el público no entiende las reglas del juego o el mundo de la ficción a la vez que Rita, Jan y Violeta, sino que el planteamiento se basa en una progresiva revelación del pasado de los protagonistas aumentando nuestro interés por conocer quién es quién en esta “encrucijada”.

 Para ser más explícitos -y no quedarse en el presente del relato- el montaje juega con diferentes flashbacks que revelan la relación que Jan tuvo con Violeta cuando eran jóvenes, cuestión en la que no importa tanto el “qué” -en el punto de giro ya queda claro, al igual que se puede ver en el póster-, sino el “cómo” . En el momento en el que todas las cartas están encima de la mesa, el relato se centra exclusivamente en el presente y el espectador asiste a un desarrollo en el que se produce un juego de espejos, tanto con el propio pasado de Violeta y Jan como con la estructura del filme.

En una suerte de historia de amor imposible junto a una trama de vuelta al “hogar”, La ofrenda plantea una historia intensa -y en mi opinión con un dramatismo demasiado a flor de piel- en la que la fuerza y principal atractivo recae en las interpretaciones. Aunque la coherencia se mantiene a lo largo de varios tramos del relato, desde el punto de vista de la dirección de actores ciertos comportamientos tienden demasiado a lo extremo, cuando la contención podría haber sido una aliada más efectiva.

Pese a que la historia no es completamente idéntica, Madre (Rodrigo Sorogoyen, 2019) puede servir como referente en el que el punto de vista, dada la trama planteada, se mantiene desde el principio -en este caso creo que tendría que haber ocurrido con el personaje de Violeta y no empezar con Rita-, los personajes que ayudan a construir el crescendo narrativo están bien dibujados y apoyan el desarrollo del rol principal, y la fuerza del relato no se diluye en subtramas que resultan más ajenas al conflicto.

En otras palabras, los personajes principales tienen, cada uno en su contexto, su atractivo y su justificación dentro del devenir de los acontecimientos, pero La ofrenda parece no apostar todos sus recursos por cómo vive uno de ellos el drama, sino que opta por dar pinceladas de los diferentes ángulos de la historia. Al final se trata de elegir y, aunque el público comprende con qué visión empatizar, el planteamiento poliédrico puede dar lugar a pensar que no se está narrando en exclusiva a partir de un punto de vista sino que hay varios frentes abiertos.

En definitiva, La ofrenda ofrece una historia con un punto de partida interesante y con un plantel de intérpretes de primer nivel, pero el desarrollo parece contradecir su idea inicial, ramificándose en varias subtramas y adquiriendo una densidad dramática que hace pensar en otro tipo de productos audiovisuales más que en una historia estructurada en torno a un delicado conflicto interno. Se queda a medio camino de una propuesta de mayores vuelos, aunque poder disfrutar de estos actores en pantalla tampoco es un aliciente menor.

 

Jorge Dolz (@J_Dolz)

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