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‘La maldición del guapo’, una comedia de «pícaros y perdedores»
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‘La maldición del guapo’, una comedia de «pícaros y perdedores»

El director y guionista Beda Docampo Feijoo estrena su nueva película, 'La maldición del guapo', una comedia de estafadores donde "todos son pícaros"

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Las comedias de estafadores nunca mueren. Aunque la edad de oro de este subgénero de la risa con engaño fue durante los años 50 y 60, el timo no ha dejado de estar de moda desde que el cine es cine. Ahora la llama de la seducción del robo la vuelve a encender en España La maldición del guapo, una película hispano-argentina de Beda Docampo Feijoo que usa el subgénero como telón de fondo humorístico para hablar de las distintas caras de sus pícaros personajes.

El rey del engaño en La maldición del guapo es Humberto (Gonzalo de Castro), que representa uno de los arquetipos clásicos de la comedia de estafadores: el incorregible, el que manipula y roba por naturaleza. «Ël es como un tigre, no puede evitarlo. Así que utiliza a la gente para tratar de cumplir su sueño: hacer un estafa perfecta o hacer saltar la banca del Casino de Montecarlo», explica a Cine con Ñ Docampo Feijoo, un director nacido en España, formado en Argentina y que vive desde hace años en nuestro país, donde ha firmado hasta cuatro producciones distintas.

Docampo Feijoo construye su historia también a partir del hijo de Humberto, Jorge (Juan Grandinetti), que trata de desmarcarse de él, pero que necesita su ayuda. «La columna vertebral de la película es la relación entre los dos«, dice el director, que asegura que en La maldición del guapo «pasa algo habitual entre un padre y un hijo: que el padre vea al hijo como una prolongación de sí mismo, cuando en realidad debería ser independiente de uno mismo y tener sus propios deseos».

Juan Grandinetti (izquierda) y Gonzalo de Castro (derecha) en ‘La maldición del guapo’. Fuente: Filmax

Este duelo afectivo se desarrolla mientras Humberto va enredando a Jorge en una farsa al ver que trabaja en una gran joyería y que hay una posibilidad de robar a gente «que en algún sentido roba a otros». Esa es la manera en la que el estafador se justifica a sí mismo para hacer entender que lo que hace está bien a nivel moral: «Juega al refrán de ‘quién roba al ladrón tiene cien años’. Si los ricos se juegan el dinero en casinos, y no donándolo a los pobres, está bien robárselo, piensa. Siempre tiene una excusa para que la tortilla caiga de su lado», explica Docampo Feijoo.

«Todos en la película son pícaros»

En ese juego de manipulaciones y apariencias entran en juego otros personajes, que están encarnados por un plantel experimentado de actores españoles como Cayetana Guillén Cuervo, Carlos Hipólito, Ginés García-Millán o Malena Alterio. Todos ellos tienen algo en común, según el director y guionista: «Son todos pícaros». Una referencia compartida a la clásica picaresca que tiene poco de casual. Docampo Feijoo la utiliza para definir exactamente a sus personajes, donde ninguno es quien parece ser y todos buscan aprovecharse de la situación de alguna manera.

La del pícaro es una figura literaria histórica en España, con su propio subgénero, pero que el director vincula a lo que pasa en la realidad en todo el mundo: «A los pícaros los encuentras en todos lados. En España el término tiene una trayectoria muy antigua porque lo que hacían los pícaros sucedía en la realidad en la época en la que surgió. Basta con ver la vida personal de Lope De Vega, que es el pícaro por excelencia del Siglo de Oro».

Beda Docampo Feijoo (izquierda) y Gonzalo de Castro (derecha) en el rodaje de ‘La maldición del guapo’. Fuente: Filmax

Con una película llena de mentirosos y de apariencias, Docampo Feijoo reflexiona también sobre lo cierto y lo falso en nuestras sociedades: «Hay una escena de la película en la cual confunden al personaje de Gonzalo de Castro con un político. Esa es un poco la historia. Convivimos con los que hacen de la mentira una verdad y su contrario, y los que lo sufrimos somos todos nosotros. Cualquiera que tiene algún tipo de poder puede hacerlo».

Pero el director recalca también que hay espacio fuera del cinismo en La maldición del guapo: «Todos los personajes de la película son pícaros, pero también perdedores. Eso los hace entrañables también». En esta película, que llega a 127 cines de toda España, Docampo busca humanizar a unos personajes «que tienen sueños imposibles, como los tenemos todos». La picaresca también deja sitio para que nos sintamos identificados.

 

Arturo Tena (@artena_)

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