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La llamada: simpática renovación de un género
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La comedia musical española volvió. Y volvió al estilo norteamericano, con una pequeña obra de teatro original que se ha convertido, cuatro años después, en una película de éxito. Un fenómeno bastante inusual en España. Sus creadores y directores, Javier Ambrossi y Javier Calvo, hoy ya famosos, han dado con la tecla mezclando a Dios con el electrolatino, pero sin renunciar a las temáticas universales de siempre. La llamada es una película dinámica que, sin salirse del molde, representa un soplo de aire fresco de agradecer en el panorama nacional.

Su gran acierto es su permanente conexión con el presente. Por un lado, como principal recurso humorístico de la historia: la gracia está en el contraste entre lo nuevo y actual (las chicas del campamento) y lo viejo y pasado de moda (las monjas). Los Javis se centran, por tanto, en las referencias contemporáneas de su joven generación, especialmente a través de lo que viven las dos principales protagonistas, María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) . Por otro lado, el presente es entendido como pura filosofía vital: “lo hacemos y ya vemos”. El descarado leitmotiv del dúo protagonista es vivir el momento sin pensar en las consecuencias.

Esta combinación de comedia y mensaje vitalista funciona; es la que da esa efervescencia y buenrollismo que te hace entrar con agrado en las importantes partes musicales, que es donde se expresan gran parte de los sentimientos de los personajes. En un musical es clave que todo esté bien integrado, y las canciones elegidas, de ayer y de hoy, sin duda lo están. Ninguna se nota a destiempo, larga o desubicada, sino que aportan las emociones que la escena requiere y que intentan expresar las protagonistas.

El aire de acontecimiento que tiene la película, de experiencia única, es pura herencia teatral. Cada escena, cada canción, es importante y tiene un significado. Eso refuerza el ritmo interno y esa sensación intensa que comentaba anteriormente del “aquí y ahora”. Además, las actrices dominan sus personajes y tienen muy bien integrados sus diálogos e interacciones. Esa coralidad armónica de mujeres, tan poco habitual, es también lo mejor que han recogido de la obra original.

Lo peor de la adaptación ha sido no arriesgarse demasiado en darle una forma más cinematográfica, seguramente debido a la inexperiencia. Si bien en el apartado fotográfico cumplen con esos agradables tonos cálidos, la puesta en escena está organizada de forma algo plana. No se aprovecha la cámara como punto de vista dentro de un espacio, sino que se utiliza como simple atajo para destacar según qué elementos narrativos. No hay voluntad de aportar mucho desde el objetivo de La llamada. Eso incluso hace algo repetitivo el plano/contraplano tan recurrente, y vuelve algo inútil e insulso el ambiente, que queda como un bonito decorado de fondo.

El otro punto negativo más destacable de la película está en un personaje tan importante como el de Susana (Anna Castillo), que experimenta un desarrollo que no se termina de entender, que por sorprendente termina por estar poco justificado. Quizás sea el punto más flojo de un guión que sí que responde bien a nivel general.

Con todo, el balance final es positivo. La larga tradición del musical cinematográfico en España añade una relevante pieza más, una renovación meritoria del género. La llamada se reviste con un divertido envoltorio moderno para luego emocionar por dentro con amistad, amor, crecimiento y aceptación. Si te acercas con curiosidad a esta película por su popularidad, al final entenderás a qué se debe.

Arturo Tena @artena_

 

 

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