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La librería: buena naracción sin ser memorable
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Años después de la Segunda Guerra Mundial, Florence Green (Emily Mortimer), una amante de la literatura durante toda su vida, decide cumplir su sueño y abrir una librería en un pequeño pueblo inglés. Los libros se han convertido en su mejor compañía una vez que su marido ha fallecido en la guerra. Pero el nuevo comercio provocará una serie de reacciones en el pueblo, poniendo a prueba la determinación de la protagonista. 

La catalana Isabel Coixet llevaba mucho tiempo con ganas de adaptar la novela de Penelope Fitgerald. La directora sigue mostrando por qué es una de las más internacionales de nuestro cine: coproducción, reparto internacional y rodaje en inglés. Pese a partir de una adaptación literaria, La librería es una obra muy personal; es fácil identificar a la protagonista como un alter ego de la propia directora, una comparación con la que ella misma ha declarado sentirse cómoda. 

La librería es antes que nada una película de amor. De amor a la lectura, pero también a uno mismo. Y de respeto y dignidad o, mejor, de su ausencia. La sensibilidad es uno de sus puntos fuertes. Tanto la de la protagonista como la que muestra la directora a la hora de contar su historia. Es en las delicadas formas de Florence Green donde la película encuentra sus mejores momentos, especialmente en los encuentros que mantiene con el ermitaño personaje interpretado por Bill Nighy. La nostalgia, potenciada por un ritmo pausado y una fotografía que pone de manifiesto la oscura climatología de la zona, atraviesa la película.

El film propone un acertado retrato de las educadas formas británicas, aunque estas a veces apenas oculten el desprecio, y de una serie de dinámicas negativas asociadas a los pueblos pequeños, en este caso los cotilleos. También encontramos, implícitamente, una denuncia del abuso de poder y, quizás, de un sistema de clases rígido, clientelar y corrupto. Coixet nos muestra un ambiente opresivo y cerrado en el que no está bien vista la iniciativa individual en cuanto se desvía un poco del camino establecido; una tendencia de la que se pueden extraer múltiples lecturas en clave de actualidad. 

Sin embargo, el conjunto queda lastrado por decisiones narrativas cuestionables, como una voz en off que subraya innecesariamente el tono de la película, anticipando el desenlace desde los primeros momentos. De esta manera el desarrollo del film pierde cierto interés; el hecho de que encima la voz en off vaya desapareciendo según avanzan los minutos hace que incluso dé más rabia su presencia. La ausencia de matices y el excesivo maniqueísmo a la hora de caracterizar a los personajes también acaba pasando factura.

La librería es una película bonita en su forma y en su fondo, resulta ligera y agradable de ver, y es bienintencionada, pero nada en ella acaba de resultar memorable. Tras la historia laten temas importantes y vemos una buena representación de algunas dinámicas sociales, aunque una sobre explicación innecesaria acaba jugando en su contra. Coixet ofrece una película bella y bien narrada, pero lejos de obras como La vida secreta de las palabras, Cosas que nunca te dije o Mi vida sin mí.  

 

Carlos Pintado @CarlosPM76

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