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La jaula de oro: Quemada-Díez y lo más crudo de la inmigración
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Cientos de inmigrantes cruzan cada año Centroamérica para llegar a la tierra prometida: Estados Unidos. El viaje, lleno de penurias, se hace en lo alto de un tren o por las propias vías y de los cientos que salen varios cientos se quedan por el camino. Es una realidad oculta pero palpable por la que muchos hispanos pasan en algún momento. El detonante de este viaje es la situación de pobreza que vive la región, con graves casos de chabolismo, analfabetismo e insalubridad. Las políticas poscolonialistas tanto de EEUU como de otras potencias occidentales han rebajado la calidad de vida al mínimo. Por eso, cuando en Guatemala, Perú o Ecuador se oye hablar de ese paraíso que hay al norte, nadie duda en colgarse una mochila al hombro y perseguir el sueño a ciegas.

El viaje, igual que el que realizan cientos de africanos para llegar a Europa a través de España, requiere estar hechos de una pasta especial, y aun así nadie asegura llegar al final. Y aquí el cine también tiene su papel como denunciante de una situación aberrante. Por eso es tan importante prestar máxima atención a cineastas como Diego Quemada-Díez, cuyo filme La jaula de oro retrata lo más crudo de esta realidad. Nacido español y nacionalizado mexicano, conoció la situación de los migrantes cuando fue a vivir una temporada con un conocido: su casa se encontraba junto a las vías del tren y todos los días veía a los migrantes de camino al norte. Esto sucedió en 2003, y desde entonces Quemada-Díez no ha parado de documentarse y luchar por levantar este proyecto.

La historia es la de tres adolescentes que salen de un pueblo chabolista de Guatemala soñando con Estados Unidos. Quemada-Díez quería actores no profesionales que viviesen esta realidad, por lo que recorrió asentamientos chabolistas y en el casting siempre hizo la misma pregunta: ¿quieres ir a Estados Unidos? La respuesta de los 6.000 candidatos fue unánime: sí. ¿Qué lleva a tanta gente a querer huir de sus casas de esa manera? En el caso de nuestros protagonistas es su día a día en hogares precarios y salarios ínfimos o inexistentes que les empujan a vivir de lo que da el vertedero más cercano. La precariedad de la vida propiciada por potencias extranjeras que expolian a los países y diezman sus recursos fuerzan a los habitantes a abandonar sus casas y buscar sitios mejores donde vivir.

Lo más paradójico de todo es que la ignorancia inducida por esta situación los hace emigrar precisamente a los países causantes de su desgracia. En el filme se puede apreciar cómo se vive en estos lugares, en casas construidas con uralita y de apenas unos metros cuadrados, basura por las calles, enfermedades… En seguida se crea una empatía hacia ellos y la urgente necesidad de huir se convierte en un anhelo compartido por personaje y espectador. Lo que no conocen los protagonisas es la dificultad de un viaje peligrosísimo, lleno de robos, accidentes, secuestros, violaciones… Enfrentarse a esta travesía significa con frecuencia la muerte.

Lo valiente de La jaula de oro no es solo el hecho de abordar un tema tan complejo si no la forma en que se lleva a cabo. El director español utiliza un lenguaje cercano al documental para darle ese realismo crudo que introduce aún más al espectador. El filme se grabó cronológicamente y por tanto el equipo llevó a cabo ese mismo viaje, pasando por tres países de Centroamérica. Con un estilo muy cercano al neorrealismo, una parte del equipo siempre avanzaba con varios días de ventaja para seleccionar localizaciones reales y contratar a verdaderos migrantes como extras. En cuanto a la cámara, siempre va al hombro, sigue a los personajes y da la sensación de ser uno más de la acción.

Pero más allá de un envoltorio sobrio no hay concesiones, la realidad se retrata tal y como es, con sus momentos alegres y sus momentos desoladores. No existe la condescendencia del occidental hacia el tercermundista, solo la rabia y la denuncia más firme. Lo peor de todo es que ninguno de los personajes sabe lo que encontrará al final del viaje, ninguno se da cuenta de que su soñado paraíso es otro lugar más donde el hombre caza al hombre, donde unos se explotan a otros. Nadie imagina que su lugar de ensueño no es más que una jaula de oro.

 

Marco Barada (@MarcoBarada)

La jaula de oro está disponible en Filmin

Este texto se publicó originalmente en La Verdad Extática

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