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La jaula: fallos de cálculo
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Segunda película de ficción española del 2019 que vuelve a ETA después de que la organización terrorista anunciase su disolución hace más de un año. Si el El hijo del arcodeonista repasaba los inicios de la banda durante el franquismo, ahora La jaula viaja diez años atrás para recordar el último atentado con muertos que realizó en España. Del principio a los últimos coletazos. Pero la propuesta del director y guionista Marcos Cabotá en La jaula no es tratarlo a partir de la sociedad vasca – o no de forma central- como pasaba en El hijo del acordeonista, sino desde los efectos inmediatos en otra población, la de Mallorca, que vivió aquellos días de verano en 2009. El resultado es una película de alma mallorquina modesta, bien pensada, pero lastrada por sus características y manejo de posibilidades.

Para construir su historia, Cabotá se centra en la vida de Sergi (Xavi Núñez), un padre sin trabajo y con una enfermedad mental que vive en su barco en Palma. Y lo hace contándolo durante unos días muy seguidos y marcados: el del atentado y los días justo después del estallido de esa bomba que mató a dos guardias civiles en Palma Nova. La llegada de un barco al puerto de una pareja que vive en Euskadi (Antonia Payeras y Miguel Ángel Jiménez) empieza a cambiar la vida de Sergi. El proyecto era originalmente una miniserie de dos capítulos (Gábia) producidos y emitidos en la televisión autonómica balear (IB3), y que ahora se han vuelto a montar sin cambiar prácticamente nada para convertirlos en esta película.

La jaula tiene estas limitaciones televisivas y de recursos incorporadas ya de partida. Es un proyecto pequeño, al que se le ven las costuras en el sonido o las pocas localizaciones. Pero eso se podría pasar por alto; lo malo para la película es que no se miden bien las posibilidades reales de producción para todos los elementos internos (los problemas personales del personaje de Sergi) y externos (el atentado, su elaboración y consecuencias) que quiere introducir Cabotá y la poca variedad de situaciones que tenía realmente a su disposición.

Este fallo de cálculo hace muy irregular, sobre todo, la construcción de situaciones y diálogos. A ratos se resuelven bien en ciertas situaciones de tensión (la escena de la cena tiene fuerza), pero luego caen en la explicación forzada de, por ejemplo, sus metáforas (la jaula en nuestra cabeza que nos atrapa a todos). Esa irregularidad además daña la interpretación de sus actores, desde la de Xavi Nuñez hasta la de Antonia Payeras, que no está a la altura en una escena clave de la película. El mejor en la interpretación, un coherente Miguel Ángel Jiménez.

Aún así, La jaula demuestra que, a nivel de estructura básica de entretenimiento y manejo de códigos de género, el codirector de I Am your father sabe moverse. La película va añadiendo tensión en su escalada general, y se maneja con cierto tino en los recursos del thriller con toques obsesivos y persecutorios. Cuando Cabotá se deja llevar por esos ramalazos más hitchockianos y ambiguos de un caso que sigue sin resolverse, la película consigue despegar de forma fluida y con un estilo inteligente y resolutivo que se adapta a ese puerto que quiere enjaular.

Estos buenos conceptos de cine recuerdan por qué la valentía temática de La jaula podría haber quedado mejor parada pese a sus restricciones. El evidente talento de Cabotá no se termina de imponer por una administración poco equilibrada de hacia dónde podía ir la película y dónde era mejor no colocarse. En cualquier caso, le seguiremos la pista al mallorquín.

 

Arturo Tena (@artena_)

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