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La hija de un ladrón: un debut lleno de personalidad y talento
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“¿Por qué no te olvidas de él?” “No puedo. Lo llevo en la cara”. Sara Garrido, que firma como Sara, en mayúsculas, no ha tenido una vida fácil. Con apenas veintipocos años tiene que ganarse la vida y mantener a su bebé, mientras atiende en lo que puede a su hermano pequeño. Quiere tener una vida normal, y como normal se define en las dos ocasiones en las que le piden que lo haga. Sara lucha contra lo inevitable: su padre es un ladrón y eso ha marcado su vida. Más allá de lo difícil de definir la normalidad, su situación no es desde luego común.

Belén Funes ha partido de su corto Sara a la fuga, premiado con la Biznaga de Plata al mejor cortometraje en el Festival de Málaga de 2013, para su debut en el largometraje. Con Greta Fernández en el papel principal y Eduard Fernández, al que en el corto solo se escuchaba, como padre. La hija de un ladrón nos muestra cómo la complicada vida de Sara, instalada en la precariedad laboral, pero también emocional, y con la responsabilidad de tener un bebé a su cargo, se verá afectada cuando su padre salga de la cárcel. Una tensión constante entre querer dejar todo atrás y empezar de cero y desear esa normalidad que nunca pudo vivir en la infancia.

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Funes entra en la vida de Sara sin avisar. Vemos su día a día y la gente con la que se relaciona, pero no conocemos sus antecedentes. Tampoco al padre de su hijo, con el que tiene una buena relación pero con el que no vive aunque parece ser que a ella sí le gustaría. Esta forma de narrar que no necesita apabullar de información para resultar comprensible –aunque a la vez sea atenta al detalle-, encaja a la perfección con el ir y venir emocional de la protagonista y demuestra una enorme personalidad y capacidad por parte de la directora, que bien podría haber elegido caminos más cómodos y convencionales para su primera película.

En La hija de un ladrón conviven constantemente y de forma natural lo particular y lo social. Lo particular, la historia de Sara, en primer plano. Y la precariedad de la vida de extrarradio de Barcelona, lo social, como base, suelo. Un suelo que, aunque no se nos hable de él explícitamente, pisamos en cada momento e inevitablemente nos condiciona. Esta capacidad de elaborar un cine intimista en un contexto social coloca a la película en la línea del mejor cine social europeo, acercándose especialmente a los hermanos Dardenne por su uso de la cámara en mano.

El gran trabajo de guion y dirección encuentra su culminación en una excelente labor interpretativa. Greta Fernández está fantástica en el primer gran papel de su carrera, trasmitiendo en cada gesto y mirada un profundo dolor en el que sin embargo hay espacio para la esperanza, y nadie mejor que Eduard Fernández para darle la réplica como su padre. También los demás secundarios abrazan con credibilidad el realismo de la propuesta, con Àlex Monner y el joven Tomás Martín a la cabeza.

La inteligente propuesta escrita por Funes junto a Marçal Cebrian muestra sin juzgar en ningún momento hasta llegar a la potentísima y demoledora escena final. La hija de un ladrón es una de las grandes sorpresas de la temporada y un debut que sorprende por la madurez tanto en el plano formal como en el contenido. Belén Funes, que ya en sus cortos exhibió sus grandes capacidades, ha saltado al largo con éxito y se convierte desde este mismo momento en uno de los nombres jóvenes a seguir de nuestro cine.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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