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La cocinera de Castamar, episodio 1: Hay un rey loco en Dinamarca
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La cocinera de Castamar, episodio 1: Hay un rey loco en Dinamarca

Apunta maneras para no quedarse en el envoltorio de culebrón de lujo si aprovecha las posibilidades de su rey Felipe V regular de la azotea

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En La cocinera de Castamar asistimos a la historia de la joven Clara, una joven cocinera que después de la muerte de su padre acusado de traición ha desarrollado agorafobia, cuando es aceptada al servicio del Duque de Castamar. El duque es muy cercano, personal y políticamente, al rey Felipe V, pero acaba de enviudar y ha abandonado la vida en la corte. Los amigos y enemigos del noble desean volver a verlo casado por diferentes motivos. 



La cocinera de Castamar se presenta en su primera entrega como un culebrón de época efectivo, que no parece que vaya a quedarse en el enredo amoroso entre los dos personajes protagonistas sino que jugará, al menos un poco, a la política, y que se ríe, también solo un poco, de las convenciones del género. La venden como Downton Abbey pero está más cerca de Vatel o de las partes cortesanas de El hombre de la máscara de hierro. Los amores imposibles entre nobles y plebeyos parece que serán la guarnición de los enredos de cama de los primeros.

Tiene la gracia, también, de la presentación de la comida, aunque de momento es apenas lateral en los diálogos y visual, porque no la explican. Hace 300 años la gente no comía como ahora, primero por técnica y segundo por gusto. Quizás centrar la serie en por qué la protagonista es tan buena cocinera y los conocimientos que ha necesitado acumular para ello la salvaría de su formato de culebrón histórico al uso. La novela en la que se basa jugaba bastante con ello y sus derivaciones diplomáticas, así que es de esperar que se abunde en la cuestión.

 

Crítica de La cocinera de Castamar, episodio 1, con spoilersla-cocinera-de-castamar-cine-con-ñ

Como decíamos, es un poco Vatel filtrado por Las amistades peligrosas, pero añadiendo sus pizquitas de representación de las minorías, eso sí, siempre para caracterizar como bondadoso al personaje normalizado protagonista, que las mira con paternalismo. Así, tenemos el detalle, de momento de fondo, del hermano adoptivo de raza negra del duque o de la ayudante de cocina con algún tipo de retraso mental, que no sabemos si tendrán algún peso posterior en la trama o se quedarán en adorno que nos recuerde que los buenos son muy buenos.

El primer capítulo es una introducción bastante efectiva al mundo de la serie aunque ni siquiera plantea la trama central que anuncian las sinopsis: la historia de amor contra las convenciones de la época entre Duque (Roberto Enríquez) y cocinera (Michelle Jenner). Al contrario, tenemos un desfile de enredos de cama varios que dejan al señor de Castamar como un secundario en su propia serie mientras Maxi Iglesias y Hugo Silva lucen pecholobo y miraditas de «soy un truhán, soy un señor» a las damas.



Sello Buendía, lo que significa Atresmedia multiplicada por Movistar+ y pujos de difusión internacional, de manera que el diseño de producción no se corta y la realización es todo lo buena que necesita. De hecho, la narración y su sutil sentido del humor se usan lo justito para no molestar y que la parte culebrónica de quién se encama o intenta encamarse con quién fluya, que es de lo que se trata. Un modelo que tiene su público fiel y al que se le ofrece, en este caso, primeras calidades, lo mejorcito que se cotiza, con Marina Gatell poniendo caras de mala malísima y Fiorella Faltoyano ya de gran señora de vuelta de todo, que, la verdad, le pega bastante.

 

Las locas locas aventuras de Felipe Vla-cocinera-de-castamar-critica-cine-con-ñ

El detalle poco habitual en estas ensoñaciones culebrónicas y que promete algo más en La cocinera de Castamar es el retrato, tan tronchante como fidedigno, de las idas de olla de su majestad católica Felipe V de Borbón. A los referentes antes mencionados, amén de otros más castizos como El secreto de la porcelana, se unen aquí sus gotas de La locura del rey Jorge y que pueden darle en cualquier momento a la serie el giro de trama política. Es probable que al servicio de la romántica, claro, porque si aumentan las responsabilidades del Duque, tanto más dramático será su amor imposible con una plebeya plebeyísima hija de un traidor.

Por supuesto si una serie española se mete en cosas históricas, resulta que ya lo ha hecho antes El Ministerio del Tiempo, pero esa es la gracia aquí. Que a Felipe V le falten un par de patatas para el kilo no se trata de manera cómica, ni siquiera subrayando lo grotesco de que el país descanse en semejantes hombros, sino casi como una tragedia que sufren sus allegados, sea el Duque, como amigo y mandaero político, o la reina Isabel de Farnesio. Es de suponer, además, que al estilo de la mencionada Vatel las habilidades de Clara en la cocina combinadas con las idas de pelota del Borbón ganen peso en el argumento.

En resumen: existe en La cocinera de Castamar el potencial para darle un giro que se echa de menos a las ficciones históricas de este tipo en nuestro país, pero dependerá del desarrollo de la serie de qué lado caiga la moneda. Que va directa al dramón romántico no lo niega nadie y bienvenida sea, es el acompañamiento y las formas lo que se puede afinar. 

 

Jose A Cano (@caniferus)

1 comment

  • Victor Manuel Manteca Hierro

    Un cero patatero para el asesor de historia que permite que se usen pelucas de 1770 en 1720 y haya por ahí duques paseando con barba en un siglo en que absolutamente ningún hombre europeo de cierta posición dejaría que le viesen con vello facial. Por no hablar de diálogos anacrónicos y situaciones improbables.

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