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La banda: el valor de la autenticidad
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En la rueda de prensa posterior a la proyección de La banda, Roberto Bueso, el director de la criatura, comentaba su admiración por Los inútiles (I vitelloni en su original italiano) de Federico Fellini. Una conexión que se ve muy bien en esa forma de retratar las amistades tejidas durante horas infinitas, algo que entendemos entender, porque lo hemos vivido. Esta capacidad de presentar cuestiones en las que podamos reconocernos, y de hacerlo además mientras representa una realidad típicamente valenciana, es una de las grandes bazas de la película.

La banda narra la historia de Edu, un joven músico que vuelve de Londres a su pueblo natal para la boda de su hermano. El viaje le servirá para reencontrarse con su familia, sus amigos de la banda de música y con un amor que pudo ser y no fue. Y también para, en un momento de dudas en el plano personal, ir encontrando su camino en la vida o, como mínimo, ir descartando otros posibles.

El debut de Bueso tiene un carácter muy valenciano, principalmente por la importancia de las bandas de música en la región. Los miembros de la banda de la película son músicos valencianos en la vida real. Lo que no son (o eran) es actores. Lo que podría haber sido un defecto acaba jugando en favor de la película, contribuyendo a ese aire de autenticidad, frescura y honestidad que la recorre en todo momento. Solamente Charlotte Vega, y Enric Benavent e Inma Sancho, que tienen papeles secundarios como padres del protagonista, son actores profesionales. Gonzalo Fernández hace un trabajo más que meritorio en el difícil papel protagonista, y Xavi Giner y Hugo Rubert forman una pareja con mucha química que nos regala los momentos más divertidos del film y también alguno de los más bonitos y entrañables.

Esa sensación de conocer de lo que se habla es uno de los puntos fuertes de la película. Bueso conoce y retrata con cariño y sensibilidad lo local, pero a la vez plantea con el mismo tacto lo universal: la dificultad de crecer y las constantes dudas que acompañan el proceso, la dificultad de comunicarse aunque se tenga la intención de hacerlo. La banda es una película que crece gracias a la cercanía. La del director con lo que está contando y la realidad que está mostrando pero también la nuestra. ¿Quién no se ha sentido así alguna vez?

Quizás el punto más flojo, más allá de algún subrayado innecesario en forma de lluvia y música en escenas dramáticas, sea el final. No por lo que ocurre si no por cómo se llega a él, que puede parecer brusco, como si nos faltara alguna escena para terminar de entenderlo bien y sentirlo como natural. Hay una bonita conversación que resulta clave para llegar, pero rompe un poco la narración sutil y basada en imágenes que habíamos hasta entonces. En cualquier caso es un detalle que no quita el buen sabor de boca que deja la película.

La banda es uno de los mejores debuts del año en el cine español, y Roberto Bueso se convierte inmediatamente en un nombre a seguir. Un retrato generacional que nace de los propios recuerdos del director y muestra una buena capacidad para narrar con imágenes, sin necesidad de poner palabras en boca de los personajes para explicarse. Una película con la autenticidad de quien ha vivido lo que está contando y rodada con mucho oficio cinematográfico, pese a la juventud de Bueso. En definitiva, La banda es eso tan difícil de conseguir: una buena película, que emociona, divierte y nos lleva a un mundo que es real y a la vez solo existe en la ficción.

 

Carlos Pintado Mas (@CarlosPM76)

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