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José Sacristán: 5 grandes papeles en el cine para una leyenda
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José Sacristán: 5 grandes papeles en el cine para una leyenda

Recorrido por algunas de las películas que han marcado la carrera de uno de los actores más respetados de España pero sin Goya de Honor

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José Sacristán, uno de los actores españoles más queridos de su generación, cumple 83 años y cualquier excusa es buena para hacer un pequeño repaso a la trayectoria de este intérprete de cine, teatro (y algo de televisión) que tanto ha trabajado desde que debutara a mediados de los años 60 de la mano de Pedro Masó, el productor que lo descubrió y le dio un papel pequeño en el filme La familia y uno más (1965).

La de la película de Marsó era un participación casi insignificante, pero le sirvió para demostrar una estupenda vis cómica que pudo desarrollar a lo largo de los siguientes años. Sacristán no paró de hacer papeles secundarios de ese corte en, por ejemplo, El arte de casarse (1966), La ciudad no es para mi (1966), Sor Citroën (1967), ¡Cómo está el servicio! (1968), Cateto a babor (1970) o La tonta del bote (1970), entre otros títulos.

En 1971 su carrera evolucionó un poco: surgieron proyectos que le permitieron cambiar un poco de registro y tono interpretativo. Había podido hacer zarzuela y teatro también en TVE pero en cine casi todo fue comedia, y el primer ejemplo es Españolas en París (1971), uno de los filmes más destacables de lo que se denominó como la Tercera Vía en la que cineastas como Roberto Bodegas, director del filme, o José Luis Garci pudieron desarrollar películas que no fueran ni demasiado de cine de autor (como las que producía Elías Querejeta) ni tampoco el cine popular que realizaba Ozores o Pedro Lazaga.

Después de esta introducción sobre los primeros años cinematográficos de su carrera, en la que no nos vamos a centrar demasiado, ponemos la atención en cinco títulos, de distintas etapas de su carrera, que demuestran la variedad de películas que ha interpretado, incluso dirigido, José Sacristán desde primeros de la década de los 70 hasta estos últimos años.

 

¡VENTE A ALEMANIA, PEPE! (Pedro Lazaga, 1971)

Una película fundacional que ha dado paso a otros filmes, cómicos o no, sobre lo que supone emigrar a otro país para buscarse la vida y encontrarse con que no todo es tan bonito como lo plantean o lo venden (desde Un franco, 14 pesetas hasta Las distancias, por ejemplo). Aquí José Sacristán interpreta al joven emigrante que vuelve al pueblo presumiendo de una vida en Alemania casi llena de lujo, y eso convence al personaje interpretado por Alfredo Landa a probar suerte en Alemania donde solo encuentra trabajos mal pagados y nostalgia por no estar en España. Con esta idea se realizó hace unos años Perdiendo el norte (2015), en la que Sacristán colaboró con el papel que en este filme interpreta Antonio Ferrandis (el del hombre mayor que no quiere volver a España porque nadie le espera). La idea era la misma; el resultado, algo peor.

Hay que reivindicar el lado cómico del José Sacristán de sus primeros años de carrera. Esta y otras película landistas de la época, aunque quizá no tuvieran tanta calidad como otras de su carrera, permitieron al actor dedicarse al oficio que tanto amaba desde pequeño. Sacristán nunca ha renegado de esta época porque, como él ha afirmado en alguna ocasión, no puede dar la espalda a cineastas como Lazaga o Mariano Ozores, que confiaron en un joven actor casi principiante.

En 1971 José Sacristán ya era un actor reconocido y le faltaban muy poco para poder realizar papeles con más peso, pero no podemos olvidar la maravillosa pareja, casi extraña pareja, que forma con Alfredo Landa en este ¡Vente a Alemania, Pepe! que, por cierto, no ha envejecido nada mal. No se puede decir lo mismo de otros títulos.

 

ASIGNATURA PENDIENTE (José Luis Garci, 1977)

José Luis Garci y José Sacristán ya habían coincidido en el rodaje de Vida conyugal sana (1974), otra de las películas destacables de esa Tercera Vía antes mencionada. El actor confesó en una entrevista que fue en esa película donde se le dio la primera oportunidad de poder colaborar en el guion escrito, entre otros, por Garci. A partir de ese buen encuentro, el guionista creó al protagonista de su primer largometraje como director, Asignatura pendiente, para él. Un año más tarde surgió Solos en la madrugada, la segunda y última película juntos de Sacristán y Garci, que también tenía ese aire de película generacional que desprende esta.

“Nos han robado tantas cosas”, dice el personaje del actor en un momento de la película. Es una buena frase para resumir el espíritu del largometraje: mostrar la necesidad de hacer cosas que no han podido desarrollar antes por, quizá, vivir en una situación concreta y en un país sumido en una dictadura franquista. Todo eso va unido a la sensación de nostalgia que muestran -cada uno a su modo- los dos personajes, con la casi pasividad del personaje de Fiorella Faltoyano junto a la casi locura y verborrea del interpretado por Sacristán.

Sin duda esta película es fundamental en la filmografía de José Sacristán. 1977 y 1978 fueron dos buenos años para él: consiguió papeles que le permitieron seguir evolucionando como actor y que le desmarcaron del estilo de filmes en los que había trabajado anteriormente. Filmes como El diputado, Un hombre llamado Flor de Otoño o Solos en la madrugada son un buen ejemplo de ese cambio. Eso no quiere decir que dejara de realizar películas comerciales: un buen ejemplo de ello es que en 1977 también trabajó con Mariano Ozores en Ellas los prefieren…locas. La variedad de géneros siempre ha estado presente en su carrera.

Puedes ver Asignatura pendiente online aquí.

CARA DE ACELGA (José Sacristán, 1986)

En 1983 José Sacristán dirigió su primera película. A partir de una historia de Eduardo Mendoza elaboró el guion de Soldados de plomo, donde también fue el protagonista. Las buenas críticas que recibió y el buen momento profesional que vivía a mediados de los 80 (con papeles protagonistas en filmes destacables como Epílogo, La vaquilla o El viaje a ninguna parte) facilitaron a que no tuviera ningún tipo de problema en desarrollar su segunda película a los mandos: Cara de acelga, que escribió a partir de una historia de Carlos Pérez Merinero.

Estamos ante una de las películas menos conocidas de su trayectoria pero que, sin embargo, para el que escribe estas palabras es uno de sus mejores títulos como actor y su mejor película como director (años más tarde, en 1992, dirigió también Yo me bajo en la próxima ¿y usted?).El protagonista de la historia es Antonio (José Sacristán), un hombre solitario que no tiene un destino muy claro pero que en cada sitio donde se detiene ayuda de alguna u otra forma a las personas que va conociendo y les deja una huella más superficial o más profunda.

Estamos ante una película de personajes muy personal, emotiva y también divertida. Lo que comienza como una road-movie se convierte en una historia donde se fusiona la nostalgia, la memoria sentimental, la ayuda desinteresada a los demás junto a la picaresca de unos personajes que no dejan de ser unos fracasados, como lo es el propio protagonista. Sacristán definió así la película: “Una serie de gente que se desconocen tanto como se necesitan. que andan por ahí desperdigados, reclamándose los unos a los otros y a veces rechazándose”.

En Cara de acelga, Sacristán tuvo la suerte de poder rodar en su lugar de nacimiento, Chinchón (Madrid), y en el que fue el cine de su infancia. Esa trama de la película, sobre un cine que está casi abandonado y viviendo sus últimos momentos, puede recordar a filmes tan importantes como La última película (Peter Bogdanovich, 1971). También pudo incluir otra de sus grandes pasiones: la copla, y demostrar que también se le daba muy bien cantar, algo que también demostró en su último filme como director junto a su amiga Concha Velasco.

En su momento el director se lamentó de que la película, que no tuvo demasiado éxito, igual caía en cierto ternurismo y que había demasiadas cosas personales. Éxito o no aparte (recaudó 200.000 euros), lo que sí es cierto es que Cara de acelga no tiene mucho que ver con las películas españolas que se realizaban por aquellos años y solo por eso merece la pena descubrir este filme, que está disponible en Flixolé.

 

UN LUGAR EN EL MUNDO (Adolfo Aristarain, 1992)

Este filme, que se trata de una coproducción entre Argentina y España, también forma parte de lo mejor de la trayectoria del actor de Chinchón. José Sacristán a principios de los años 90 ya era toda una estrella también en Argentina y este fue su primer trabajo en el cine argentino, aunque estemos ante una coproducción. De nuevo, al igual que en Cara de acelga, nos encontramos con un hombre que llega a un lugar que le resulta ajeno y cambia la vida de los seres que allí habitan, unos seres que han decidido apartarse del sistema de poder, un recurso muy común dentro del cine del cineasta.

Un lugar en el mundo es una obra maestra del cine, una película sensible, de grandes diálogos, de grandes monólogos pero que tampoco llega a ser discursiva y que refleja a una serie de personajes que siguen luchando por sus ideales pese a ser conscientes de que la lucha contra el poder sea una utopía. Ese tema Aristarain lo lleva a un ambiente rural, que puede recordar perfectamente a westerns de John Ford como ¡Qué verde era mi valle! (referencia que confirmó el propio Sacristán en una entrevista) en cuanto a los escenarios escogidos y a la música.

José Sacristán pudo aportar ideas al guion sobre todo en lo referido a su personaje, del que declaró lo siguiente: “Me gustan estos personajes que son perdedores de antemano, que tienen la lucidez de los perdedores. Pero me gusta que en un momento determinado estos personajes vuelvan como a reconciliarse con la parte buena de ellos. Que vuelvan a considerar que hay gente alrededor a la que merece la pena mirar y caminar con ellos”.

El filme muestra cómo una cooperativa agrícola se enfrenta al terrateniente, la lucha del débil contra el fuerte, pero es muy curioso conocer cómo en el rodaje, para llevar a cabo la película, tuvieron que crear también una cooperativa para poder conseguir financiación. Un lugar en el mundo estuvo en el Festival de San Sebastián y tuvo un gran éxito en España. Para José Sacristán es uno de sus grandes papeles y se siente orgulloso de haber podido participar en esta película tan emotiva.

 

Tienes Un lugar en el mundo online en Filmin.

 

EL MUERTO Y SER FELIZ (Javier Rebollo, 2011)

La última película de esta lista es El muerto y ser feliz (2011), dirigida por Javier Rebollo. Desde que en 1994 hiciera bajo las órdenes de Fernando Fernán Gómez la también interesante Siete mil días juntos, Sacristán protagonizó alguna serie de televisión y sobre todo estuvo durante muchos años inmerso en proyectos teatrales y musicales, pero es cierto que en el cine o bien no pudo aceptar muchas ofertas o simplemente no se las ofrecieron.

Salvo alguna cosa (como Roma de Adolfo Aristarain, en 2004) lo cierto es que su vuelta al mundo del cine como protagonista llega en 2011 de la mano de dos directores más jóvenes: David Trueba, con el que hizo Madrid, 1987 y Javier Rebollo. Con El muerto y ser feliz José Sacristán inicia una nueva etapa dentro del cine apostando por una nueva generación de directores, jóvenes talentos, que aportaron una visión totalmente moderna al cine español que se hacía por aquellos años: otro buen ejemplo es Magical Girl, de Carlos Vermut. Cómo olvidar el gran papel que hizo Sacristán en ese filme.

Con El muerto y ser feliz Sacristán vuelve a rodar en su querida Argentina. Su personaje es, como lo definió él cuando recogió el Goya, un asesino a sueldo, un “tonadillero asesino”, que está enfermo y depende de la morfina para recorrer todo el camino en esta especie de road-movie tan distinta a todo lo que había hecho en el cine anteriormente. El director Javier Rebollo aseguró que esta película es totalmente clásica pero con cierto toque moderno dándole una vuelta al género del thriller o el melodrama.

Sin duda estamos ante una película extraña donde, además, se evidencia cómo Sacristán se entregó por completo a este personaje tan misterioso. Es importante dentro de su extensa trayectoria en el cine además porque, gracias a este papel tan complejo, recibió el único Goya que tiene en su haber (jamás había estado nominado), en ese momento tan especial de la gala donde además aprovechó para valorar la valentía de cineastas como Javier Rebollo: “Gente con talento y con coraje, que saben de cine, que lo aman, que lo pelean, porque hay que pelear muchisimo para hacer películas tan libres, tan valientes y tan amenazadas”.

Si quieres ver El muerto y ser feliz, puedes hacerlo aquí.

Para terminar este artículo especial, hay que añadir un dato injusto: que José Sacristán, después de 55 años de carrera en el cine, no tenga un Goya de Honor es algo que no se explica ni se puede justificar de ninguna manera. No se le conoce además ningún nuevo proyecto en cine: su último papel destacado fue el protagonista de Formentera Lady, esa película tan tierna que dirigió Paú Durá en 2018. Esperamos volver a verle en las pantallas próximamente, por lo pronto podremos verle en un papel pequeño en El inconveniente (Bernabé Rico, 2020), que pasó por el Festival de Málaga.

 

Javi Valera (@jvaleraros)

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