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Hierro, temporada 2: Las juezas intachables también lloran
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Hierro, temporada 2: Las juezas intachables también lloran

Un cierre redondo para la serie de los Coira que en su segunda entrega muestra a la protagonista más vulnerable pero igual de eficaz

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En Hierro, temporada 2, volvemos a la isla para seguir a la jueza Candela Montes en dos nuevos casos, uno de amenazas relacionado con narcotráfico y otro una vista de custodia compartida que se va complicando. El problemático Díaz y su platanera vuelven a aparecer en medio de todo, pero lo que de verdad complicará las cosas para la protagonista será que, en una comunidad tan pequeña, al final es inevitable acabar implicada con las vidas de sus vecinas y conocidas.



La serie de los hermanos Coira se termina con dos temporadas que se pueden apuntar el tanto de haber explicado perfectamente cómo es el trabajo de una jueza de instrucción sin hacerlo aburrido, presentar una protagonista icónica a mayor lucimiento de la actriz y desarrollar un thriller muy localizado geográficamente de manera natural justificando la ubicación pero sin caer en tópicos. Todo, además, con unas actuaciones sobresalientes que sostienen la serie sin problemas.

Como reclamo para visitar la isla de El Hierro, por cierto, es bastante efectiva sin alardes más propios de anuncios disfrazados de series. La lucha canaria y elementos similares entran sin demasiado calzador, la mayoría de acentos son creíbles porque los actores son naturales y se tiene la decencia de no exotizarlos. El Hierro ni es el cielo ni el infierno -ejem, El desorden que dejas o Mar de plástico, ejem-, sino un lugar con sus ventajas e inconvenientes a cuyas reglas los personajes se adaptan para sobrevivir.

 

Crítica de Hierro, temporada 2, con spoilersHierro

El personaje de Díaz (Darío Grandinetti) es lo más interesante de esta segunda temporada, aunque todo siga girando alrededor de la jueza Candela Montes y cómo se desenvuelve para hacer bien su trabajo en un entorno tan cerrado. Las decisiones más importantes de la trama las tomará todas el exconvicto y su conflicto personal y familiar acaban resultando más empatizables que los de otros personajes, haciéndonos aplaudir cuando acude al rescate o toma la decisión, digamos, correcta.

Está muy conseguida la ambigüedad en el caso de custodia que afecta directamente al círculo de Candela. Aunque a veces parece que el guión se decante por un progenitor -Lucía- queda claro que hay tantas razones para considerarla perjudicial para sus hijas como el padre. Mención especial a ambos intérpretes, la canaria Aroha Hafez y el muy internacional hispanosueco Matías Varela, que lo dan todo. El segundo, además, ejecutando una de sus especialidades vista en la sueca Blinded: el gilipollas integral.



Se echa de menos que dudemos en algún momento de cuál será la reacción de la jueza Montes. El personaje ha salido tan bien, tan de una pieza, nos reconcilia tanto con una judicatura a la que no siempre se hace quedar bien en la ficción, que no hay en ella el menor rastro de ambigüedad. Los dilemas que se le plantean nos enfrentan a su reacción emocional pero nunca se cuestiona si debe ceder a un chantaje, aceptar a un soborno o favorecer a una conocida. Eso sí, los dos capítulos finales nos la muestran vulnerable como nunca y sabiendo sacar recursos de donde no los hay, con una Candela Peña que en la escena del coche está, sencillamente, de premio. Más de los que ya tiene. Que se ahogue en estatuillas y en dinero esta mujer.

 

Eso lo habla usted con su abogadoHierro

Por dónde va a ir la solución del asesinato que media la temporada y resulta clave en el capítulo final se intuye desde que Dario Grandinetti se asoma a mirar debajo de la cama, pero al menos está tratado sin alardes melodramáticos. Consiguen que encaje bien con la trama principal, aunque un poco nos hayan hecho el trilero guardándose la pelotita, en el sentido de las decisiones que deben tomar la jueza y Díaz y el reflejo de cómo el ambiente de la isla modifica todo, así su conveniencia se perdona.

Por poner pegas, quizás a los villanos finales de esta temporada les falta el carisma de la Samir de Antonia San Juan en la primera y la resolución, como ocurriese en aquella, es demasiado redonda y limpia para los intereses de Candela, aunque se le dé el giro agridulce de los dos personajes que entran en la cárcel. La jueza se despide de la isla, en una decisión coherente con los problemas vitales del personaje.

Parece que no habrá más temporadas de Hierrolos Coira están ya metidos en otros berenjenales– y por una parte está bien que así sea, pues se completa de manera armoniosa. Sería interesante ver qué ocurre con el equipo de policías judiciales de Montes, esa tropa de esforzados funcionarios con los que se nos hace empatizar apenas a brochetazos, pero es cierto que sin ella esto se quedaría cojo. Sin personalidad. Un buen final para la serie de Candela Peña, a mayor honor y gloria de la actriz, que ha sido uno de los mejores thrillers judiciales de los últimos años.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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